Lunes 19 de noviembre 2001


Un reto a la gobernabilidad
El presupuesto nacional
Marcial Vela Ramos*

Siempre que se vislumbran los vientos del debate presupuestal, por reasignar un porcentaje del gasto público, partidos políticos y gobierno dejan de lado un debate sobre los temas importantes: las funciones del gasto público y su equilibrio en la solución de los problemas nacionales. ¿Se repetirá la historia de los últimos años? ¿El Ejecutivo estará de nuevo a la defensiva por la miseria de las finanzas públicas, y unos legisladores que declaren agresivamente que lo hacen para defender "los intereses de la sociedad", en especial de los más pobres, como si estuvieran librando "la madre de todas las batallas?" Podemos decir que la lectura de esa batalla es válida, pero contradictoria.

La primera y más evidente es la que hacen los diputados de oposición y algunos intelectuales de izquierda. Utilizan prácticamente dos argumentos: el primero consiste en señalar la insuficiente crónica de los recursos frente a las necesidades de todo tipo, especialmente los sociales, lo cual es tan absolutamente cierto y válido, como simplista y carente de imaginación. No sólo en El Salvador, sino que en Argentina, México, Brasil, entre otros países con grandes recursos naturales, lo destinado en el presupuesto a la atención de las necesidades sentidas de la población es siempre insuficiente.

El segundo argumento es un corolario no necesariamente válido del primero: como las partidas asignadas &emdash;que no se incrementan por la falta de una política eficiente fiscalizadora&emdash; a la política económica, detrás de un presupuesto que les niega a los pobres los recursos públicos que les hacen falta para dejar de serlo, es una política neoliberal.

Es un hecho innegable que el Estado salvadoreño "no ha cumplido las expectativas de fortalecer las arcas del Estado, a través de una profunda y efectiva campaña de reducir el déficit fiscal, por medio de un ejército de ciudadanos capacitados y honestos en llevar a cabo una supervisión del pago de impuestos a los grandes evasores". Dotar a todos los ciudadanos de las condiciones que les permitan acceder en igualdad de oportunidades a los mercados, es el mayor reto del Estado, para salir de la marginación. Los rezagos sociales han alcanzado magnitudes vergonzosas y, por desgracia los últimos dos desastres naturales y la sequía han ensanchado la brecha.

El problema es sumamente más complejo que el de por sí ya difícil asunto de incrementar los recursos públicos disponibles a través de las propuestas del Ministerio de Hacienda. Si se planteara que una política del gobierno es neoliberal y reaccionaria únicamente por la escasez presupuestal, es indefendible. Si fuese cierto, todas, absolutamente todas las políticas económicas del mundo lo serían. ¿Cuánto más puede recaudar el Estado los próximos años? ¿Cuáles deben ser las prioridades del gasto: educación, salud, infraestructura, subsidios a la micro empresa, desarrollo rural? ¿Quiénes tienen prioridad: los niños de la calle, los campesinos agricultores, entre otros, porque todos ellos son marginados? ¿Cuáles son los mejores mecanismos para lograr un mayor impacto del gasto en términos de solución de problemas: continuar privatizando; ampliando los servicios públicos, promoviendo la creación de empleos o invirtiendo en educación?

Se supone que los legisladores deben saber que el gasto público cumple otras funciones además del gasto social, como la de estabilizar la economía e impulsar el desarrollo y la producción, la que no siempre es fácil hacerlas compatibles y equilibrarlas. Los diputados deben analizar y preguntarse con la seriedad del caso cuáles son las implicaciones en la distribución del ingreso por no cumplir las otras dos funciones, y los funcionarios tendrían que hacer un esfuerzo real para medir las consecuencias para la estabilidad y el crecimiento económico de perpetuar y agravar las desigualdades y ser consecuentes.

Ante la situación precaria en la que se encuentra la mayoría de la gente marginada, y por respeto a la misma, los legisladores en el próximo debate deben dejar a un lado las posiciones triviales y de simplismo. Tanto el partido de gobierno como la oposición deben dejar atrás los antagonismos de siempre. "La austeridad se debe defender con ejemplos". Sin embargo el problema no sólo viene de los legisladores, que pocas veces ven más allá del corto plazo y de los intereses mediatos de sus "clientelas", sino de la ausencia de estrategia del gobierno para establecer el debate y la discusión en términos menos coyunturales y partidistas.

Establecer objetivos y metas compartidas y de largo plazo, sobre las prioridades nacionales en materia de gasto público y los montos de recaudación necesarios para hacerlos posibles, independientemente quien nos gobierne en el futuro es el reto. "Es tiempo de razonar para darle viabilidad al país y no un debate desordenado por reasignar una cantidad en la que unos piden, otros se limitan a decir que no hay y que no se debe asumir más deudas. Cuando un sujeto de crédito es confiable y responsable, ¿por qué dudar de él? El futuro y dirección de la Nación para el siglo XXI es de todos y no de un partido en particular.

*Cnel. y Lic. en Ciencias Políticas.


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