Carta de una
salvatrucha desde Beijin
Queridos lectores: por esta vez les
envío una carta que me escribió
una verdadera salvatrucha desde Pekín,
capital de China. La historia es real, como todo
lo que yo escribo, y lo que le pasó por
casarse con gringo de La Casona de Santa Elena.
Ahí les va la historia, para que vean que
en todos los confines hay paisanos. Ojo: los
paréntesis son míos.
- Lito
Montalvo
"Me
casé en 1991, emigramos con mi esposo
hacia Estados Unidos, para luego salir
designados primero a Chipre, después lo
mandaron a Arabia Saudita por dos años en
donde me tocaba andar totalmente cubierta de
pies a cabeza cada vez que salía, aunque
sea al súper.
"Luego nos mandaron a Bogotá por otros
dos años y hoy que estamos aquí en
la bella co-China -sí, son bien chuquitos
los chinitos&emdash; (también los
salvadoreños, hemos pasado 10 días
sin bañarnos). Le hago más o menos
al chino (supongo que se refiere al idioma),
pues aquí el 95% de la población,
que serán unos 999 millones más o
menos, no le habla ni jota de ingles, así
que a pura fuerza me ha tocado aprenderlo para
poder salir a la calle de compras, restaurantes
y traducirle a mi querido esposo, que tampoco lo
habla.
"También he aprendido a comer con
palitos chinos, aunque todavía no he
tenido el privilegio de probar ratas -andan algo
escasas, hoy con eso de los olímpicos
están en gran demanda- (aquí
hay en abundancia y las podemos exportar), pero
sí he probado unas ranas bien cholotonas
que son consideradas un manjar y no son nada
baratieris. Incluso, en algunos restaurantes
durante el "happy hour" le sirven de boquita
masacuatas encurtidas, no es paja (aquí
hay conchas sazonadas con marea roja). La vida
en general no es tan mal, más bien es
seguro salir a cualquier lugar hasta bien tarde,
no hay delincuencia ni violencia (igualito que
Soyapango) salvo cuando se encuentra
detrás del volante porque aquí
todos manejan a lo mula. (fíjese que
aquí no, son bien calmados los muchachos
en especial los microbuseros). Los
súperes están bien abastecidos,
léase hay mucho producto importado de
todos lados del mundo a precios razonables. Los
chinos, como le comentaba anteriormente, son
algo brutos para manejar y con tanta bicicleta
hay que tener cuidado de no echárselos,
pues son de la creencia "no vel, no velgazo".
(aquí, vel o no vel siemple hay velgazo)
La vivienda, por lo menos para los extranjeros,
no es tan mala, nosotros vivimos en un
apartamentito como a quince minutos de la plaza
de Tianamen y cerca de centros comerciales,
metro y mercados. Hay mucho que comprar y como
se imaginará se puede conseguir de todo a
buenos precios, es más, a todas las
mujeres que venimos a vivir aquí se nos
hace vicio por las compras. Hay un "mercado
campesino" donde todos los fines de semana
llegan vendedores de todas las regiones de la
China a vender sus artesanías. El toque
está en irse bien tempranito para agarrar
lo mejorcito y hacerse la dura a la hora de
regatear con los precios &emdash;costumbre de
rigor y la cual es todo un arte que todas
tratamos de perfeccionar&emdash; (mero buxa
la paisana). A mí en lo personal me
fascina coleccionar todo lo que sea antiguo, no
destartalado, pero que se vea viejito. Viera
todas las piezas de las que me he hecho, hasta
zapatitos de cuero tengo de la época en
que a las mujeres todavía se les
amarraban los pies para que los tuvieran estilo
muñón, mi esposo sólo se
ríe por las excentricidades que
colecciono desde que vivimos aquí. Me
imagino que tanto tesoro ha de venir de cuando
tuvo lugar la Revolución Cultural de don
Mao, que invitó al vulgo a que saqueara
los palacetes de todos los burgueses cuando
estos fueron enviados al campo para que
aprendieran a labrar la tierra hombro a hombro
con los campesinos. ¿Qué más
le puedo contar?
"Tengo dos niños, Miguelito, de 9
años, y Ethan de 5 y medio. Miguelito es
puro salvatrucho, el enano salió bien
zarquito y chelito, como los abuelitos paternos.
Tengo la suerte que no se me han rebelado
todavía y me hablan el español con
buen acento salvadoreño (así me
gusta, paisana, que no se olviden de su idioma y
de su patria), pues sé de muchas amigas
latinas cuyos hijos no quieren hablarlo, pues el
que realmente importa -dicen ellos- es el
"American Inglish". Y hoy que los muchachos
están ya en el colegio todo el
día, conseguí un trabajo de medio
tiempo en la embajada, para no pasarla tan de
balde. (Aquí a eso le llamamos
cachería, y no estar de balde)
"Bueno, don Lito, no lo quiero atarantar
(¿más?) con tanta periquera, que
cuando me dan cuerda, no hay quien me pare.
Espero que nos podamos "e-meiliar" seguido,
mientras su apretado horario se lo permita.
Cuídese y no piense que es metido, nada
que ver. Lilian".
INSERTO : En China los que manejan dicen: "No
vel, no velgazo". Aquí decimos: "Vel o no
vel, siemple velgazo".