Domingo 11 de noviembre 2001



























San Lucas 20, 27-38
Evangelio para domingo

Dios de vivos

Se acercaron a Jesús algunos saduceos. Esta gente niega que haya resurrección, y por eso le plantearon esta cuestión: "Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si un hombre tiene esposa y muere sin dejar hijos, el hermano del difunto debe tomar a la viuda para darle un hijo, que tomará la sucesión del difunto. Había, pues, siete hermanos. Se casó el primero y murió sin tener hijos. El segundo y el tercero se casaron después con la viuda. Y así los siete, pues todos murieron sin dejar hijos. Finalmente murió también la mujer. Si hay resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa esta mujer, puesto que los siete la tuvieron?".

Jesús les respondió: "Los de este mundo se casan, hombres y mujeres, pero los que sean juzgados dignos de entrar en el otro mundo y de resucitar de entre los muertos ya no toman marido ni esposa. Además ya no pueden morir, sino que son como ángeles. Son también hijos de Dios por haber nacido de la resurrección.

En cuando a saber si los muertos resucitan, el mismo Moisés lo dio a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él".

Comentario

Jesús comunica al Dios de la vida

"Algunos de los saduceos..."

La fe en la resurrección no era compartida por todos en tiempo de Jesús. En este pasaje del Evangelio de Lucas, los saduceos que presentan el caso a Jesús creen que la vida presente puede muy bien satisfacer todas las aspiraciones, por eso una vida después de la muerte no es ni necesaria ni comprensible.

El caso presentado pretende refutar la creencia en otra vida por medio del ridículo.

"... Siendo hijos de la resurrección"

Jesús, con su respuesta expresa el grado de ignorancia que poseen quienes lo cuestionan porque no comprenden nada sobre la vida futura. La vida nueva se rige por leyes nuevas y si allí ya no se muere tampoco se necesita la sucesión.

Simplemente no se puede imaginar, las representaciones que se poseen están condicionadas por las experiencias de espacio y tiempo, caducidad, tensiones, noche y día, enfermedad y muerte.

Si todo fuera como es posible imaginarlo, no habría vida sin muerte ni alegría sin tristeza ni encuentro sin despedida. No es posible imaginarlo. ¡Será una vida nueva y no una prolongación de la presente!

Los que no pueden imaginar tampoco pueden creer. El argumento está centrado más bien sobre Dios y su poder. Hay que dejar a Dios ser Dios. El que pone límites al saber o al poder de Dios no le deja ser Dios, le reduce a algo creado por la mente humana y a semejanza humana.

"Para Él todos viven..."

En respuesta a los saduceos que negaban la resurrección, Jesús usa la historia sagrada y la tradición bíblica para enseñar que su Dios no es Dios de muertos sino de vivos y que por lo mismo todos estamos llamados a resucitar y vivir eternamente.

En esa nueva condición de resucitados, muchas situaciones y realidades que son importantes en esta vida deberán ser superadas porque carecerán de sentido; lo fundamental entonces será vivir en plenitud la condición de hijos de Dios y disfrutar de la vida sin fin.

La fe en la resurrección es la fe en un Dios que da, y quiere, la vida para todos, "porque para Él todos viven...".

"Y nosotros..."

Sabernos destinados a la vida eterna debe proporcionarnos serenidad y alegría, pero al mismo tiempo debe motivar nuestro compromiso de orientar cada vez mejor nuestra existencia hacia esa meta gloriosa que es objeto de nuestra esperanza.

El desafío es el de apreciar y asumir las realidades terrenas como medios que nos conduzcan a los bienes eternos, vivir nuestros trabajos y deberes cotidianos desde el punto de vista de quien trascenderá después de la muerte en la comunión de amor con el Dios de la vida.

Y por si fuera poco, la fe y la esperanza en la resurrección deben traducirse en un compromiso por defender la vida: Creer en el Dios de los vivos nos hace rechazar la muerte temprana e injusta proporcionada a tantos de nuestros contemporáneos...

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb

NOTA: Usted también puede leer la cita del evangelio para este domingo, así como su comentario en la página www.escogecr.com.





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