Palabras
Un cerdo en el
jardín del Señor
Carlos
Balaguer
"El que se mete en el cieno los puercos lo
pisotean", reza un proverbio italiano.
¡Meted a un puerco en vuestro jardín
y veréis lo que queda del jardín!
Si el cerdo destruye las flores del
jardín del Señor,
¿está lejos la moral humana que por
igual destruye bosques, erige dictaduras
bestiales, contamina el aire y la naturaleza con
sus desechos químicos y nucleares, rompe
la flor y el trino y pisotea el amor?
El mundo ha sido invadido de cerdos. Cerdos
desnudos arrasando las ciudades, cerdos
disfrazados con los más diversos
uniformes o cerdos vivientes en el alma.
René Char nos regala este poema
innombrable: "La bestia innombrable cierra la
marcha del gracioso rebaño como un
cíclope bufo. Ocho improperios le sirven
de ornamento, se dividen su demencia. La bestia
eructa devotamente en el aire rústico.
Sus flancos rellenos y vacilantes son dolorosos;
están por vaciarse de su preñez.
Desde sus cascos hasta sus vanos colmillos,
está envuelta en hedor. Así se me
parece en el friso de Lascaux, madre
fantásticamente disfrazada. La
sabiduría mientras tanto, está con
los ojos llenos de lágrimas.
Día a
Día
No hay pueblo que pueda escapar de una
escalada terrorista mundial como la que se ha
venido produciendo. Los salvadoreños
hemos padecido enormemente por el terrorismo,
como ahora los irlandeses y los
españoles, y más tarde Dios sabe
quiénes.
La guerra -lo dejó implícito el
presidente Bush-no es contra los afganos, sino
contra los grupos dentro del régimen que
apoyan y dan refugio a la principal
organización terrorista en la actualidad.
Y sus más directas víctimas son
los más de veinte millones de infelices
pobladores, que se ven forzados a obedecer y
cumplir un esquema de vida aberrante y
anacrónico. Entre ellos, las mujeres
llevan la peor parte, inhabilitadas para
trabajar, sometidas a sus maridos y a la
policía religiosa, y obligadas a cubrirse
desde la cabeza hasta los pies.
Pero las bandas terroristas no operan
aisladas, sino que dependen de sus nexos y
apoyos ubicados en la mayor parte del mundo. Los
terroristas de todas las bandas, no importa de
dónde sean sus países sedes, se
entrenan y apoyan mutuamente en los centros del
terrorismo en los cinco continentes.