Lunes 19 de noviembre 2001


Cuscatlán
Artesanos de cohete, un oficio en peligro de extinción

El costo de los castillos de luces

Mauricio Beltrán Elías, de 56 años, pertenece a la séptima generación de artesanos de castillos de fuegos pirotécnicos. El podría ser la última

Julio Mejía
El Diario de Hoy

La construcción de castillos, toritos, granadas y cohetes de colores son la especialidad de Mauricio Beltrán Elías, originario de Cojutepeque. "Es un trabajo artesanal que me han dejado mis tatarabuelos, ya pasaron siete generaciones de mi familia por él y los talleres aún tienen vida", dijo Beltrán Elías, cuyo abuelo, Anastasio Beltrán, murió a los 70 años de edad en un incendio de una de sus coheterías.

La saga de tragedias continuó. Hace seis años, su madre, Ana María Beltrán, falleció los 64 años a causa de otro incendio. "Todos los incendios los hemos vivido en esta misma cohetería, uno nunca puede ver el inicio de la tragedia. Nos encontrábamos realizando trabajos para exportarlos a Guatemala cuando sucedió el incendio, yo saqué a mi madre de las llamas. Tres días después murió en el hospital de Cojutepeque. Son momentos difíciles de recordar y peor aún relatarlos", dice el artesano.

Hoy además del riesgo de otro siniestro, Beltrán Elías le tema a la competencia de productos pirotécnicos de otros países. "Hasta el año pasado vendimos los últimos castillos a Guatemala", comenta.

Pólvora china

La venta ha caído por la enorme competencia del producto extranjero de pólvora china. "Hay que aceptar que ellos traen un producto mejor que el que producimos nosotros, pero aún nuestra gente sigue consumiendo el producto hecho con manos de nuestros artesanos. Tampoco vamos a pelear con ese monstruo que son las fábricas", acepta Beltrán Elías.

La encrucijada es grande para el artesano nacional. Aquí se podría fabricar el producto chino, pero la materia prima es carísima y el mercado no lo paga debido a que lo encuentra caro.

Beltrán Elías no tiene reparos en describir su trabajo como sucio, mal oliente y peligroso, "pero a la gente todavía le emocionan los múltiples colores, hoy únicamente nos hemos quedado con nuestros clientes de los pueblos que celebran las fiestas patronales", contó.

Los empleados de la cohetería opinan que no hay instituciones que se preocupen por proteger esta actividad artesanal, la cual ha generado empleo a numerosas familias salvadoreñas. Según ellos, las mismas leyes y la nueva tecnología amenazan con hacerla desaparecer. "El Cuerpo de Bomberos, la Policía Nacional Civil y otras instituciones nos ven como enemigos, porque piensan que los artesanos locales no acatamos las recomendaciones", comentaron.

De 30 artesanos empleados que laboraban en su taller, hoy, Beltrán Elías sólo cuentan con tres. "Hay mucha gente de Cojutepeque que si sabe trabajar en esta labor, pero por falta de recursos no les podemos brindar empleo", lamentó, el artesano, el cual teme que su oficio desaparezca al morir. "Dudo que otras familias sigan esta tradición, debido a que se necesita de mucha responsabilidad".


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