La
Nota del
Día
Noviembre 19,
2001
Oportunidad dorada de Enrique
Bolaños
Enrique Bolaños, presidente electo de
Nicaragua, tiene una oportunidad de oro para
corregir las lacras que vienen afectando el
país desde hace casi un siglo, comenzando
por el problema de la corrupción y las
consecuencias del desgobierno sandinista. En
Nicaragua, como en gran parte de
Iberoamérica, es sacrosanto el principio
de "lo robado, robado queda", y robado queda lo
que levantaron los sandinistas con su
piñata, y lo que se rumorea se
birló don Arnoldo Alemán.
Don Enrique puede comenzar nombrando una
comisión que investigue corruptelas
pasadas y sobre todo las recientes. El
presidente-electo puede tomar de ejemplo la
formada en El Salvador hace poco más de
diez años y cuyo reporte final
misteriosamente se extravió. En Nicaragua
sobrarán personas y ex funcionarios que
faciliten esa suerte de pesquisas, y que no
acaban de asquearse por lo ocurrido estos
últimos tiempos.
Para la mayoría de nicaragüenses,
que a duras penas logra sobreponerse a las
miserias causadas por los diez años de
"sandinismo", le repugna el recuerdo de la
imperial boda celebrada en Miami por un rotundo
ex mandatario, completa con invitados que
llegaron en avión fletado, gastos de
alojamiento y otras lindezas. La factura se
pasó no al padre de la gentil novia, sino
a la totalidad de nicaragüenses, ricos y
pobres, desarrapados y diligentes, mendigos y
profesionales, buenos y malos.
El gran problema de la corrupción,
además de lo espantosamente inmoral, es
que distorsiona el quehacer de un gobierno,
estorba la actividad económica
lícita, pudre la moral ciudadana y socava
los fundamentos en que se asienta una
nación. Baste un simple ejemplo para
ilustrar las repercusiones que tal cosa acarrea
a la vida pública: las carreteras que se
hacen para facilitar el acceso de un presidente
a sus haciendas. No sólo se invierten
más millones de lo necesario para "untar
la mano de muchos", sino que una obra
innecesaria absorbe recursos escasos que en
otros menesteres estarían mejor
utilizados.
¡Salga Nicaragua del
agujero!
Pero encima de ello, una obra así,
parida por la corrupción, queda ante los
ciudadanos como testimonio vivo y permanente de
malas actuaciones, llevándoles a creer
que el sistema es el malo. Y como "el sistema es
el malo", pues hay que votar por las bandas
radicales que ofrecen desmantelar "las injustas
estructuras", como sucedió en Cuba con
las corruptelas de Batista. Aquí, en
nuestro suelo salvadoreño, está la
"carretera de oro" del duartismo,
pestífero régimen este que se hizo
del poder enarbolando la bandera de la
honestidad.
Lo horroroso es que cuando la cabeza de un
desgobierno mete las pezuñas donde no
debe, en un tiempo corto hasta los funcionarios
de menor cuantía siguen el ejemplo. Un
amigo ingeniero nos dice que eso sucede, como
ejemplo, con los encargados de autorizar los
pagos de las obras que se efectúan para
ministerios y organismos estatales. "Las
empresas que se hacen querer", reciben sus pagos
en tiempo record, mientras que las otras no
sólo se quedan sin pago, sino que son
sujeto señalamientos y multas. Y nadie va
tras eso, ni se ordenan auditorías,
porque la cadena de "colas pateadas" es
enormemente larga.
¡Que Dios le ilumine, señor
ingeniero Bolaños! Una honesta y
eficiente gestión, como la que se espera
de usted, puede hacer mucho para que Nicaragua
se recupere de tantas barbaridades cometidas
durante tanto tiempo.