"Vendía
paletas de sombrilla"
Todos los días, don Trinidad Penado
Cuadra, de 81 años, camina desde su casa
en San Jacinto hasta el Centro de Día de
la colonia Costa Rica.
- Karen
Azucena
- El Diario
de Hoy
No
tiene dinero para el bus. A veces, cuando
menguan los malestares de la artritis, su
señora, María Natividad Romero, lo
acompaña.
"Me encanta venir al Centro de Día.
Aquí paso descansado,
divirtiéndome, bailando. La comida es
buena, no me quejo", afirma Penado.
Los vivaces ojos negros de don Trinidad se
humedecen al contar su pasado. Y el relato
continúa.
"Yo me crié en la Casa Nacional del
Niño, de San Miguel. Desde chiquito, me
quedé solo. Mi papá era Feliciano
Cuadra, de los Cuadra de Nicaragua. Mi
mamá, María Elena Penado,
tenía sangre turca. Quizá
todavía tenga familia en Tierra Santa",
dice, al tiempo que revienta en carcajadas.
Don Trinidad conoció a su
señora en el orfanato. Sólo dos de
sus trece hijos están vivos. Jorge y
Toño ya no visitan a sus padres,
"están apartados".
"Antes vendía paletas de sombrilla en
los pueblos. Había de horchata, de coco,
de frutas... Un día, el dueño de
las paletas me dijo 'hasta aquí
nomás. Ya no produce mucho la
máquina', y entonces me quedé sin
trabajo. Pero él, como es tan bueno
conmigo, me dijo que llegara cada quince
días por unos centavitos", relata don
Trinidad. Esos centavitos son todo su capital
mensual