El Diario de
Hoy
El
fenómeno de las "maras" o pandillas
juveniles en El Salvador va en aumento. Fuentes
policiales estiman que hay 20 mil
jóvenes, entre hombres y mujeres, que
pertenecen a algún grupo de "maras".
Las "maras" se han convertido en un
ejército que usa armas de
fabricación artesanal -algunos poseen
armas de fuego-, siembran pánico en la
población y, sin embargo, se mueven con
libertad entre barrios y colonias populares.
La Policía detiene a los "mareros"
cuando hay riñas callejeras o en
flagrancia durante hechos delictivos. De lo
contrario, se pueden ver a estos jóvenes
en las esquinas de las calles o reunidos en
casas abandonadas, las que hacen sus centros de
operaciones.
Una reciente investigación
sicológica hecha por la Universidad
Tecnológica de El Salvador (UTEC),
titulada: "El barrio, la frontera del joven
pandillero", arrojó valiosa
información.
El sicólogo Mauricio Morán
Mónico, responsable de desarrollar la
investigación, dijo que una de las
conclusiones del estudio es que los
jóvenes buscan en los grupos de "maras"
el afecto que se les ha negado en sus
hogares.
Es decir que con este resultado
desvirtúan algunas tesis que
sostenían que la desintegración
familiar como tal, era la principal causa para
que un joven se incorporara en las "maras".
"Es importante la integración
física en la familia, pero es más
determinante la integración afectiva",
dijo Mena.
Otra conclusión es que el maltrato
físico y la poca supervisión desde
la temprana edad por parte de los padres
biológicos incide en la personalidad y
conducta del "marero".
Indica que el maltrato recibido de parte de
la madre influye más en los
jóvenes.
En un 42 por ciento la madre biológica
es quien en mayor grado maltrata a sus hijos,
contra el 23 por ciento de los padres.
En la investigación participaron
integrantes de las "maras" recluidos en centros
de readaptación para menores infractores
y en colonias de municipios del Gran San
Salvador, donde hay presencia de estos
grupos.
En total fueron 416 encuestas válidas
las que se tomaron como muestra. Cada entrevista
duraba una hora y media. La participación
era voluntaria.
Estratos
Uno de los objetivos principales de los
investigadores era explicar el perfil de la
personalidad de los miembros de "maras".
Las "maras" y las pandillas se diferencian
por clase, igual que la sociedad civil; por
ejemplo, en las "maras" hay tres clases: "baja,
media y alta".
La clase baja son los "mareros" que lanzan
piedras en las calle; los de la clase media son
los que están mejor organizados pero con
la diferencia que no lanzan piedras.
Mientras los de la clase alta se denominan
pandilleros, porque son los mejor organizados.
Entre sus miembros hay quienes poseen
títulos de bachilleres o equivalentes,
estudios universitarios incompletos. La
mayoría han sido deportados y pueden
hablar dos idiomas, por lo general
inglés-español.
En el país existen diferentes grupos
de "maras"; sin embargo, para efectos del
estudio se tomó en consideración a
miembros de la "Salvatrucha" (MS), "18" y "Mao
Mao".
Estos grupos tienen características
similares. La diferencia consiste en que se
reúnen en diferentes zonas del
país, por lo general en sus colonias de
residencia.
Desde el surgimiento de las "maras", a
inicios de la década del ochenta, la
sociedad salvadoreña ha ligado a estos
jóvenes con hechos delictivos,
drogadicción y vandalismo.
Con todo y la imagen negativa que ellos se
han formado, hay muchos adolescentes -faltos de
afecto en sus familias- que aspiran pertenecer a
uno de estos grupos, de allí que el
número de miembros vaya en aumento.
Charlas
Víctor Manuel Herrera, jefe del
Departamento de Seguridad Pública, de la
Policía Nacional Civil, del municipio de
Ilopango, informó que han incrementado la
presencia policial.
La Policía está abordando el
combate a las "maras" desde dos perspectivas:
con patrullajes disuasivos en colonias, que
hacen policías destacados en una misma
zona, para ganarse la confianza de la
población, y desarrollando programas de
tipo preventivo en escuelas.
Tales programas educativos están
enfocados al no uso de drogas y son impartidos a
estudiantes de centros educativos ubicados en
Ilopango, Soyapango y San Martín.
Los policías llegan a los salones de
clases, desde séptimo hasta noveno grado,
a desarrollar, en una hora, temas relacionados a
la prevención de drogas. También
explican a los educandos los riesgos que tiene
pertenecer a una "mara".
"Las charlas son durante la semana. Esto lo
estamos haciendo en coordinación con los
directores de las escuelas", dijo el
subinspector Herrera.
El límite del "barrio"
Los "mareros" ponen sus propias fronteras en
las ciudades. Y no permiten que otros grupos se
acerquen
En las paredes exteriores de las zonas
populares del país se puede observar el
grafiti (dibujos hechos con aerosoles de
colores) que los "mareros" acostumbran a hacer
para marcar su territorio.
Los territorios -o barrio, como le llaman
ellos- son las colonias donde habitan.
Allí se reúnen voluntariamente
en lugares estratégicos, en las esquinas,
una cancha o en una casa abandonada, para
planear actividades de esparcimiento, pero a la
vez organizar robos y consumir drogas.
El barrio es la zona que los "mareros"
defienden y ésta puede tener una
extensión de menos de un kilómetro
o todo el espacio que abarque la colonia.
El "marero" no puede salir más
allá del límite del barrio porque
puede ser atacado por rivales.
Cuando un "marero" pasa por una colonia que
no es de su territorio y se encuentra a otros,
éste tiene que identificarse a
través de señas con las manos (a
este lenguaje le llaman rifar el barrio).
Eso significa que le están preguntando
al visitante ¿cuál es tu barrio? o
¿qué rifa? El joven tiene que
responder también con movimientos en sus
manos.
Si las señas que hace el visitante no
son de la mara que domina en el barrio, el joven
forastero está en aprietos y tiene que
salir huyendo antes que sea linchado.
A eso se debe que en la mayoría de
casos ellos no caminen fuera de sus territorios
solos.
Cuando pisan territorios controlados por
otras "maras" suceden las riñas
callejeras que muchas veces dejan heridos,
muertos o daños materiales.
Los jóvenes tienen disponibles armas y
artefactos explosivos hechizos. Los grupos mejor
organizados poseen incluso armas de
guerra.