Lunes 19 de noviembre 2001


La quiero, pero la odio

Guadalupe y Julieta sufren de lo que en psicología se conoce como ambivalencia afectiva. Una crisis de sentimientos opuestos

San Vicente
El Diario de Hoy

La muerte de Blanca fue el desenlace de un hogar donde faltó la interrelación entre padres e hijos. Ella era la madre de familia de un núcleo disfuncional.

El padre de Guadalupe y Julieta las abandonó cuando ellas apenas iniciaban sus vidas. La madre llevó la carga económica y afectiva hasta que cumplieron los cinco y seis años.

Luego, Blanca emigró hacia Estados Unidos, en busca del "sueño americano".

"El abandono es muy traumático cuando los niños lo sufren a corta edad. Aún no se ha concretizado el vínculo afectivo entre padres e hijos, no han tenido mayores vivencias juntos", explicó la Lic. Mirna Elizabeth Marcía, psicóloga del Juzgado de Ejecución de Medidas al Menor en San Vicente, y la única profesional que ha logrado profundizar en la mente de Guadalupe.

A la deriva

Blanca rompió de raíz el vínculo que comenzaba a reforzarse entre ella y sus hijas. La soledad y los peligros que giraron en torno a las hermanas degeneraron en ellas los sentimientos opuestos.

"Amo a mi madre, porque me dio la vida y emigró en busca de más comodidades para mí y mi hermana. Pero, la odio porque me dejó sola y me negó su compañía, su protección, su amor. Guadalupe expresó a la Lic. Marcía: "Hubiese preferido mil veces vivir en la pobreza, pero con ella a mi lado". Para colmo, el padre que las abandonó regresó tras el homicidio, solo para cerciorarse si podía llevarse algo de lo que dejó la madre de sus hijas.

Las niñas vivieron seis años sin supervisión ni control. Fueron absorbidas por un ambiente negativo. Aunque no llegaron a pertenecer a ninguna pandilla, sí participaron en una diversidad de escándalos.

No obstante, cursaron ocho años de estudios y sobresalieron como alumnas destacadas. La maestra de ambas las definió como "excelentes con sus compañeras y maestros".

La psicóloga enfatizó que ambas niñas necesitan mucha ayuda. Guadalupe es una joven con cualidades muy buenas, que deben ser desarrolladas. "Ella tiene solución, muy a largo plazo, pero la hay".

El amor y la responsabilidad

La presencia de los padres es importantísima para los hijos, pero lo es más el involucramiento entre menores y adultos. La interrelación es clave. La psicóloga Mirna Elizabeth Marcía sugiere poner en práctica estos principios:

Intégrese

Hay hogares donde los padres están presentes, pero los hijos están solos. Entre al mundo de los niños. Juegue, acarícielo, converse con ellos y escuche sus ideas. Déles calidad de tiempo desde que están en gestación.

Imponga límites

Cree una disciplina basada en el amor y el respeto mutuo. Sea constante y firme, pero no haga daño.

Con cariño

Elimine los castigos físicos. Recuerde que la violencia engendra violencia. Cree acuerdos, tratos y siempre explique las razones del castigo.

Cálmese

Antes de sancionar o replicar contra una mala conducta, cálmese. Lo mejor es hablar con firmeza, pero con cariño.


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