Don Lito se toma su
cafecito
No es la primera vez que escribo sobre el
café. También he hecho
almácigos, lo he cultivado, lo he
sembrado y lo he tostado, vendí
fertilizante e insecticidas para cafetales y
también lo he bebido en grandes
cantidades. Amo el café.
- Lito
Montalvo
Recuerdo
que una vez pedí una taza de café
con "cremora" y azúcar y un caficultor
beneficiador que estaba a mi lado me dijo
textualmente: "¡Púchica, don Lito!,
Lo que cuesta producir una humeante y
aromática taza de café y usted la
adultera, o mejor dicho, la degenera con esos
ingredientes sintéticos que le echa".
Lo interrogué con la mirada.
-Para que un cafeto produzca esos granos
color rojo llenos de miel, se necesita mucho
trabajo.
-Lo seguí interrogando.
-Hay que seleccionar la semilla y la
variedad. Luego se hace un semillero donde se
pone a germinar la semilla, luego ya en papalota
se pasa a una bolsa con tierra, lo que se llama
vivero. Al año se transplanta al sitio
definitivo, que ya debe tener una sombra
adecuada para que no se achicharre con el sol,
el palito. De allí hay que cuidarlo con
limpieza, fertilización, poda, manejo de
sombra; por último hay que cortarlo.
-¡Parece chiche! Le dije para darle
más ánimo.
Esa es la mitad, la otra mitad es el
beneficiado, que consiste en quitarle la
cáscara y las mieles, secarlo, luego
quitarle la corteza o pergamino y hacerlo
"oro".
Después se selecciona para ver las
mezclas, hay que catarlo para llegar hasta la
taza de café que usted tiene entre sus
manos.
El aroma del café me entraba por los
orificios de las fosas nasales,
llegándome hasta el tálamo
izquierdo que es el que pide una semita mieluda
para acompañar el cafecito.
-¡Este sí es un buen café
de palo, exclamé¡
-Todo el café es de palo. Si le dan
otra cosa molida, se puede llamar tiste, pinol u
horchata caliente, pero no café.
Lo volví a interrogar con mi mirada
inquisidora. Él, ávido de dar
información, contestó.
-En un tiempo, don Lito, el precio del
café era tan alto, que los pobres, para
variar, no tenían capacidad de tomar buen
café y tomaban café de maíz
tostado, que a veces lo revolvían con
semilla de aguacate y algunas cascaritas de
café cereza, para darle sabor. Ahora, un
quintal de maíz en plaza vale más
que un quintal de café, aunque para
producir un quintal de maíz sólo
se tarda cuatro meses, igualito que el
café, sólo que ¡cuatro
años!
Quiere decir que con los granos con que se
hace una tortilla de maíz se prepara una
taza de café.
-Más bien dos tazas con los mismos
granos de café.
-¿Y cuánto vale cortar un quintal
de café?, pregunté con ganas de
meterme en honduras.
Un caficultor consiente paga alrededor de
ciento setenta y cinco colones.
-¿Y en cuánto le compran el
quintal?
Pues ahorita, tal vez a ciento veinticinco
colones.
-¿Quiere decir, le dije haciendo
cálculos mentales, que los caficultores
están jugando al gana pierde?
- ¿Cómo así, don Lito?
-Pues si usted cosecha cien quintales,
sólo pierde 5 mil pesos, pero si la
cosecha es buena y recoge mil quintales,
perdería 50 mil. Mejor no corte, para
perder menos.
-Usted me está hablando como banquero
o como periodista, pero yo le hablaré
como cafetalero de "adeveras". Primero, yo voy a
seguir siendo caficultor, pase lo que pase;
usted a lo mejor se hace político.
Segundo, de mí dependen más de
cincuenta personas y no voy a desampararlas,
así como ellas no me desamparan a
mí. Tercero: si no corto, el grano se
caerá y allí estará el foco
de infección de un gusanito que se llaman
broca del cafeto y después no hay
quién lo erradique, además de que
los cafetales son los únicos bosques que
nos quedan. Cuarto: No es la primera vez que me
la juego, así que no venderé hasta
después de que haya cortado la cosecha,
pues tengo la fe que ahora que algunos en otros
países no cortarán, y el precio
subirá. Y quinto, me extraña
magaña que siendo araña no le
guste el cafecito, me dijo dándome la
mano en señal de despedida.
Apuré lo que me quedaba de la taza de
café sin azúcar y sin "cremora",
que a pesar de lo amargo, lo sentí
delicioso. Di gracias a Dios por darnos tan
deliciosa bebida y procedí a pagar la
cuenta mientras pensaba que tenía toda la
razón mi amigo caficultor. Llegó
la cuenta. Café: cinco colones. Semita
mieluda: cinco colones. IVA incluido.
Inmediatamente mi calculadora cerebral
empezó a sacar la cuenta de
cuántos granos de maíz
podría comprar con cinco colones, luego
los traduje a libras y después a
tortillas, y créame que con esa cantidad
de dinero en maíz me hubiera comido un
rimero de tortillas con las cuales
engordaría por lo menos cinco libras.
INSERTO: ¡Púchica! Se
llegó el tiempo que el café de
palo lo beberán los pobres y los que
quieren apantallar, beberán café
de maíz. Un quintal de maíz vale
más que uno de café.