Martes 30 de octubre 2001


La incertidumbre golepa al sector
Cafetalerosentre la espada y la pared

Miles de familias que dependen del café, hoy viven una encrucijada: o se resignan a abandonar el cultivo, o empeñan su último bien para sobrevivir. El testimonio de un caficultor ilustra el drama

Lourdes Méndez
El Diario de Hoy

José, de 52 años, es todavía un mediano caficultor de la zona oriental, que produce alrededor de 750 quintales de café oro. Aunque sus cinco hijos son todos mayores de edad, sólo dos tienen vida independiente y tres aún dependen de la familia, que hasta dos meses atrás les costeaba el estudio.

Durante años, José y su familia vivieron de los ingresos generados por el café, tras el resultado de un duro año de trabajo en la finca.

Para lograr preservar la propiedad hasta la fecha, José pagó durante el conflicto pasado el típico "impuesto de guerra", además de cubrir las deudas y la manutención de la familia. Pasado ese período, José apostó a mejorar su finca de 45 manzanas.

Aquellos fueron años de crisis económica, que no distan mucho de los actuales, pese a que las condiciones del país son diferentes. José, el tenaz caficultor de esta historia, está hoy "enjaranado" hasta el tope.

Crisis actual

La caída de precios del café en el mercado internacional, también ha hecho mella en los avalúos de los bienes inmuebles en El Salvador.

"Antes mi finca la valoraba el banco en 1 millón 400 mil colones. Hoy, esa misma propiedad la han valuado en 750 mil colones y me sirve de garantía para un préstamo de 500 mil colones", explicó el productor afectado, luego de añadir que su deuda asciende a ¢525 mil y por tanto, la banca también le exige otra garantía complementaria para ajustarle el financiamiento y otorgarle el crédito para la recolección.

"El único bien que puedo ofrecer es mi casa de habitación... ¿qué hago? ¿Y si los precios no mejoran y pierdo mi casa?" se preguntó angustiado el cafetalero.

Como está en la encrucijada de si le conviene hipotecar la vivienda o no, José se vió obligado a retirar del colegio a sus tres hijos, que aún dependen económicamente de la familia.

En el afán de subsistencia, José vendió unos árboles de cedro y un solar que tenía cerca del pueblo, debido a que la finca, al no ser considerada como una total garantía, tampoco le permite reestructurar su deuda a plazos.

El presente

Las matemáticas de José indican que para realizar la recolección del aromático, necesita ¢125 por quintal producido. Se suman los descuentos de ¢43.75 del Fondo de Emergencia del Café (FEC) y el 1.5% de renta que el Ministerio de Hacienda exige como pago sobre pérdidas.

Según el flujo de sus ingresos, José señala que el pago interno de su café tiene de referencia la cotización de la Asociación de Beneficiadores de Café (Abecafé).

"Con los precios actuales, el café lo paga Abecafé a ¢80 por quintal, por lo que quedo debiendo de la recolección unos ¢90 por quintal", enfatizó José. Sus cifras prevén un endeudamiento de ¢77,500, es decir una pérdida real de 33,750 colones.

Él también ha considerado la posibilidad de no cortar el café. Sin embargo está consciente de las siguientes reacciones:

"Se va a meter la gente (particulares) a la finca y me dañarán la plantación. ¿Después quién los saca? La finca corre el riesgo de convertirse en una finca de nadie: primero me sacarían el café, luego me convertirían en leña las plantaciones y si algún día el café llegara a valer, ¿cuánto me costaría recuperarla?"

Al igual que muchos caficultores, la pasión de José por el aromático no es una actividad de pocos años.

A su memoria se vienen hechos que recuerdan que antes y durante la nacionalización de las exportaciones, la base de la economía rondó en torno del café.

"Nos descontaban entre el 30 al 45%del valor de la exportación, durante el Gobierno democráta cristiano, más el diferencial cambiario para el café de ¢2.50 por dólar, mientras otros sectores tenían ¢5 por dólar.

Pérdidas durante la nacionalización

-Sin incluir las pérdidas ocasionadas por fenómenos naturales como la sequía o el exceso de humedad en los cafetales (El Niño y La Niña), así como la actual crisis de bajos precios, los números de José indican que sólo en el período de la nacionalización el cafetalero dejó de percibir más de $450 millones.

-José también recuerda que en 1990, al emitir el Go-bierno la Ley de Fomento de las Exportaciones, de la que excluyeron al café, al sector le generó un egreso de $180 millones adicionales.


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