Sábado 17 de noviembre 2001



APACULSA: El alma de un Teatro

La fuerza de voluntad de un grupo de santanecos se convirtió en el alma que le devolvió la vida a la magna estructura del Teatro de Santa Ana

Ixchel Pérez
El Diario de Hoy

En el Teatro de Santa Ana, el color de las luces sobre el escenario, los lienzos, las impresionantes fachadas, y cada uno de los detalles de esta estructura, reflejan vida. Es el orgullo del pueblo santaneco y salvadoreño.

A mediados de la década de los 80, ese patrimonio cultural estaba en decadencia. Había sido utilizado como cine, centro de fiestas y hasta circo. Sus fachadas, techos, ventanas y áreas interiores fueron seriamente dañadas.

Era la época de la guerra salvadoreña, las prioridades de las familias eran materiales; a casi nadie le interesaba un Teatro sin vida. Pero, ocho personas visionarias, con profundo amor por su pueblo, decidieron recuperar el alma de ese lugar histórico. Para ellos, era indispensable devolverle al Teatro su verdadero sentido.

Con el ínfimo capital de ochenta colones (cada uno aportó diez) y con una gran fe, el 10 de junio de 1986, estas ocho personas fundaron la Asociación del Patrimonio Cultural de Santa Ana (APACULSA). Ese día se sembró la semilla de una labor loable, que ha dado frutos impredecibles.

"Vivíamos una situación verdaderamente caótica, pero nosotros empezamos a trabajar, porque sabíamos que la guerra no iba a ser interminable y que después tenía que resurgir el país. Trabajamos para el futuro", asegura el presidente de APACULSA, Ramón Francia.

Los miembros de la Asociación obtuvieron el apoyo del Viceministerio de Cultura que funcionaba en aquella época. Esta institución, además de enviar a 16 personas para que trabajaran en la restauración del Teatro, permitió que se comenzara a utilizar el vestíbulo de esa monumental estructura para realizar algunas presentaciones.

"Improvisamos una tarima y un pequeño telón, pues no podíamos trabajar en la gran Sala, porque estaba deteriorada", afirma Francia.

Ese escenario improvisado fue la génesis de una ardua labor en equipo, en la que, además de pelear por la restauración arquitectónica del edificio completo, se comenzó a luchar por atraer, de nuevo, al público.

"Siempre pensamos que el trabajo era en dos vías: el rescate del edificio como un patrimonio nacional, símbolo de Santa Ana y de El Salvador; y la reactivación del lugar como un vehículo de cultura", explica Francia. "Teníamos que darle sentido al Teatro y lograr que la población se volviera a apropiar del edificio. Un trabajo tan cuesta arriba como la restauración", agrega.

Perseverancia

Según Francia, el obstáculo más difícil de superar en estos de 15 años de trabajo de APACULSA fue precisamente volver a atraer a la población hacia el Teatro, como espacio cultural. Él recuerda como, en el principio de las gestiones de la asociación, tuvo que ofrecerse una presentación a un público de tres personas. "Eso fue, en gran medida, desmoralizador", comenta.

La falta de recursos económicos también ha sido un problema constante. Sin embargo, APACULSA siempre los ha obtenido con esfuerzo e ingenio.

"Cuando acudimos al Viceministerio de Cultura &emdash;que posteriormente se convirtió en el Consejo Salvadoreño para la Cultura y el Arte (CONCULTURA)&emdash;, nos comprometimos a aportar los fondos necesarios para restaurar el teatro. No sabíamos cómo los íbamos a obtener".

Los miembros de APACULSA han realizado toda clase de actividades, en estos quince años, para obtener dinero y materiales. "Hemos vendido panes y gaseosas; hemos hecho maratones y hasta hemos salido a pedir, con mantas, por las calles. Una vez hasta un repollo nos lanzaron", cuenta Francia.

APACULSA también ha realizado, desde su nacimiento, innumerables gestiones para lograr la colaboración de embajadas, empresas y organizaciones. Es por eso que, aunque los miembros de la Asociación &emdash;que ahora son unos 130&emdash; nunca realizaron trabajos directos de restauración, fueron, desde siempre, el motor que impulsó la recuperación del Teatro.

"Tenemos que decirlo, nosotros no hemos restaurado el teatro, pero hemos gestionado desde un principio la restauración y la promoción cultural", explica Francia.

En esta gestión, el Estado nunca los abandonó. Desde 1995 les confió la administración de subsidios anuales, a través de CONCULTURA. Esto significó un gran apoyo, aunque siempre se necesita ayuda.

"Siempre vivimos de real menos cuartillo, pero seguimos", asegura Francia.

Ese es el espíritu del equipo de APACULSA, que el jueves pasado recibió el Premio Nacional de Cultura. Un espíritu que no se detiene ante nada. "A veces es bueno que las cosas cuesten, tal vez si hubiéramos tenido todo, no lo habríamos hecho tan bien", agrega el Presidente de la Asociación.

Algunas inversiones

- En el período de 1986 a 1995 se restauraron tres de las cuatro fachadas del teatro, se pintaron zonas interiores y exteriores y se restauraron paredes.

-En la restauración de paredes, la OEA donó $26,000, para la compra de un andamio metálico, así como $9,2000 para madera y preservantes.

- Se compró una antigua barra por ¢3,000 ($342), en enero de 1990, y los fondos de la asociación quedaron en ¢59.42 ($6.79)

-En diciembre de 1991, se firmó un convenio con México, que durante cinco años envió restauradores de lienzos, frescos y paredes. APACULSA aportó y gestionó alojamiento, viáticos y materiales.

-Desde 1995, se contó con el apoyo económico de CONCULTURA.

- Japón donó un equipo de luz y sonido, valorado en $350 mil, así como su instalación.

u Se invirtió dos millones de colones (más de $228 mil) en renovar el tendido eléctrico, poner una planta de emergencia y un transformador especial, construido para las necesidades del edificio.

-La tramoya se volvió a hacer, porque la antigua, que era de madera, no soportaba el peso del equipo de luces. El costo fue de dos millones de colones.


Ciudadanos ejemplares

Los miembros de APACULSA, ganadores del Premio Nacional de Cultura, son un ejemplo de empeño y trabajo para los salvadoreños


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