Domingo 28 de octubre 2001



Más de 20 mil en maras

Un estudio reciente hecho por la Universidad Tecnológica determinó que la edad promedio mínima de ingreso a las "maras" es desde los 13 años

Primera Entrega
Francisco Mejía
El Diario de Hoy

El fenómeno de las "maras" o pandillas juveniles en El Salvador va en aumento. Fuentes policiales estiman que hay 20 mil jóvenes, entre hombres y mujeres, que pertenecen a algún grupo de "maras".

Las "maras" se han convertido en un ejército que usa armas de fabricación artesanal -algunos poseen armas de fuego-, siembran pánico en la población y, sin embargo, se mueven con libertad entre barrios y colonias populares.

La Policía detiene a los "mareros" cuando hay riñas callejeras o en flagrancia durante hechos delictivos. De lo contrario, se pueden ver a estos jóvenes en las esquinas de las calles o reunidos en casas abandonadas, las que hacen sus centros de operaciones.

Una reciente investigación sicológica hecha por la Universidad Tecnológica de El Salvador (UTEC), titulada: "El barrio, la frontera del joven pandillero", arrojó valiosa información.

El sicólogo Mauricio Morán Mónico, responsable de desarrollar la investigación, dijo que una de las conclusiones del estudio es que los jóvenes buscan en los grupos de "maras" el afecto que se les ha negado en sus hogares.

Es decir que con este resultado desvirtúan algunas tesis que sostenían que la desintegración familiar como tal, era la principal causa para que un joven se incorporara en las "maras".

"Es importante la integración física en la familia, pero es más determinante la integración afectiva", dijo Mena.

Otra conclusión es que el maltrato físico y la poca supervisión desde la temprana edad por parte de los padres biológicos incide en la personalidad y conducta del "marero".

Indica que el maltrato recibido de parte de la madre influye más en los jóvenes.

En un 42 por ciento la madre biológica es quien en mayor grado maltrata a sus hijos, contra el 23 por ciento de los padres.

En la investigación participaron integrantes de las "maras" recluidos en centros de readaptación para menores infractores y en colonias de municipios del Gran San Salvador, donde hay presencia de estos grupos.

En total fueron 416 encuestas válidas las que se tomaron como muestra. Cada entrevista duraba una hora y media. La participación era voluntaria.

Estratos

Uno de los objetivos principales de los investigadores era explicar el perfil de la personalidad de los miembros de "maras".

Las "maras" y las pandillas se diferencian por clase, igual que la sociedad civil; por ejemplo, en las "maras" hay tres clases: "baja, media y alta".

La clase baja son los "mareros" que lanzan piedras en las calle; los de la clase media son los que están mejor organizados pero con la diferencia que no lanzan piedras.

Mientras los de la clase alta se denominan pandilleros, porque son los mejor organizados. Entre sus miembros hay quienes poseen títulos de bachilleres o equivalentes, estudios universitarios incompletos. La mayoría han sido deportados y pueden hablar dos idiomas, por lo general inglés-español.

En el país existen diferentes grupos de "maras"; sin embargo, para efectos del estudio se tomó en consideración a miembros de la "Salvatrucha" (MS), "18" y "Mao Mao".

Estos grupos tienen características similares. La diferencia consiste en que se reúnen en diferentes zonas del país, por lo general en sus colonias de residencia.

Desde el surgimiento de las "maras", a inicios de la década del ochenta, la sociedad salvadoreña ha ligado a estos jóvenes con hechos delictivos, drogadicción y vandalismo.

Con todo y la imagen negativa que ellos se han formado, hay muchos adolescentes -faltos de afecto en sus familias- que aspiran pertenecer a uno de estos grupos, de allí que el número de miembros vaya en aumento.

Charlas

Víctor Manuel Herrera, jefe del Departamento de Seguridad Pública, de la Policía Nacional Civil, del municipio de Ilopango, informó que han incrementado la presencia policial.

La Policía está abordando el combate a las "maras" desde dos perspectivas: con patrullajes disuasivos en colonias, que hacen policías destacados en una misma zona, para ganarse la confianza de la población, y desarrollando programas de tipo preventivo en escuelas.

Tales programas educativos están enfocados al no uso de drogas y son impartidos a estudiantes de centros educativos ubicados en Ilopango, Soyapango y San Martín.

Los policías llegan a los salones de clases, desde séptimo hasta noveno grado, a desarrollar, en una hora, temas relacionados a la prevención de drogas. También explican a los educandos los riesgos que tiene pertenecer a una "mara".

"Las charlas son durante la semana. Esto lo estamos haciendo en coordinación con los directores de las escuelas", dijo el subinspector Herrera.

El límite del "barrio"

Los "mareros" ponen sus propias fronteras en las ciudades. Y no permiten que otros grupos se acerquen

En las paredes exteriores de las zonas populares del país se puede observar el grafiti (dibujos hechos con aerosoles de colores) que los "mareros" acostumbran a hacer para marcar su territorio.

Los territorios -o barrio, como le llaman ellos- son las colonias donde habitan.

Allí se reúnen voluntariamente en lugares estratégicos, en las esquinas, una cancha o en una casa abandonada, para planear actividades de esparcimiento, pero a la vez organizar robos y consumir drogas.

El barrio es la zona que los "mareros" defienden y ésta puede tener una extensión de menos de un kilómetro o todo el espacio que abarque la colonia.

El "marero" no puede salir más allá del límite del barrio porque puede ser atacado por rivales.

Cuando un "marero" pasa por una colonia que no es de su territorio y se encuentra a otros, éste tiene que identificarse a través de señas con las manos (a este lenguaje le llaman rifar el barrio).

Eso significa que le están preguntando al visitante ¿cuál es tu barrio? o ¿qué rifa? El joven tiene que responder también con movimientos en sus manos.

Si las señas que hace el visitante no son de la mara que domina en el barrio, el joven forastero está en aprietos y tiene que salir huyendo antes que sea linchado.

A eso se debe que en la mayoría de casos ellos no caminen fuera de sus territorios solos.

Cuando pisan territorios controlados por otras "maras" suceden las riñas callejeras que muchas veces dejan heridos, muertos o daños materiales.

Los jóvenes tienen disponibles armas y artefactos explosivos hechizos. Los grupos mejor organizados poseen incluso armas de guerra.


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