¿Y por
qué no hasta las 4:00?
Que los capitalinos dejen de tomar a las
2:00 a.m. y no hasta la medianoche no supone de
suyo una tragedia, a excepción de los
fácilmente predecibles accidentes de
tránsito, algunos asaltos, el ruido para
los vecinos y la resaca del día
siguiente.
Por Cristian
Villalta
Tampoco
supone automáticamente el florecimiento
de la industria gastronómica, o que el
sector informal y subempleado relativo al
entretenimiento nocturno (mariachis, mujeres de
la noche y taxistas) se convierta en bonancible.
Los turistas no vendrán ni más ni
menos por esas dos horas más de
alcohol.
¿Por qué entonces me siento tan
decepcionado? ¿De dónde nace este
hedor a impotencia?
Creo que se sustenta en uno de los mensajes
inmediatos de la disposición: Al poder de
este país no le importa, ni el bien
común, ni la tranquilidad ciudadana, ni
lo que piensan los de a pie. O, en el mejor de
los casos (que no es el caso), les importan
sólo cuando no son obstáculo para
otros intereses, más exclusivos y
minoritarios.
Tener un bar o un restaurante no es delito.
Los salvadoreños, suizos, alemanes y
demás que comprometen su dinero en una
inversión tan voluble por aquello de los
gustos merecen un elogio, al igual que cualquier
mediano o pequeño empresario que arriesga
capital en un sistema tan proclive a beneficiar
al pez gordo en detrimento del chimbolito.
Pero, oiga, menos delito es que los
capitalinos querramos una ciudad más
tranquila, desprovista, al menos un par de horas
más, de los excesos irremediablemente
asociados al consumo de alcohol, cerveza y otras
bebidas espirituosas.
Tal vez me equivoque, pero supongo que los
ciudadanos restauranteros son minoría
comparados con los ciudadanos no interesados en
esa industria. La matemática pura,
lamentablemente, no le sirve al Estado ni a sus
órganos, que prefieren otra
lógica, donde el signo de la resta
multiplica, donde el cero tiene dos pies y vota
cada cinco años.
Para colmo, los diputados del partido de
gobierno no se abstuvieron de votar por la
'prolongación' de la Ley Seca aún
cuando la relación de uno sus
máximos dirigentes con el rubro de la
producción de cerveza es pública y
podría despertar feos resquemores.
San Salvador cierra hasta las 2:00. De boca,
la impotencia ciudadana.