Sentido
común
¿Ponchados?
Ricardo
Rivas*
De
primera a segunda, ponche de doña
Violeta. De segunda a tercera, ponche de
Alemán. De tercera a home, ponche de
Enrique Bolaños. Daniel Ortega
¿ponchado? Quién sabe.
De primera a segunda, ponchado en la imagen.
De segunda a tercera, ponchado en la probidad.
De tercera a home, ponchado en la confianza
popular. Arnoldo Alemán ¿ponchado?
Quién sabe.
Ortega y Alemán son una pareja pareja.
Bien dicen que Dios los crea y el otro los
junta. Pese a que ambos están más
quemados que un tizón, estos personajes
de marras pretenden seguir manejando Nicaragua a
su antojo. Aunque el cuento parezca de
antología, pudiese llegar a ser cierto;
todo dependerá de Enrique Bolaños,
nuevo presidente electo de esa hermana
República -y a quien la historia
podría colocar como el hombre que
destrabó el andamiaje de una
generación de políticos en los que
no cree ni su misma abuelita-, y de los
nicaragüenses, sufrido pueblo flagelado por
el sandinismo, la mamandurria y la
corrupción oportunista.
Pero el asunto no pinta nada fácil.
Hace unos meses, don Arnoldo y don Daniel, en un
acto de exultante cinismo, se aseguraron con
suficiente anticipación una generosa
porción del pastel. Merced a un pacto que
retrata de cuerpo entero lo que son capaces de
hacer ciertos políticos con tal de seguir
en el poder, la parejita en cuestión
acordó reformar la Constitución e
investirse, Alemán, de una
diputación vitalicia, y Ortega, de una
diputación automática. Es decir,
el todavía Presidente: diputado para
siempre, hasta que la vida lo separe del divino
néctar, y el otro, el candidato perdedor,
diputado por "default" o por consolación.
Es, pues, en medio de estas fieras, que ha
caído don Enrique.
Daniel Ortega ha de tener tanto cuero como
vidas tiene un gato. Un sector de los
sandinistas afirma que sufre del
"síndrome del imprescindible" - y eso ha
de ser grave-. Pretender regresar a la
Presidencia de Nicaragua después de todo
lo que ha hecho y deshecho, como que no suena
del todo normal. Sin duda, un tipo que ha sido
capaz de violar a su hijastra, de robarse hasta
la casa en la que vive, de liderar "turbas
divinas" que saquearon y asesinaron a su antojo,
de llevar a Nicaragua al desastre
económico y social más grande en
su historia, y que no alcance a medir el
descontento de la gente hacia su persona
expresado en tres elecciones consecutivas, es un
tipo que negociará hasta con su mismo
esqueleto con tal de mantenerse vigente dentro
de los círculos del poder, y así
lo ha hecho.
En nombre de la gobernabilidad de su
país, negoció con su oponente
político una partida y repartida de
pastel, en una piñata a la que
sólo fueron invitados sus hermanitos y
primitos más cercanos. Y es que a don
Daniel le encantan las piñatas.
¿Y don Arnoldo?
¡Ay, don
Arnoldo!. El fiasco de su gobierno pesa
más que él mismo -no sé,
tengo la impresión que aquí, por
menos, ya le hubieran dado tres vueltas-. El
futuro diputado vitalicio Alemán ha
manejado Nicaragua como quien maneja una
hacienda grandota.
Un colega nicaragüense que estuvo
recientemente en el país fue
explícito y llano al describirme la labor
de su Presidente: "¡Eh! Ese gordo ha ido de
zanganada en zanganada". Zanganada, explicaba el
amigo dentista, al pagar a un banco local las
deudas de GENINSA -sociedad de Alemán-
con fondos públicos de la
Dirección General de Impuestos (como que
aquí el presidente Flores pagara sus
deudas particulares a los bancos con cheques del
Ministerio de Hacienda).
Zanganada al haber hecho coincidir el paso de
una carretera importante por una finca de su
propiedad. Zanganada al partir Managua en varios
municipios para, de esa manera, boicotear la
candidatura de un contrincante político
de su mismo partido. Zanganada al poner de
diputados a su hermano Agustín, a su hija
María Dolores, al marido de su hija,
Guillermo, y al papá del marido de su
hija, don Fabio. Zanganada al aspirar ser
Presidente de la Asamblea Legislativa cuando ni
siquiera ha terminado su período como
Presidente de la República. En
fin
Ahora el revoluto electoral ha pasado. Ortega
ha dejado el rosado y amarillo y regresa, de
rojo y negro, a ocupar una curul en el Congreso
nicaragüense. Los sandinistas han vuelto a
cantar su himno con todo y la frase aquella
"luchamos contra el yanqui, enemigo de la
humanidad". Don Arnoldo se prepara para tomar
posesión de la Asamblea Legislativa con
la cohorte de diputados por él mismo
escogidos. Y Nicaragua espera expectante una
nueva oportunidad para salir del agujero en el
que se encuentra, esta vez, de la mano de un
hombre con credenciales limpias como Enrique
Bolaños.
Ojalá que el nuevo Presidente Electo
tenga las suficientes agallas y la agudeza
política para ponchar a tanto personaje y
tantos pactos y prácticas vergonzosas,
que sólo han venido sirviendo para
alentar la corrupción y debilitar la
incipiente democracia en ese querido país
hermano. Lo que menos necesitan nuestros
países centroamericanos son esta clase de
políticos que piensan que los puestos
públicos son para explotarlos a su favor
y, lo que es peor, para siempre.