Martes 20 de noviembre 2001


Las estrellas de los deseos

Cuando la estrella se mueve, corre y se pierde en el infinito, se pide un deseo, el más profundo de los anhelos. Algunos se cumplen pronto; otros jamás se hacen realidad.

Por Oscar Tenorio

Esa madrugada de domingo, centenares de fragmentos luminosos se desprendieron y por cada rápido movimiento, los deseos también inundaron los dominios terrenales, como mariposas invisibles que salían de cualquier lado y se perdían entre los muros y los matorrales.

Al ver pasar la primera estrella, la mujer, aún con su camisón de revuelos y arropada con un sueter rojo, cerró los ojos, presionó lo más fuerte que pudo sus manos y pidió su más ferviente deseo: que su marido deje "el guaro".

"Si no hay noche de Dios que ese hombre no venga bolo, tambaleándose. Sólo viene y cae 'fondiado' en cualquier lado, en los sillones, debajo de la mesa, en el suelo... Hace mucho dejó de ser el que un día conocí, cariñoso, entregado a su familia, responsable". El pequeño diamante apenas dio un movimiento de dos segundos, y ella reiteró su petición. "Que deje el guaro, que lo deje".

Apenas unas casas arriba, estaba una jovencita, de unos 22 años, subida sobre el techo de su casa, para estar más cerca del cielo. Por todas las estrellas que miaraba pasar, pedía el mismo deseo: que su gran amor, ese que le quita el sueño y la enloquece, nunca la deje de querer en la lejanía, pues, él emigró a los Estados Unidos hace un par de años, en busca de un mejor porvenir.

Y, claro, como sucede siempre, él le prometió el cielo, la tierra y un triunfal regreso, pero desde hace más de seis meses que él ni le escribe ni le habla. Y ese silencio hiere, carcome.

En el parque, un solitario hombre pedía un deseo, aunque no cree en esas "tonteras". Pero, igual, tal vez se le cumple, como que si aquello fuera un boleto de lotería. Con desgano levantó la cabeza y masculló: "Que me salga un trabajo porque ya llevo casi un año desempleado". Y a la par, su hijo era más prolijo: por cada estrella que se escapaba, pedía un juguete.

Y así terminó la velada, entre esos fervientes deseos que nacen de las necesidades más íntimas e inmediatas. Pronto amaneció y nadie se recordó de los que padecen hambre, de los que no tienen en donde dormir, de las injusticias, del egoísmo, de los corruptos...


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