Martes 20 de noviembre 2001


La Nota del Día
 

Noviembre 19, 2001
Oportunidad dorada de Enrique Bolaños

Enrique Bolaños, presidente electo de Nicaragua, tiene una oportunidad de oro para corregir las lacras que vienen afectando el país desde hace casi un siglo, comenzando por el problema de la corrupción y las consecuencias del desgobierno sandinista. En Nicaragua, como en gran parte de Iberoamérica, es sacrosanto el principio de "lo robado, robado queda", y robado queda lo que levantaron los sandinistas con su piñata, y lo que se rumorea se birló don Arnoldo Alemán.

Don Enrique puede comenzar nombrando una comisión que investigue corruptelas pasadas y sobre todo las recientes. El presidente-electo puede tomar de ejemplo la formada en El Salvador hace poco más de diez años y cuyo reporte final misteriosamente se extravió. En Nicaragua sobrarán personas y ex funcionarios que faciliten esa suerte de pesquisas, y que no acaban de asquearse por lo ocurrido estos últimos tiempos.

Para la mayoría de nicaragüenses, que a duras penas logra sobreponerse a las miserias causadas por los diez años de "sandinismo", le repugna el recuerdo de la imperial boda celebrada en Miami por un rotundo ex mandatario, completa con invitados que llegaron en avión fletado, gastos de alojamiento y otras lindezas. La factura se pasó no al padre de la gentil novia, sino a la totalidad de nicaragüenses, ricos y pobres, desarrapados y diligentes, mendigos y profesionales, buenos y malos.

El gran problema de la corrupción, además de lo espantosamente inmoral, es que distorsiona el quehacer de un gobierno, estorba la actividad económica lícita, pudre la moral ciudadana y socava los fundamentos en que se asienta una nación. Baste un simple ejemplo para ilustrar las repercusiones que tal cosa acarrea a la vida pública: las carreteras que se hacen para facilitar el acceso de un presidente a sus haciendas. No sólo se invierten más millones de lo necesario para "untar la mano de muchos", sino que una obra innecesaria absorbe recursos escasos que en otros menesteres estarían mejor utilizados.

¡Salga Nicaragua del agujero!

Pero encima de ello, una obra así, parida por la corrupción, queda ante los ciudadanos como testimonio vivo y permanente de malas actuaciones, llevándoles a creer que el sistema es el malo. Y como "el sistema es el malo", pues hay que votar por las bandas radicales que ofrecen desmantelar "las injustas estructuras", como sucedió en Cuba con las corruptelas de Batista. Aquí, en nuestro suelo salvadoreño, está la "carretera de oro" del duartismo, pestífero régimen este que se hizo del poder enarbolando la bandera de la honestidad.

Lo horroroso es que cuando la cabeza de un desgobierno mete las pezuñas donde no debe, en un tiempo corto hasta los funcionarios de menor cuantía siguen el ejemplo. Un amigo ingeniero nos dice que eso sucede, como ejemplo, con los encargados de autorizar los pagos de las obras que se efectúan para ministerios y organismos estatales. "Las empresas que se hacen querer", reciben sus pagos en tiempo record, mientras que las otras no sólo se quedan sin pago, sino que son sujeto señalamientos y multas. Y nadie va tras eso, ni se ordenan auditorías, porque la cadena de "colas pateadas" es enormemente larga.

¡Que Dios le ilumine, señor ingeniero Bolaños! Una honesta y eficiente gestión, como la que se espera de usted, puede hacer mucho para que Nicaragua se recupere de tantas barbaridades cometidas durante tanto tiempo.


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