Martes 20 de noviembre 2001


Breve análisis
1992-Acuerdos de Paz-2002
Edgar Hernán Varela*
edgar-hernan-varela@hotmail.com

El 16 de enero de 2002 se cumplirán 10 años de la firma de los Acuerdos de Paz, sin que se hayan realizado en su totalidad, constituyéndose en un desafío a superar por el gobierno y la sociedad, que aspiran a consolidar las estructuras democráticas.

Es innegable que el cumplimiento de una significativa cantidad de compromisos propició que organizaciones nacionales e internacionales asumieran, injustificadamente, que los propósitos de los Acuerdos de Paz se habían logrado, y por lo tanto, no existían razones para continuar insistiendo en la satisfacción del resto de obligaciones pendientes. En ese contexto, se disminuyeron los ritmos de trabajo de los mecanismos de exigibilidad y rediseñaron las estrategias de cooperación hacia la consolidación de la paz, la democracia y el desarrollo humano.

Al recordar la Proclama de la Fuerza Armada de 1979, el golpe de Estado se justificó por la violación de los derechos humanos, la corrupción en la administración pública y de la justicia y de un desastre económico y social. Durante el conflicto armado, las causas estructurales que dieron origen al conflicto se agudizaron, pretendiendo los Acuerdos de Paz de 1992 sentar las bases para remontarlos. Sin embargo, el Foro de Concertación Económica y Social se suspendió, el proyecto general de reformas al sistema electoral no se perfeccionó y la modernización del sistema judicial no se profundizó.

Como es de nuestro conocimiento, los Acuerdos de Paz incluyen el documento suscrito en enero de 1992, así como el Informe de la Comisión de la Verdad (1993) y el Informe del Grupo Conjunto (1994). Todos ellos contienen recomendaciones específicas para superar los desafíos derivados de la inseguridad humana, de la falta de credibilidad ciudadana en sus instituciones y de la construcción de una democracia participativa. Merecen particular atención los señalamientos al sistema judicial.

Todavía no se ha realizado un inventario nacional de los compromisos cumplidos y de los pendientes de ejecución, por lo que los Acuerdos de Paz aún no son una historia de éxito total que contar. En julio 1997, el Secretario General de las Naciones Unidas hizo una evaluación final del proceso de paz (A/51/917), dando por terminadas las funciones de su unidad de apoyo específica, dejando la sensación de que, en lo sucesivo, la organización no se mantendría políticamente vigilante con el resto de acuerdos pendientes de ejecución, sino por un período de seis meses adicionales.

En ese contexto, habiendo las Naciones Unidas finiquitado su trabajo con los Acuerdos de Paz y elaborado nuevas estrategias para la asistencia, movilización de recursos, ejecución y supervisión de proyectos, es responsabilidad exclusiva de la sociedad salvadoreña pasar revista a los logros alcanzados y a los desafíos pendientes de superar, para que sean las instituciones locales y los ciudadanos salvadoreños los que hagamos un balance objetivo de todo lo acontecido en los últimos diez años de vida de los Acuerdos de Paz. El 16 de enero de 2002 se convierte en una excelente ocasión para analizar la historia reciente de El Salvador y comprometernos, como sociedad, a continuar haciendo esfuerzos vernáculos para que dichos acuerdos se cumplan totalmente.

Soy de la opinión que el mundo académico universitario, liderado por la UTEC, UCA y UES, convoque a un magno congreso nacional con la participación de todos los sectores nacionales, para celebrar los 10 años de la firma de los Acuerdos de Paz, combinando las ponencias magistrales con la integración de mesas de trabajo, para analizar temas específicos de los tres documentos antes mencionados. Se elaboraría el inventario de los logros alcanzados, de las recomendaciones pendientes de cumplimiento y se señalarían nuevos caminos a recorrer para el cumplimiento integral de ese importante documento que sentó las bases de una nueva República.

Finalmente, estimo apropiado que en ese magno congreso se contemple la participación sumamente activa de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, la institución predilecta de los Acuerdos de Paz, a la cual, independientemente de sus condiciones actuales, debemos darle la oportunidad de abrir nuevos espacios para propiciar una mejor convivencia y armonía social. Sin duda alguna, son las instituciones nacionales las obligadas políticamente a facilitar estos encuentros, así como también los diversos procesos de construcción de concertación social que se impulsen al amparo de los Acuerdos de Paz.

* Dr. en Derecho.


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