Viernes 16 de noviembre 2001


Tomando la palabra
El comercio mundial, esperanzas y exclusiones
Carmen Gallardo de Hernández

En estos momentos se plantea en todo el mundo la siguiente interrogante: ¿en qué medida la disminución de los índices de pobreza y exclusión pudieran ser un arma poderosa para combatir la violencia y el terrorismo en el mundo?

Se acaba de realizar en Doha, Qatar, la conferencia ministerial de los 142 países miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Simultáneamente en Beirut se congregaron los representantes de unas 600 ONG. Se mantuvo la convocatoria, pese al trasfondo internacional sombrío. Los países del norte han cobrado conciencia de que es necesario replantear la liberalización de los intercambios comerciales, teniendo en cuenta las expectativas de los países del sur. Y estos a su vez, ven la necesidad de cohesionar sus posturas para ser escuchados.

Los ministros de comercio acudieron a Doha con el propósito, entre otros, de acordar bajo qué condiciones pudiera lanzarse una nueva ronda de negociaciones comerciales a escala mundial. Para ello cabe recordar, de entrada, algunas de las posiciones regionales, las cuales han obstaculizado hasta ahora la apertura de una nueva ronda.

Los países europeos desean seguir protegiendo su agricultura -mediante subsidios-. Francia se ha convertido de hecho en el principal portavoz. Se opone fuertemente a una disminución gradual de los subsidios a las exportaciones de productos agrícolas y aboga por mantener las medidas de protección del medio ambiente, respetando asimismo las normas sociales en los intercambios comerciales. EE.UU. por su parte no desea renunciar a su política antidumping, la cual protege a sus productores de aquellas exportaciones procedentes de países con menores índices de salarios. Los países más pobres quieren seguridad de que el acuerdo Adpic sobre propiedad intelectual no les impida tomar decisiones en favor de la salud pública, sobre todo al tratar de adquirir ciertos medicamentos esenciales para enfermedades tales como el SIDA. Los países en desarrollo en su conjunto, se rehusan asimismo a incluir nuevos temas tales como la imposición de normas ecológicas y sociales. Estiman que las negociaciones de la Ronda Uruguay -marco de referencia del comercio internacional actual- no les han brindado la herramienta necesaria para su propio desarrollo.

Ante tanta adversidad de posiciones previo a la reunión, los países iniciaron sus labores teniendo entre manos un documento lleno de sutilezas, el cual pretendía mediante la diplomacia comercial desplegada por el Consejo general de la OMC, bajo la presidencia del representante de Hong Kong, Stuart Harbinson, evitar distanciamiento desde un inicio. El texto se limitaba a sugerir se redoblen esfuerzos con miras a fortalecer el crecimiento de la economía y permitir la disminución de la pobreza, lo cual apunta entre líneas a impulsar una nueva ronda de negociaciones entre los países, cuyo proceso podría durar hasta tres años. A nadie o a pocos satisfacía el texto, con lo cual al final se logró un consenso para abordar con un nuevo enfoque algunas de las exigencias de los países menos favorecidos. Puede considerarse una buena señal apuntando hacia la necesidad de replantear ciertas reglas en favor de las economías más desfavorecidas. Desde el fracaso de la última reunión de la OMC en Seattle, los países del sur -entre los cuales se sitúa El Salvador- han cobrado conciencia acerca de la plataforma de negociación que representa la OMC, organismo donde las decisiones se toman por consenso. Los intercambios entre países en desarrollo representan una tercera parte del comercio mundial, según el Banco Mundial. Por cuanto, se puede llegar a influir en las reglas del comercio mundial en la medida en que se presenten cierta cohesión regional.

En cuanto a los países que integran al grupo llamado Quad -EE.UU., la Unión Europea, Japón, Canadá- se han percatado de la necesidad de contar con el apoyo de los países más desfavorecidos. De los 49 países menos avanzados -PMA- en el mundo, 30 son miembros de la OMC y estos siguen insistiendo en la necesidad de reducir su deuda externa. El grupo de países conocido como G77 -entre los cuales se encuentra El Salvador- incluye a 95 miembros de la OMC. Entre ellos los G 15 constituyen un sub grupo -India, Egipto, Cuba por ejemplo- los cuales son férreos opositores de abrir una nueva ronda de negociaciones. El grupo Cairns -representado en los grandes exportadores agrícolas- y EE.UU. mantienen entre otros, su oposición ante la posibilidad de reabrir una ronda de negociaciones que incluya protecciones medioambientalistas.

En la reunión de Doha han ingresado dos nuevos miembros a la OMC: la República Popular de China -Beijing- y la República de China -Taiwan-. Esta decisión de la comunidad internacional marca un hito en la realidad de las relaciones comerciales mundiales y no hay que descartar que en un futuro los intereses comerciales de países como el nuestro, nos llevarán a mantener intercambios comerciales con ambos nuevos miembros. EE.UU. dio el visto bueno después de largas negociaciones. Rusia pudiera ser un próximo miembro.

Queda claro que en medio de todo este contexto se requiere gran habilidad negociadora por parte de los representantes, para saber moverse entre los distintos grupos de países, defender intereses regionales sin alejarse de los consensos globales. Nuevamente ellos nos lleva a insistir en la necesidad de contar con un equipo nacional competente en términos de país. La débil integración como región centroamericana de frente a la OMC así como la falta de presencia en la sede misma de la organización en Ginebra, Suiza, no dificulta entender el complejo mecanismo comercial que se está dando en el mundo y nos debilita en el momento de defender nuestros intereses comerciales.

La reunión de Doha pretendía ante todo poner en el tapete las preocupaciones y las esperanzas de la mayoría de los países miembros, en búsqueda de un proceso de liberalización del comercio mundial que les sea más favorable. Ha quedado planteada la reapertura de una nueva ronda de negociación; falta por constatar la voluntad política que convierta estas nuevas negociaciones en instrumento para el desarrollo de los países más necesitados.


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