APACULSA: El alma de
un Teatro
La fuerza de voluntad de un grupo de
santanecos se convirtió en el alma que le
devolvió la vida a la magna estructura
del Teatro de Santa Ana
Ixchel
Pérez
El Diario de Hoy
En
el Teatro de Santa Ana, el color de las luces
sobre el escenario, los lienzos, las
impresionantes fachadas, y cada uno de los
detalles de esta estructura, reflejan vida. Es
el orgullo del pueblo santaneco y
salvadoreño.
A mediados de la década de los 80, ese
patrimonio cultural estaba en decadencia.
Había sido utilizado como cine, centro de
fiestas y hasta circo. Sus fachadas, techos,
ventanas y áreas interiores fueron
seriamente dañadas.
Era la época de la guerra
salvadoreña, las prioridades de las
familias eran materiales; a casi nadie le
interesaba un Teatro sin vida. Pero, ocho
personas visionarias, con profundo amor por su
pueblo, decidieron recuperar el alma de ese
lugar histórico. Para ellos, era
indispensable devolverle al Teatro su verdadero
sentido.
Con el ínfimo capital de ochenta
colones (cada uno aportó diez) y con una
gran fe, el 10 de junio de 1986, estas ocho
personas fundaron la Asociación del
Patrimonio Cultural de Santa Ana (APACULSA). Ese
día se sembró la semilla de una
labor loable, que ha dado frutos
impredecibles.
"Vivíamos una situación
verdaderamente caótica, pero nosotros
empezamos a trabajar, porque sabíamos que
la guerra no iba a ser interminable y que
después tenía que resurgir el
país. Trabajamos para el futuro", asegura
el presidente de APACULSA, Ramón
Francia.
Los miembros de la Asociación
obtuvieron el apoyo del Viceministerio de
Cultura que funcionaba en aquella época.
Esta institución, además de enviar
a 16 personas para que trabajaran en la
restauración del Teatro, permitió
que se comenzara a utilizar el vestíbulo
de esa monumental estructura para realizar
algunas presentaciones.
"Improvisamos una tarima y un pequeño
telón, pues no podíamos trabajar
en la gran Sala, porque estaba deteriorada",
afirma Francia.
Ese escenario improvisado fue la
génesis de una ardua labor en equipo, en
la que, además de pelear por la
restauración arquitectónica del
edificio completo, se comenzó a luchar
por atraer, de nuevo, al público.
"Siempre pensamos que el trabajo era en dos
vías: el rescate del edificio como un
patrimonio nacional, símbolo de Santa Ana
y de El Salvador; y la reactivación del
lugar como un vehículo de cultura",
explica Francia. "Teníamos que darle
sentido al Teatro y lograr que la
población se volviera a apropiar del
edificio. Un trabajo tan cuesta arriba como la
restauración", agrega.
Perseverancia
Según
Francia, el obstáculo más
difícil de superar en estos de 15
años de trabajo de APACULSA fue
precisamente volver a atraer a la
población hacia el Teatro, como espacio
cultural. Él recuerda como, en el
principio de las gestiones de la
asociación, tuvo que ofrecerse una
presentación a un público de tres
personas. "Eso fue, en gran medida,
desmoralizador", comenta.
La falta de recursos económicos
también ha sido un problema constante.
Sin embargo, APACULSA siempre los ha obtenido
con esfuerzo e ingenio.
"Cuando acudimos al Viceministerio de Cultura
&emdash;que posteriormente se convirtió
en el Consejo Salvadoreño para la Cultura
y el Arte (CONCULTURA)&emdash;, nos
comprometimos a aportar los fondos necesarios
para restaurar el teatro. No sabíamos
cómo los íbamos a obtener".
Los miembros de APACULSA han realizado toda
clase de actividades, en estos quince
años, para obtener dinero y materiales.
"Hemos vendido panes y gaseosas; hemos hecho
maratones y hasta hemos salido a pedir, con
mantas, por las calles. Una vez hasta un repollo
nos lanzaron", cuenta Francia.
APACULSA también ha realizado, desde
su nacimiento, innumerables gestiones para
lograr la colaboración de embajadas,
empresas y organizaciones. Es por eso que,
aunque los miembros de la Asociación
&emdash;que ahora son unos 130&emdash; nunca
realizaron trabajos directos de
restauración, fueron, desde siempre, el
motor que impulsó la recuperación
del Teatro.
"Tenemos que decirlo, nosotros no hemos
restaurado el teatro, pero hemos gestionado
desde un principio la restauración y la
promoción cultural", explica Francia.
En esta gestión, el Estado nunca los
abandonó. Desde 1995 les confió la
administración de subsidios anuales, a
través de CONCULTURA. Esto
significó un gran apoyo, aunque siempre
se necesita ayuda.
"Siempre vivimos de real menos cuartillo,
pero seguimos", asegura Francia.
Ese es el espíritu del equipo de
APACULSA, que el jueves pasado recibió el
Premio Nacional de Cultura. Un espíritu
que no se detiene ante nada. "A veces es bueno
que las cosas cuesten, tal vez si
hubiéramos tenido todo, no lo
habríamos hecho tan bien", agrega el
Presidente de la Asociación.
Algunas inversiones
- En el período de 1986 a 1995 se
restauraron tres de las cuatro fachadas del
teatro, se pintaron zonas interiores y
exteriores y se restauraron paredes.
-En la restauración de paredes, la OEA
donó $26,000, para la compra de un
andamio metálico, así como $9,2000
para madera y preservantes.
- Se compró una antigua barra por
¢3,000 ($342), en enero de 1990, y los
fondos de la asociación quedaron en
¢59.42 ($6.79)
-En diciembre de 1991, se firmó un
convenio con México, que durante cinco
años envió restauradores de
lienzos, frescos y paredes. APACULSA
aportó y gestionó alojamiento,
viáticos y materiales.
-Desde 1995, se contó con el apoyo
económico de CONCULTURA.
- Japón donó un equipo de luz y
sonido, valorado en $350 mil, así como su
instalación.
u Se invirtió dos millones de colones
(más de $228 mil) en renovar el tendido
eléctrico, poner una planta de emergencia
y un transformador especial, construido para las
necesidades del edificio.
-La tramoya se volvió a hacer, porque
la antigua, que era de madera, no soportaba el
peso del equipo de luces. El costo fue de dos
millones de colones.
Ciudadanos
ejemplares
Los miembros de
APACULSA, ganadores del Premio Nacional de
Cultura, son un ejemplo de empeño y
trabajo para los salvadoreños