Lunes 19 de noviembre 2001


Manifestación del espíritu
Con mis lectores… y con el arte
Luis Fernández Cuervo*

Comenzaré por donde, tal vez, no debería ni hablar. Pero, como dice un refrán español, "la cosas claras y el chocolate espeso". Vayan, pues, algunas aclaraciones dirigidas a los lectores habituales de mis artículos.

1. Soy salvadoreño, chileno y español, al mismo tiempo. Y no veo ningún inconveniente o contradicción en sentirme identificado y solidario con los tres países.

2. Agradezco la buena -supongo- intención de los que me invitan y animan a entrar en política, pero no soy ni he sido de ningún partido político y tampoco pienso serlo. No me interesa. La política es, de suyo, una actividad pública muy importante, muy noble y muy de alabar, si se ejerce como debe ejercerse, en honrado servicio a la sociedad civil, a toda ella. Pero no es lo mío. Estoy bien donde estoy, como docente universitario y como periodista de opinión.

3. Por lo tanto, las ideas que expongo en cualquiera de mis artículos son de mi exclusiva responsabilidad y no representan ni pretenden representar el pensamiento de ningún partido político. Tampoco de ninguna asociación, institución o grupo de cualquier tipo (religioso, nacional, profesional, sindical, deportivo, etc.).

4. Amo profundamente la verdad, cualquier verdad. Amo la libertad, pero libertad responsable -si no es responsable, no es libertad-. Procuro en mis artículos servir, a las dos, lo mejor que puedo. Verdad y libertad, por lo demás, muy combatidas en nuestra cultura actual, y no sólo por los talibanes.

5. Amo y disfruto con muchas cosas, y entre ellas, preferentemente, con todas las bellas artes que han tenido para mí, desde muy pequeño, un interés predominante. Me crié y eduqué en un ambiente familiar y escolar, muy liberal, abiertos con especial relevancia a la pintura, la música y la literatura, de distintas épocas, escuelas y estilos.

6. Contra lo que puedan opinar algunos de mis lectores, creo que traer a estas páginas reflexiones sobre el arte es muy importante porque considero que todas las bellas artes son decisivas para el desarrollo y mejora de cualquier grupo o sociedad humana. Ojalá sirvieran estos artículos míos para estimular a profesionales y críticos de arte a retomar el tema y desarrollarlo con mayor claridad y competencia.

Por todo eso pienso que no está de más seguir hoy con lo mismo, tema que además es inagotable.

En mi anterior artículo escribí que para sobrevivir, el arte no es necesario y que todo arte es un "lujo". Eso merece mayor precisión y extensión. Es un lujo pero no es algo superfluo. Es algo de lo cual se puede prescindir individualmente para sobrevivir, pero no para afirmar y mejorar una cultura y la convivencia humana en ella. No hay cultura sin arte. No creo que haya existido nunca tal cosa -¿tal vez en los talibanes?-. Es un "lujo" pero no necesariamente algo "suntuario", puesto que existe también en sociedades y culturas muy pobres y primitivas. No hace demasiado tiempo que pudo conocerse el arte de los aborígenes australianos y reconocer su gran valor.

Por otra parte, la experiencia de pasados y actuales totalitarismos, nos muestra cómo siempre combaten la libertad religiosa y la libertad artística. No es extraño, ya que para deshumanizar a una sociedad, para masificarla y poderla manipular a su antojo, toda tiranía va contra lo espiritual y trata de establecer una falsa religión o antirreligión oficiales y unas bellas artes constreñidas en una rígida escuela o estilo. Recuérdese, si no, "el realismo socialista" del gobierno soviético, que frustró la literatura y la pintura de varias generaciones de artistas de ese país.

En cambio con la música, por ser un medio expresivo tan abierto a significaciones distintas -siempre que no vaya acompañada de palabras- la censura soviética fue burlada con anécdotas jugosamente divertidas. Así, con la "Sinfonía Clásica", de Serguei Prokofiev, que se salvó de la censura, al alegar su autor que no era revisionismo capitalista sino que representaba una crítica, una caricatura, de la música clásica de pasados siglos. Y ¡a ver quién le podía demostrar lo contrario a Prokofiev!

Vuelvo a lo dicho anteriormente: que lo que diferencia radicalmente al hombre de los animales, es el hecho de tener espíritu y por tanto de estar agitado por la aspiración a lo perfecto, a lo definitivo, a lo eterno. No es extraño, por eso, las implicaciones -a veces también confusiones- que el arte ha tenido con la religión. Los pintores contemporáneos, Mondrian, Klee y Kandinsky, por ejemplo, tenían algo de místicos y trataban de revelar con sus obras "las inmutables realidades que se ocultan tras las formas perecederas de las apariencias subjetivas".

Kandinsky, además, escribió un libro titulado "De lo espiritual en el arte" (1912). No son éstos los únicos. Recuérdese el poeta ingles William Blake (1757-1827) y sus poemas unidos a sus extrañas pinturas religiosas. También el moderno Ben Nicholson (1894-1982), para quien "el arte y la experiencia religiosa eran la misma cosa". Personalmente creo que es un error confundir ambas cosas o quererlas unir como hermanas siamesas. Lo religioso, en algunos casos, puede ayudar a hacer arte. El arte también, en algunos casos, puede ser un primer paso para la conversión religiosa. Lo que sí está claro es que ambas, en muy distintos niveles, son manifestación de lo espiritual y lo espiritual necesita respirar el oxígeno de la libertad. Y aquí surge otro aspecto interesante del asunto. Las trampas de entender mal la libertad en el arte, trampas de donde no terminan de salir varias de las bellas artes contemporáneas.

Espero aportar alguna claridad a ese tema, en próxima ocasión.


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