Sentido
común
Buen viraje
RICARDO
RIVAS*
En
una ocasión, el alcalde Silva
mostró en un programa de opinión
televisiva unas fotos del antes y después
de que a Lima, capital del Perú, se le
hicieran las tareas de limpieza y rescate de su
centro histórico. El Alcalde,
entusiasmado con mapas, maquetas y demás,
prometió que eso haría con San
Salvador, es decir: rescatar el centro
histórico del desorden y la inmundicia.
El entrevistador le preguntó que
cuándo sería eso, a lo que don
Héctor respondió: "Nos
tomará un par de años". La
entrevista en cuestión tuvo lugar en
1998. Lastimosamente, y fuera de algunas plazas
reacondicionadas, el centro de la capital sigue
siendo un desordenado chiquero. La deuda del
edil capitalino, entonces, se mantiene
pendiente.
Afortunadamente, los que no han andado con
tanto cuento ni tanta vuelta han sido las
autoridades de Transporte. Ahí, en esa
cartera de Estado, donde antes parecía
que los señores transportistas eran los
patrones de los señores funcionarios, las
cosas tienden a virar en favor de la
población. Un centro limpio, ordenado y
digno, pasa -a wilber- por meter en cintura a
los amigos buseros, microbuseros, picacheros y
demás entidades conexas y anexas.
Algo de eso ha comenzado a suceder. Que el
asunto ha causado escozor, ha causado escozor.
Que no les ha gustado a algunos, no les ha
gustado. Que si pudieran armar un paro, lo
armarían, de plano que lo
armarían. Pero ni modo, los tiempos
están cambiando y la fiesta, para algunos
distinguidos transportistas, está por
terminar. Ya es hora de devolver a los
ciudadanos un poco de la dignidad perdida en
estos casi 20 años en los que la
única y real política de
transporte ha sido la de laissez-faire (en
español: ¡viva la pepa!). El
desmadre ha sido regio y a todo nivel. De
él se han beneficiado dirigentes
gremiales, algunos funcionarios de alto, medio y
bajo nivel, y, por supuesto, uno que otro
diputado ya de sobra y de todos conocidos.
Quizá por eso al hablar de estas
cositas los ciudadanos asociemos al sistema de
transporte en El Salvador con corrupción,
chantaje y una extraña política de
tolerancia gubernamental en el pasado. Vox
populi, vox dei.
La situación del transporte
público en el centro de la ciudad y fuera
de él, es insostenible. El sistema actual
hace agua por todos lados: ineficiencia,
inseguridad, incumplimiento de las leyes y
normas de tránsito, maltrato al pasajero,
piratería, pésimo servicio,
unidades viejas, obsoletas y sin mantenimiento,
contaminación ambiental, entre otros, son
el pan nuestro de cada día.
El costo de todo este asunto es
altísimo. A los que manejamos: casi 400
millones de colones al año en concepto de
subsidio; a los que no manejan y usan los buses:
desde incomodidades, maltrato y abusos, hasta
magullones, raspaduras y la misma vida. En la
vía pública se codea el caos con
la anarquía. Los números le
congelan la osamenta a cualquiera: sólo
en el año 2000 hubo 5,141 accidentes
provocados por buses y microbuses que dejaron
148 personas muertas y 1,707 lesionadas. El 2001
tampoco está siendo la excepción:
hasta octubre el número de accidentes
provocados por estos señores es de 3,364,
ciento veinte los fallecidos y 1,168 los
golpeados.
Por eso aplaudimos la puesta en marcha de un
plan integral anunciado por el Viceministerio de
Transporte, para crear un nuevo sistema de
transporte colectivo. La más clara
muestra de lo que se puede hacer cuando se
actúa con eficiencia y honestidad, la
hemos visto ya en los primeros hervores del
ordenamiento de transporte de pasajeros en el
centro capitalino. Salvo uno que otro
inconveniente ocasionado más por falta de
información que por otra cosa, ahora
transitar por esa zona es mucho más
seguro, ordenado y saludable.
Ojalá las autoridades de Transporte no
desmayen en la aplicación de este plan
por medio del cual se pretende ordenar el
transporte colectivo del Distrito Comercial
Central, proveer de escuelas y licencias
especiales a los motoristas en cuyas manos va la
integridad y la vida de 800,000 personas
diariamente, y fomentar un sano y limpio esquema
de competitividad entre los agremiados del
sector. Este sí es un buen negocio para
todos, para los transportistas conscientes, para
los ciudadanos, para los comerciantes
para
el país. Ojalá que no se dejen
intimidar por quienes ven en este reordenamiento
únicamente una amenaza a su capacidad de
manipular, chantajear y explotar a sus colegas,
al usuario y al mismo Estado, en beneficio
propio. Que no se amilanen. Que cumplan lo
prometido. Que sigan adelante.
El viceministro Yúdice, a quien
algunos estimados buseros trataron de asustarle
con el petate del muerto desde el primer
día de su gestión, está
demostrando que para ser un buen servidor
público la mejor receta sigue siendo la
de hablar poco y trabajar mucho.