Lunes 19 de noviembre 2001



"Vendía paletas de sombrilla"

Todos los días, don Trinidad Penado Cuadra, de 81 años, camina desde su casa en San Jacinto hasta el Centro de Día de la colonia Costa Rica.

Karen Azucena
El Diario de Hoy

No tiene dinero para el bus. A veces, cuando menguan los malestares de la artritis, su señora, María Natividad Romero, lo acompaña.

"Me encanta venir al Centro de Día. Aquí paso descansado, divirtiéndome, bailando. La comida es buena, no me quejo", afirma Penado.

Los vivaces ojos negros de don Trinidad se humedecen al contar su pasado. Y el relato continúa.

"Yo me crié en la Casa Nacional del Niño, de San Miguel. Desde chiquito, me quedé solo. Mi papá era Feliciano Cuadra, de los Cuadra de Nicaragua. Mi mamá, María Elena Penado, tenía sangre turca. Quizá todavía tenga familia en Tierra Santa", dice, al tiempo que revienta en carcajadas.

Don Trinidad conoció a su señora en el orfanato. Sólo dos de sus trece hijos están vivos. Jorge y Toño ya no visitan a sus padres, "están apartados".

"Antes vendía paletas de sombrilla en los pueblos. Había de horchata, de coco, de frutas... Un día, el dueño de las paletas me dijo 'hasta aquí nomás. Ya no produce mucho la máquina', y entonces me quedé sin trabajo. Pero él, como es tan bueno conmigo, me dijo que llegara cada quince días por unos centavitos", relata don Trinidad. Esos centavitos son todo su capital mensual


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