Medidas
contra el terrorismo
Primera gran crisis
del siglo y la ONU
Carmen
Gallardo de Hernández
Acaba de iniciar el 56º. período
de sesiones de Naciones Unidas en un contexto de
crisis, incertidumbre y búsqueda de una
coalición internacional en contra del
terrorismo. Las exigencias en términos de
seguridad, que rodean la ciudad de Nueva York,
han obligado a la organización mundial a
modificar su tradicional participaron de jefes
de Estado y de gobierno que cada año
aprovechan esta tribuna para dirigirse a la
comunidad internacional. En esta ocasión
el tema central de la agenda está
determinado por las consecuencias en el plano
internacional, creadas a raíz del ataque
terrorista perpetrado en territorio de
EE.UU.
Desde 1952, ningún alcalde se
había dirigido a los países
miembros. En esta oportunidad, la
intervención del alcalde de Nueva York,
Rudolph Giuliani, cuya capacidad en las labores
de rescate y de reorganización de la
ciudad ha merecido amplio reconocimiento, ha
sido clara: "No queda sitio para la neutralidad;
se está con la civilización o con
el terrorismo". En otros términos, su
llamado señala que la comunidad
internacional no puede permanecer indiferente
ante lo sucedido. Su declaración refuerza
el pedido del presidente Bush al resto de la
comunidad internacional, para constituir una
coalición internacional en contra del
terrorismo.
Más de 45 países se han
pronunciado en favor y han ofrecido su
colaboración en distintos campos. Para
algunos, sin embargo, la acción global a
largo plazo plantea ciertos problemas y
prefieren apoyar una acción conjunta bajo
los auspicios de Naciones Unidas.
Cabe señalar que Giuliani habla de
civilización y no de civilizaciones, lo
cual equivale a marcar una diferencia.
Entendemos que el ataque ha sido en contra del
conjunto de normas y valores en torno a los
cuales se espera se conduzcan, en tiempos de paz
y de guerra, los países civilizados.
Entendiendo por este término de
civilizado, según lo define el
Diccionario de la Real Academia Española:
"Sacado del estado de salvajismo".
En cambio, al hablar de civilizaciones -en
plural- nos acercamos al concepto manejado por
el autor Samuel Huntington en su obra
denominada: "Choque de civilizaciones". Este
autor predice que los conflictos del futuro
estarán determinados por factores
culturales. Lo cual obliga a buscar una mejor
compresión entre Occidente y las
demás naciones en el mundo. De hecho el
propio presidente Bush ha sido claro en afirmar
que EE.UU. no está en contra de la
civilización musulmana y su presencia en
días pasados, en una mezquita, reafirma
tal postura. Al referirse a una lucha "del bien
contra el mal", nos acercamos nuevamente a lo
que el alcalde Giuliani menciona: el ataque ha
sido en contra del respeto a la vida de seres
humanos inocentes.
Países como Kuwait, Emiratos
Árabes Unidos, Qatar, Bahrein y
Omán, que han accedido a permitir la
utilización de sus bases para atacar
Afganistán, se han pronunciado en favor
de una estrategia internacional a largo plazo en
contra del terrorismo, en la medida en que
ésta se configure en el marco de Naciones
Unidas y no sólo de la OTAN. EE.UU. lo ha
entendido y ha accedido a acercarse a la ONU,
para coordinar tal acción. Incluso su
mora de cuotas ha sido puesta en gran parte al
día. Recordemos que este tema lleva ya
tiempo incomodando a los demás
países miembros y poniendo en peligro el
funcionamiento mismo de la
organización.
La acción conjunta de los
países miembros conlleva ciertamente
varios aspectos en los cuales la
organización tiene competencia. En primer
término, la tipificación de los
actos de terrorismo -a la luz del contexto
geopolítico actual- en el marco de un
tratado internacional, contribuiría a
coordinar la campaña global en contra de
este fenómeno. Tal tratado pudiera
integrar unos doce acuerdos internacionales ya
existentes en materia de terrorismo. Varios de
ellos no han sido aún ratificados por
diversos países. Naciones Unidas invoca
este requisito hoy más que nunca, para
poder fundamentar posteriormente una
acción global en torno a un tratado
internacional.
Las medidas internacionales se deben definir
en distintos campos, siendo uno de ellos el
delicado tema de la lucha contra las amas de
destrucción masiva. Las posibles acciones
con armas químicas y biológicas
constituyen, por ahora, una grave amenaza para
la humanidad. El secretario general, Kofi Annan,
insta a los países miembros a ratificar
con urgencia los tratados existentes y a unirse
para erradicar este tipo de armas. El Consejo de
Seguridad -a instancias de EE.UU.- acaba de
emitir una resolución destinada a aplicar
medidas severas en contra de los terroristas,
grupos o países que los apoyan,
así como a congelar sus activos
financieros.
Entre las consecuencias que han tenido los
ataques del 11 de septiembre pasado se percibe
la necesidad de reformular la
tipificación de actos de terrorismo, no
obstante ello planteará un debate arduo
en Naciones Unidas, ya que será
conveniente acordar un texto balanceado que, a
juicio de algunos, no limite las libertades
individuales ni violente el respeto a los
derechos humanos.