Una cálida y
blanca tradición
La producción de cal es una de las
tradiciones más arraigadas del municipio
de Metapán, en Santa Ana. En algunos de
sus cantones y caseríos funcionan
rudimentarios hornos artesanales donde se queman
piedras calizas, que son la materia prima de
esta industria.
- José
Osmín Monge
- El Diario
de Hoy
- FOTOS
EDH/ CÉSAR AVILÉS
Metapán cuenta con grandes yacimientos
de roca caliza, de la que se extrae la materia
prima de una de las industrias más
antiguas de ese municipio: la explotación
de cal.
Esta actividad es una labor tradicional, que
ha sido heredada de generación en
generación y que se niega a desaparecer.
Este trabajo fue introducido por los
españoles en la época de la
colonia, y hasta el día de hoy es la
principal fuente de trabajo para decenas de
pobladores.
Jaime Aníbal García, de 18
años, es uno de ellos. Reside en la
Hacienda San Andrés, y junto a su familia
emplea más de 15 horas diarias en la
obtención de este producto.
"Desde hace mucho tiempo, mi familia se ha
dedicado a este trabajo. Las tareas implican
desvelos y mucho sacrificio", manifiesta
Aníbal.
Por lo general, Aníbal suele estar
acompañado de su abuelo Abel Santos
Osorio, quien a sus 56 años es uno de los
caleros más experimentados y reconocidos
de la zona.
"Este trabajo me lo enseñó mi
papá, y a él mi abuelo
Ha
sido un trabajo que ha pasado por muchas
generaciones", manifiesta con una sonrisa don
Abel.
Él manifiesta que la extracción
de cal requiere de mucho tiempo y esfuerzo, pero
que pese a ello las ganancias suelen buenas.
Piedras al horno
El proceso de producción de cal es
realizado de forma artesanal, ya que la mayor
parte del trabajo requiere de la fuerza y de la
creación del hombre.
El primer paso de este arduo proceso es la
extracción de la materia prima, que se
realiza en los lugares conocidos como
"arrancaderos".
A menudo se suelen ver en estas canteras a
adultos y jóvenes desprendiendo con
barrenos y almádanas trozos de roca
caliza.
A veces resulta difícil extraer la
piedra de los paredones, es por lo que se
utilizan explosivos. Los grandes bloques
desprendidos son cortados en pequeñas
porciones, y luego llevados en bestias de carga
hasta los terrenos de los trabajadores.
Ahí esperan los hornos artesales donde
son quemadas las piedras.
El horno es en un compartimiento de forma
convexa (de aproximadamente tres metros de alto
y dos metros de ancho), hecho de talud o
paredón de tierra. La base del horno
está revestida de ladrillo de arcilla y
una mezcla especial para evitar fugas de calor.
En el interior se colocan las piedras calizas
una encima de otra (a modo de pared) hasta
formar una especie de campana.
Posteriormente se prende fuego en el centro
del horno. La piedra caliza es sometida a
temperaturas de hasta 1,500 grados
centígrados. El fuego se mantiene hasta
diez días, dependiendo de la dureza de la
piedra caliza. Es la misma experiencia de los
trabajadores la que les indica cuándo la
cal dio su punto y está totalmente
quemada.
El fuego es alimentado constantemente,
introduciendo, a través de un agujero,
trozos de leña.
"Debemos estar día, noche y madrugada
viendo que no se apague el fuego. Mi abuelo y yo
nos turnamos para estar pendientes del horno",
comenta Aníbal.
Después de permanecer varios
días quemándose la piedra,
ésta se deja enfriar otros dos
días, y luego se procede a desprenderla.
La roca cae en pedazos convertida en cal
viva.
De mucho uso
La blanca cal es colocada en sacos de
henequén y luego transportada en camiones
hasta las bodegas. Ahí la cal viva es
esparcida en el suelo y se le agrega agua, que
provoca una reacción exotérmica. A
este parte del proceso se le llama
"hidratación de la cal", que es la
conversión del óxido de calcio en
hidróxido de calcio, conocido
comúnmente como cal hidratada.
Este producto es colocado en cribas
rotativas, movidas por energía
eléctrica, que separa el material fino
del grueso. Seguidamente la cal hecha polvo es
empacada en bolsas de papel "kraft" y luego es
comercializada.
A pesar que se ha experimentado una
considerable baja del consumo de la cal, sigue
siendo un material utilizable en la
albañilería y en la
agricultura.
Esta tradición sigue vigente, gracias
al afán y a la entrega de esos hombres y
jóvenes que trabajan en las caleras. Son
ellos los que se sacrifican día y noche
para mantener vivo el principal patrimonio de
Metapán.