La
quiero, pero la odio
Guadalupe y Julieta
sufren de lo que en psicología se conoce
como ambivalencia afectiva. Una crisis de
sentimientos opuestos
- San
Vicente
- El Diario
de Hoy
La muerte de Blanca fue
el desenlace de un hogar donde faltó la
interrelación entre padres e hijos. Ella
era la madre de familia de un núcleo
disfuncional.
El padre de Guadalupe y
Julieta las abandonó cuando ellas apenas
iniciaban sus vidas. La madre llevó la
carga económica y afectiva hasta que
cumplieron los cinco y seis
años.
Luego, Blanca
emigró hacia Estados Unidos, en busca del
"sueño americano".
"El abandono es muy
traumático cuando los niños lo
sufren a corta edad. Aún no se ha
concretizado el vínculo afectivo entre
padres e hijos, no han tenido mayores vivencias
juntos", explicó la Lic. Mirna Elizabeth
Marcía, psicóloga del Juzgado de
Ejecución de Medidas al Menor en San
Vicente, y la única profesional que ha
logrado profundizar en la mente de
Guadalupe.
A la
deriva
Blanca rompió de
raíz el vínculo que comenzaba a
reforzarse entre ella y sus hijas. La soledad y
los peligros que giraron en torno a las hermanas
degeneraron en ellas los sentimientos
opuestos.
"Amo a mi madre, porque
me dio la vida y emigró en busca de
más comodidades para mí y mi
hermana. Pero, la odio porque me dejó
sola y me negó su compañía,
su protección, su amor. Guadalupe
expresó a la Lic. Marcía: "Hubiese
preferido mil veces vivir en la pobreza, pero
con ella a mi lado". Para colmo, el padre que
las abandonó regresó tras el
homicidio, solo para cerciorarse si podía
llevarse algo de lo que dejó la madre de
sus hijas.
Las niñas
vivieron seis años sin supervisión
ni control. Fueron absorbidas por un ambiente
negativo. Aunque no llegaron a pertenecer a
ninguna pandilla, sí participaron en una
diversidad de escándalos.
No obstante, cursaron
ocho años de estudios y sobresalieron
como alumnas destacadas. La maestra de ambas las
definió como "excelentes con sus
compañeras y maestros".
La psicóloga
enfatizó que ambas niñas necesitan
mucha ayuda. Guadalupe es una joven con
cualidades muy buenas, que deben ser
desarrolladas. "Ella tiene solución, muy
a largo plazo, pero la hay".
El amor y la
responsabilidad
La presencia de los
padres es importantísima para los hijos,
pero lo es más el involucramiento entre
menores y adultos. La interrelación es
clave. La psicóloga Mirna Elizabeth
Marcía sugiere poner en práctica
estos principios:
Intégrese
Hay hogares donde los
padres están presentes, pero los hijos
están solos. Entre al mundo de los
niños. Juegue, acarícielo,
converse con ellos y escuche sus ideas.
Déles calidad de tiempo desde que
están en gestación.
Imponga
límites
Cree una disciplina
basada en el amor y el respeto mutuo. Sea
constante y firme, pero no haga
daño.
Con
cariño
Elimine los castigos
físicos. Recuerde que la violencia
engendra violencia. Cree acuerdos, tratos y
siempre explique las razones del
castigo.
Cálmese
Antes de sancionar o
replicar contra una mala conducta,
cálmese. Lo mejor es hablar con firmeza,
pero con cariño.