Rosa
América está enferma, sin casa y
sin dinero
Una
lección de amor y coraje
La artritis le arrebató buena parte
de la movilidad. Aun así, cada
día, Rosa América Rivera, maestra
de parvularia, da lo mejor de sí a una
veintena de niños
Susana
Joma
El Diario de Hoy
Con
un rostro muy alegre y ojos con destellos de paz
interior, Rosa América Rivera despide a
los que, por un año, fueron sus
párvulos en el Centro Escolar Reino de
Holanda, en el municipio de Ciudad Delgado.
Nadie puede imaginar cuánta
satisfacción llena a la "seño"
Rosita, porque Dios le permitió servir a
sus niños por un año más,
en medio de una incesante lucha contra la
artritis reumatoide, un mal incurable que
robó la movilidad de sus manos y la
condenó a usar muletas.
Es una verdadera maestra, una hija, una
hermana, una compañera extraordinaria,
pero, sobre todo, una mujer valiente.
Esta heroína del aula, originaria de
Nejapa, no mayor de 50 años, se
graduó de la Escuela Vocacional
República de Francia.
Paso a paso
La enfermedad se declaró incipiente
cuando ella tenía 19 años. No
obstante, durante 20 años llevó
muy bien su carrera como maestra de
Estética en el Programa de Bienestar
Magisterial y en varias escuelas, como la
Timoteo Liévano, de San Pedro Nonualco, y
Juan Rafael Mora, de esta capital.
Estuvo muy familiarizada con el bordado, el
tricot, el crochet y el macramé. Igual
podía hacer flores de papel, dibujar y
pintar con gran rapidez y precisión.
En la última década, la
artritis aumentó la falta de habilidad en
sus manos, situación que le obligó
a dedicar más noches a la
elaboración de sencillos dibujos, para
que los cerca de 26 niños que atiende en
el kinder y la preparatoria pudieran colorear.
Su aporte, en papel lustre, también se
observa en el periódico mural de la
escuela.
El director de la institución, Rafael
Antonio Campos, y su colega de Educación
Física, Salvador Chinchilla, dan
testimonio del tesón que esta mujer pone
para llegar todos los días a impartir sus
clases. Lo tiene que hacer, pues sabe que en
casa deja a tres personas que dependen de ella,
una madre entrada en años, una hermana
inválida y una hija de 15 años que
está por iniciar el bachillerato.
Solidaridad activa
La
fortaleza que el Creador le imprime, su voluntad
de no dejarse vencer para servir a los
niños y, sobre todo, la solidaridad que
ha encontrado en la escuela son aspectos muy
importantes en su vida.
"Quiero mucho a la señorita", dice
Alexandra, una de las niñas de
preparatoria.
Dado que no puede moverse de un lugar a otro
con rapidez, Rosa América imparte la
clase con ayuda de una madre de familia llamada
Zulema, quien reparte los materiales a los
niños.
La maestra de parvularia también
recibe ayuda del profesor de Educación
Física, quien la traslada de su casa a la
escuela, o hacia otros lugares donde ella
necesita cumplir diligencias.
Otras pruebas
La valiente profesora está abatida
porque ya no puede obtener Arava (una medicina
especial que evita que sufra dolores
generalizados) a través de Bienestar
Magisterial.
Esa situación se da porque, Bienestar
ya no contrató a una cadena de farmacias
que suministraba el medicamento. Además,
una de las farmacias cercanas a Ciudad Delgado,
que compraba el medicamento directamente al
laboratorio, se abstuvo de hacerlo porque
Educación tarda en pagar las
facturas.
El médico que la asiste en el Hospital
Zacamil se vio obligado a cambiarle el
medicamento, pero éste no le produce el
mismo alivio.
Los terremotos la sacudieron duro.
Inhabilitó un apartamento de su propiedad
en el que residían. Con ayuda de un
familiar, logró alquilar una casa cerca
de la escuela, pero ya no podrá hacerlo,
pues no contará más con ese
apoyo.
Con ansias espera que el gobierno apruebe el
Decreto de Retiro Voluntario que le
permitiría descansar, puesto que dice que
no soportaría un año más.
Aunque no tiene 35 años de labor, igual
necesita que le concedan una pensión
digna que le permita vivir. Por hoy, todo es
incierto.