Viernes 5 de octubre 2001


El hombre sin cabeza

Silverio era el hombre fuerte del partido. Su reputación, no obstante, no venía por méritos propios. Es más, ni siquiera era un militante histórico. Era un tránsfuga. Venía de los cristianos demócratas.

Luis Laínez

Cuando Silverio empezó a ser importante en el partido fue gracias a un ex comandante y a sus seguidores.

Él era el estratega y el ideólogo. Ponía todo su pensamiento en la cabeza de Silverio y entonces éste aparecía ante las masas como el ungido por la Historia para ser el líder de la Nación.

Tanta fue la influencia de Silverio entre la gente que los seguidores del ex comandante hubieran tirado balazos por él. Pero como ahora la lucha es política, dieron todo su sudor, pusieron la cara y soportaron insultos en su nombre.

Pero en el corazón de Silverio había duda y temor. Cuando salía del carro que lo llevaba a la convención, hace tres agostos, lo seguía un séquito de guardaespaldas.

La lucha era fiera. A Silverio le dio miedo y, aunque tenía grandes probabilidades de derrotar a los candidatos del ala dura, tiró la toalla. El ex comandante se quedó en una difícil situación. No podía ceder ante sus adversarios barba largas, pero no tenía a quien promover, sobre todo porque el discurso reformista se había encarnado en Silverio.

El ex comandante se lanzó él mismo por el cargo que Silverio rechazó. Ganó, pero dividió al partido en dos. La victoria se convirtió en derrota a los pocos meses. El mecenas de Silverio perdió apoyo en el partido. Aún así, Silverio continuó a su lado, poniendo primero su oído atento y luego abriendo la boca para repetir lo escuchado.

El nuevo plan era volver a preparar a Silverio para la batalla de la que se había retirado. Pero algo salió mal. Uno de los seguidores del ex comandante empezó su propia lucha para ser el nuevo líder. Convenció a un grupo de diputados y les hizo creer que ahora serían la nueva mayoría. Silverio cayó ante el encanto de esa voz. Abandonó a su mecenas y empezó a poner su oído en otro lado. El nuevo líder buscó aliados y fue entonces que Silverio hizo otro cambio de cabeza y dirigió sus oídos hacia otra dirección.

Ahora es el vocero de la tercera voz. Sus labios pronuncian las palabras que el líder de la tercera voz dice por bajo. Ahora, cuando Silverio habla, se escucha un ramillete de ideas.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'01] [Portada] [Planeta Alternativo]


Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com