Un reto
a la gobernabilidad
El presupuesto
nacional
Marcial
Vela Ramos*
Siempre que se vislumbran los vientos del
debate presupuestal, por reasignar un porcentaje
del gasto público, partidos
políticos y gobierno dejan de lado un
debate sobre los temas importantes: las
funciones del gasto público y su
equilibrio en la solución de los
problemas nacionales. ¿Se repetirá
la historia de los últimos años?
¿El Ejecutivo estará de nuevo a la
defensiva por la miseria de las finanzas
públicas, y unos legisladores que
declaren agresivamente que lo hacen para
defender "los intereses de la sociedad", en
especial de los más pobres, como si
estuvieran librando "la madre de todas las
batallas?" Podemos decir que la lectura de esa
batalla es válida, pero
contradictoria.
La primera y más evidente es la que
hacen los diputados de oposición y
algunos intelectuales de izquierda. Utilizan
prácticamente dos argumentos: el primero
consiste en señalar la insuficiente
crónica de los recursos frente a las
necesidades de todo tipo, especialmente los
sociales, lo cual es tan absolutamente cierto y
válido, como simplista y carente de
imaginación. No sólo en El
Salvador, sino que en Argentina, México,
Brasil, entre otros países con grandes
recursos naturales, lo destinado en el
presupuesto a la atención de las
necesidades sentidas de la población es
siempre insuficiente.
El segundo argumento es un corolario no
necesariamente válido del primero: como
las partidas asignadas &emdash;que no se
incrementan por la falta de una política
eficiente fiscalizadora&emdash; a la
política económica, detrás
de un presupuesto que les niega a los pobres los
recursos públicos que les hacen falta
para dejar de serlo, es una política
neoliberal.
Es un hecho innegable que el Estado
salvadoreño "no ha cumplido las
expectativas de fortalecer las arcas del Estado,
a través de una profunda y efectiva
campaña de reducir el déficit
fiscal, por medio de un ejército de
ciudadanos capacitados y honestos en llevar a
cabo una supervisión del pago de
impuestos a los grandes evasores". Dotar a todos
los ciudadanos de las condiciones que les
permitan acceder en igualdad de oportunidades a
los mercados, es el mayor reto del Estado, para
salir de la marginación. Los rezagos
sociales han alcanzado magnitudes vergonzosas y,
por desgracia los últimos dos desastres
naturales y la sequía han ensanchado la
brecha.
El problema es sumamente más complejo
que el de por sí ya difícil asunto
de incrementar los recursos públicos
disponibles a través de las propuestas
del Ministerio de Hacienda. Si se planteara que
una política del gobierno es neoliberal y
reaccionaria únicamente por la escasez
presupuestal, es indefendible. Si fuese cierto,
todas, absolutamente todas las políticas
económicas del mundo lo serían.
¿Cuánto más puede recaudar el
Estado los próximos años?
¿Cuáles deben ser las prioridades
del gasto: educación, salud,
infraestructura, subsidios a la micro empresa,
desarrollo rural? ¿Quiénes tienen
prioridad: los niños de la calle, los
campesinos agricultores, entre otros, porque
todos ellos son marginados? ¿Cuáles
son los mejores mecanismos para lograr un mayor
impacto del gasto en términos de
solución de problemas: continuar
privatizando; ampliando los servicios
públicos, promoviendo la creación
de empleos o invirtiendo en
educación?
Se supone que los legisladores deben saber
que el gasto público cumple otras
funciones además del gasto social, como
la de estabilizar la economía e impulsar
el desarrollo y la producción, la que no
siempre es fácil hacerlas compatibles y
equilibrarlas. Los diputados deben analizar y
preguntarse con la seriedad del caso
cuáles son las implicaciones en la
distribución del ingreso por no cumplir
las otras dos funciones, y los funcionarios
tendrían que hacer un esfuerzo real para
medir las consecuencias para la estabilidad y el
crecimiento económico de perpetuar y
agravar las desigualdades y ser
consecuentes.
Ante la situación precaria en la que
se encuentra la mayoría de la gente
marginada, y por respeto a la misma, los
legisladores en el próximo debate deben
dejar a un lado las posiciones triviales y de
simplismo. Tanto el partido de gobierno como la
oposición deben dejar atrás los
antagonismos de siempre. "La austeridad se debe
defender con ejemplos". Sin embargo el problema
no sólo viene de los legisladores, que
pocas veces ven más allá del corto
plazo y de los intereses mediatos de sus
"clientelas", sino de la ausencia de estrategia
del gobierno para establecer el debate y la
discusión en términos menos
coyunturales y partidistas.
Establecer objetivos y metas compartidas y
de largo plazo, sobre las prioridades nacionales
en materia de gasto público y los montos
de recaudación necesarios para hacerlos
posibles, independientemente quien nos gobierne
en el futuro es el reto. "Es tiempo de razonar
para darle viabilidad al país y no un
debate desordenado por reasignar una cantidad en
la que unos piden, otros se limitan a decir que
no hay y que no se debe asumir más
deudas. Cuando un sujeto de crédito es
confiable y responsable, ¿por qué
dudar de él? El futuro y dirección
de la Nación para el siglo XXI es de
todos y no de un partido en particular.
*Cnel. y
Lic. en Ciencias
Políticas.