Manifestación
del espíritu
Con mis lectores
y con el arte
Luis
Fernández Cuervo*
Comenzaré por donde, tal vez, no
debería ni hablar. Pero, como dice un
refrán español, "la cosas claras y
el chocolate espeso". Vayan, pues, algunas
aclaraciones dirigidas a los lectores habituales
de mis artículos.
1. Soy salvadoreño, chileno y
español, al mismo tiempo. Y no veo
ningún inconveniente o
contradicción en sentirme identificado y
solidario con los tres países.
2. Agradezco la buena -supongo-
intención de los que me invitan y animan
a entrar en política, pero no soy ni he
sido de ningún partido político y
tampoco pienso serlo. No me interesa. La
política es, de suyo, una actividad
pública muy importante, muy noble y muy
de alabar, si se ejerce como debe ejercerse, en
honrado servicio a la sociedad civil, a toda
ella. Pero no es lo mío. Estoy bien donde
estoy, como docente universitario y como
periodista de opinión.
3. Por lo tanto, las ideas que expongo en
cualquiera de mis artículos son de mi
exclusiva responsabilidad y no representan ni
pretenden representar el pensamiento de
ningún partido político. Tampoco
de ninguna asociación, institución
o grupo de cualquier tipo (religioso, nacional,
profesional, sindical, deportivo, etc.).
4. Amo profundamente la verdad, cualquier
verdad. Amo la libertad, pero libertad
responsable -si no es responsable, no es
libertad-. Procuro en mis artículos
servir, a las dos, lo mejor que puedo. Verdad y
libertad, por lo demás, muy combatidas en
nuestra cultura actual, y no sólo por los
talibanes.
5. Amo y disfruto con muchas cosas, y entre
ellas, preferentemente, con todas las bellas
artes que han tenido para mí, desde muy
pequeño, un interés predominante.
Me crié y eduqué en un ambiente
familiar y escolar, muy liberal, abiertos con
especial relevancia a la pintura, la
música y la literatura, de distintas
épocas, escuelas y estilos.
6. Contra lo que puedan opinar algunos de mis
lectores, creo que traer a estas páginas
reflexiones sobre el arte es muy importante
porque considero que todas las bellas artes son
decisivas para el desarrollo y mejora de
cualquier grupo o sociedad humana. Ojalá
sirvieran estos artículos míos
para estimular a profesionales y críticos
de arte a retomar el tema y desarrollarlo con
mayor claridad y competencia.
Por todo eso pienso que no está de
más seguir hoy con lo mismo, tema que
además es inagotable.
En mi anterior artículo escribí
que para sobrevivir, el arte no es necesario y
que todo arte es un "lujo". Eso merece mayor
precisión y extensión. Es un lujo
pero no es algo superfluo. Es algo de lo cual se
puede prescindir individualmente para
sobrevivir, pero no para afirmar y mejorar una
cultura y la convivencia humana en ella. No hay
cultura sin arte. No creo que haya existido
nunca tal cosa -¿tal vez en los
talibanes?-. Es un "lujo" pero no necesariamente
algo "suntuario", puesto que existe
también en sociedades y culturas muy
pobres y primitivas. No hace demasiado tiempo
que pudo conocerse el arte de los
aborígenes australianos y reconocer su
gran valor.
Por otra parte, la experiencia de pasados y
actuales totalitarismos, nos muestra cómo
siempre combaten la libertad religiosa y la
libertad artística. No es extraño,
ya que para deshumanizar a una sociedad, para
masificarla y poderla manipular a su antojo,
toda tiranía va contra lo espiritual y
trata de establecer una falsa religión o
antirreligión oficiales y unas bellas
artes constreñidas en una rígida
escuela o estilo. Recuérdese, si no, "el
realismo socialista" del gobierno
soviético, que frustró la
literatura y la pintura de varias generaciones
de artistas de ese país.
En cambio con la música, por ser un
medio expresivo tan abierto a significaciones
distintas -siempre que no vaya acompañada
de palabras- la censura soviética fue
burlada con anécdotas jugosamente
divertidas. Así, con la "Sinfonía
Clásica", de Serguei Prokofiev, que se
salvó de la censura, al alegar su autor
que no era revisionismo capitalista sino que
representaba una crítica, una caricatura,
de la música clásica de pasados
siglos. Y ¡a ver quién le
podía demostrar lo contrario a
Prokofiev!
Vuelvo a lo dicho anteriormente: que lo que
diferencia radicalmente al hombre de los
animales, es el hecho de tener espíritu y
por tanto de estar agitado por la
aspiración a lo perfecto, a lo
definitivo, a lo eterno. No es extraño,
por eso, las implicaciones -a veces
también confusiones- que el arte ha
tenido con la religión. Los pintores
contemporáneos, Mondrian, Klee y
Kandinsky, por ejemplo, tenían algo de
místicos y trataban de revelar con sus
obras "las inmutables realidades que se ocultan
tras las formas perecederas de las apariencias
subjetivas".
Kandinsky, además, escribió un
libro titulado "De lo espiritual en el arte"
(1912). No son éstos los únicos.
Recuérdese el poeta ingles William Blake
(1757-1827) y sus poemas unidos a sus
extrañas pinturas religiosas.
También el moderno Ben Nicholson
(1894-1982), para quien "el arte y la
experiencia religiosa eran la misma cosa".
Personalmente creo que es un error confundir
ambas cosas o quererlas unir como hermanas
siamesas. Lo religioso, en algunos casos, puede
ayudar a hacer arte. El arte también, en
algunos casos, puede ser un primer paso para la
conversión religiosa. Lo que sí
está claro es que ambas, en muy distintos
niveles, son manifestación de lo
espiritual y lo espiritual necesita respirar el
oxígeno de la libertad. Y aquí
surge otro aspecto interesante del asunto. Las
trampas de entender mal la libertad en el arte,
trampas de donde no terminan de salir varias de
las bellas artes contemporáneas.
Espero aportar alguna claridad a ese tema, en
próxima ocasión.