Sólo fue un
regalito...
Jorge Villacorta está tan
acostumbrado a que le digan "sapo" que al
momento de recibir el regalo de parte de
Dagoberto Marroquín ni siquiera
dejó de hablar por su teléfono
celular.
Roxana
Huezo
El Diario de Hoy
"Cualquier parecido es mera coincidencia".
Para nadie es un secreto el "apodo" con el que
han bautizado, desde hace años, al
diputado Jorge Villacorta: sapo.
No es nuevo. Ni siquiera para el mismo
Villacorta es una ofensa el que lo llamen
así.
Dagoberto Marroquín, del PCN, es uno
que no permite que el sobrenombre sea
olvidado.
En medio de un encandecido debate sobre la
reforma de la Ley del Registro de la Propiedad y
de la eterna lucha de los efemelenistas de
tratar de persuadir con "palabras" a los
diputados de las otras fracciones legislativas
de no votar a favor de ciertos decretos,
Marroquín le entregó un presente a
Villacorta.
En ese momento no importó más
que saber qué expresión
invadiría la cara del "Sapo"
Villacorta.
Marroquín se acercó a la curul
y le obsequió un frondoso y café
sapo disecado. Villacorta lo tomó con
toda naturalidad, sonrió y movió
su cabeza en señal de agradecimiento.
Después lo colocó, como trofeo,
sobre su mesa de trabajo. Es sólo un sapo
más para la colección que
Villacorta tiene en su oficina. No faltan los
llaveros y otras cosas.
No hubo quien resistiera la tentación
de tocarlo y hasta olerlo para tratar de
descubrir la técnica con la que el animal
fue congelado en el tiempo. Entre los curiosos
me incluyo.
-"No le tenga miedo, agárrelo", me
dijo, Juan Ramón Medrano.
Con cierta cautela, lo tomé. Tan solo
utilicé el dedo índice y el
pulgar, lo puse frente a mí, y en ese
momento no dije nada, pero pensé:
¡qué feo!
&endash;"Es de cuero, de los que hacen en
Nicaragua", explicó el diputado.
No resistí y le contesté:
"Sí, es interesante, pero...feo".