Las estrellas de los
deseos
Cuando la estrella se mueve, corre y se
pierde en el infinito, se pide un deseo, el
más profundo de los anhelos. Algunos se
cumplen pronto; otros jamás se hacen
realidad.
Por Oscar
Tenorio
Esa
madrugada de domingo, centenares de fragmentos
luminosos se desprendieron y por cada
rápido movimiento, los deseos
también inundaron los dominios
terrenales, como mariposas invisibles que
salían de cualquier lado y se
perdían entre los muros y los
matorrales.
Al ver pasar la primera estrella, la mujer,
aún con su camisón de revuelos y
arropada con un sueter rojo, cerró los
ojos, presionó lo más fuerte que
pudo sus manos y pidió su más
ferviente deseo: que su marido deje "el
guaro".
"Si no hay noche de Dios que ese hombre no
venga bolo, tambaleándose. Sólo
viene y cae 'fondiado' en cualquier lado, en los
sillones, debajo de la mesa, en el suelo... Hace
mucho dejó de ser el que un día
conocí, cariñoso, entregado a su
familia, responsable". El pequeño
diamante apenas dio un movimiento de dos
segundos, y ella reiteró su
petición. "Que deje el guaro, que lo
deje".
Apenas unas casas arriba, estaba una
jovencita, de unos 22 años, subida sobre
el techo de su casa, para estar más cerca
del cielo. Por todas las estrellas que miaraba
pasar, pedía el mismo deseo: que su gran
amor, ese que le quita el sueño y la
enloquece, nunca la deje de querer en la
lejanía, pues, él emigró a
los Estados Unidos hace un par de años,
en busca de un mejor porvenir.
Y, claro, como sucede siempre, él le
prometió el cielo, la tierra y un
triunfal regreso, pero desde hace más de
seis meses que él ni le escribe ni le
habla. Y ese silencio hiere, carcome.
En el parque, un solitario hombre
pedía un deseo, aunque no cree en esas
"tonteras". Pero, igual, tal vez se le cumple,
como que si aquello fuera un boleto de
lotería. Con desgano levantó la
cabeza y masculló: "Que me salga un
trabajo porque ya llevo casi un año
desempleado". Y a la par, su hijo era más
prolijo: por cada estrella que se escapaba,
pedía un juguete.
Y así terminó la velada, entre
esos fervientes deseos que nacen de las
necesidades más íntimas e
inmediatas. Pronto amaneció y nadie se
recordó de los que padecen hambre, de los
que no tienen en donde dormir, de las
injusticias, del egoísmo, de los
corruptos...