El
Salvador en perspectiva
El futuro del
café
Mario
Rosenthal
E- mail: mrelsalv@cyt.net
La
Organización Internacional del
Café, cuyos miembros producen las dos
terceras partes de la producción mundial
del café, se dio por vencida en su
intento de detener la caída del precio
con la retención del 20% de la
exportación y abandonó el intento.
Países no miembros de la
asociación sencillamente aumentaron sus
exportaciones; entre ellos, principalmente
Vietnam.
La situación es fácil de
entender: la producción mundial del
café excede el consumo, de modo que el
precio es determinado por las fuerzas del
mercado, o sea la oferta y la demanda, y son los
compradores que mandan en el mercado mundial del
café. Otro problema es que el
procesamiento del café verde al
café tostado que compra el último
consumidor es dominado, en el mayor mercado del
mundo -Estados Unidos- por unos pocos
tostadores. Desde luego, el valor agregado por
el procesamiento, empaque y distribución
no lo recibe el productor; tampoco el precio al
consumidor, que muchas veces es el valor de la
materia prima, casi nunca refleja las alzas y
bajas del precio pagado al productor. Lo
más curioso de esta situación es
que en las grandes ciudades los exigentes
bebedores de café gourmet muchas veces
pagan más por una taza de café de
lo que recibe por su jornal diario el campesino
que tiene la suerte de tener trabajo.
El precio del café obedece a factores
sobre los cuales los productores no ejercen
ningún control. El comercio mundial,
aún en los países que se esfuerzan
por librarse de la tiranía absoluta de la
economía de mercado, tratando de
controlar por leyes la producción,
consumo y exportación de insumos como
azúcar, café, bananas,
maíz, arroz, algodón, y otros, han
fracasado en sus intentos de lograr precios
competitivos. La manera más fácil
de sostener a los productores de insumos, que no
pueden competir en el mercado mundial, es
imponer precios arbitrarios para el consumo
interno, que cubran los costos y dejen margen de
ganancia, o, por lo menos, cubran el costo de
producción y permitan la
exportación a los precios menos del
costo, como hace El Salvador con el
azúcar. Esto es un impuesto oculto para
los consumidores internos, y, además,
distorsiona el mercado interno del insumo cuando
es usado como materia prima en procesos
industriales.
Mantener el precio interno de ciertos
productos a lo largo hará fracasar la
globalización y el sueño de un
mercado mundial libre. El problema del
café es agudo para El Salvador y
representa una amenaza superior al terrorismo
religioso. Subsidiar a la producción del
café sólo es una paliativa
temporal, aunque muy necesaria en estos
momentos. El verdadero remedio es la
diversificación de la producción
agrícola, porque la maquila jamás
podrá llenar el déficit de puestos
de trabajo debido a la crisis cafetalera.
De México a Brasil cientos de miles de
trabajadores agrícolas no tienen trabajo,
y han emigrado a las periferias de las grandes
ciudades y centros de industria en busca de
empleo. La continuada caída del precio
del café, las buenas cosechas de Brasil,
durante los dos últimos años, y la
producción de café con el costo de
mano de obra sumamente baja en Vietnam, tienen
en crisis a los países productores de
café. Nosotros dudamos que el consumo
mundial de café aumentará, ya que
las bebidas embotelladas, que tienen enormes
recursos para propaganda, han desplazado el
café, aún en El Salvador.