Domingo 28 de octubre 2001



Don Lito se toma su cafecito

No es la primera vez que escribo sobre el café. También he hecho almácigos, lo he cultivado, lo he sembrado y lo he tostado, vendí fertilizante e insecticidas para cafetales y también lo he bebido en grandes cantidades. Amo el café.

Lito Montalvo

Recuerdo que una vez pedí una taza de café con "cremora" y azúcar y un caficultor beneficiador que estaba a mi lado me dijo textualmente: "¡Púchica, don Lito!, Lo que cuesta producir una humeante y aromática taza de café y usted la adultera, o mejor dicho, la degenera con esos ingredientes sintéticos que le echa".

Lo interrogué con la mirada.

-Para que un cafeto produzca esos granos color rojo llenos de miel, se necesita mucho trabajo.

-Lo seguí interrogando.

-Hay que seleccionar la semilla y la variedad. Luego se hace un semillero donde se pone a germinar la semilla, luego ya en papalota se pasa a una bolsa con tierra, lo que se llama vivero. Al año se transplanta al sitio definitivo, que ya debe tener una sombra adecuada para que no se achicharre con el sol, el palito. De allí hay que cuidarlo con limpieza, fertilización, poda, manejo de sombra; por último hay que cortarlo.

-¡Parece chiche! Le dije para darle más ánimo.

Esa es la mitad, la otra mitad es el beneficiado, que consiste en quitarle la cáscara y las mieles, secarlo, luego quitarle la corteza o pergamino y hacerlo "oro".

Después se selecciona para ver las mezclas, hay que catarlo para llegar hasta la taza de café que usted tiene entre sus manos.

El aroma del café me entraba por los orificios de las fosas nasales, llegándome hasta el tálamo izquierdo que es el que pide una semita mieluda para acompañar el cafecito.

-¡Este sí es un buen café de palo, exclamé¡

-Todo el café es de palo. Si le dan otra cosa molida, se puede llamar tiste, pinol u horchata caliente, pero no café.

Lo volví a interrogar con mi mirada inquisidora. Él, ávido de dar información, contestó.

-En un tiempo, don Lito, el precio del café era tan alto, que los pobres, para variar, no tenían capacidad de tomar buen café y tomaban café de maíz tostado, que a veces lo revolvían con semilla de aguacate y algunas cascaritas de café cereza, para darle sabor. Ahora, un quintal de maíz en plaza vale más que un quintal de café, aunque para producir un quintal de maíz sólo se tarda cuatro meses, igualito que el café, sólo que ¡cuatro años!

Quiere decir que con los granos con que se hace una tortilla de maíz se prepara una taza de café.

-Más bien dos tazas con los mismos granos de café.

-¿Y cuánto vale cortar un quintal de café?, pregunté con ganas de meterme en honduras.

Un caficultor consiente paga alrededor de ciento setenta y cinco colones.

-¿Y en cuánto le compran el quintal?

Pues ahorita, tal vez a ciento veinticinco colones.

-¿Quiere decir, le dije haciendo cálculos mentales, que los caficultores están jugando al gana pierde?

- ¿Cómo así, don Lito?

-Pues si usted cosecha cien quintales, sólo pierde 5 mil pesos, pero si la cosecha es buena y recoge mil quintales, perdería 50 mil. Mejor no corte, para perder menos.

-Usted me está hablando como banquero o como periodista, pero yo le hablaré como cafetalero de "adeveras". Primero, yo voy a seguir siendo caficultor, pase lo que pase; usted a lo mejor se hace político. Segundo, de mí dependen más de cincuenta personas y no voy a desampararlas, así como ellas no me desamparan a mí. Tercero: si no corto, el grano se caerá y allí estará el foco de infección de un gusanito que se llaman broca del cafeto y después no hay quién lo erradique, además de que los cafetales son los únicos bosques que nos quedan. Cuarto: No es la primera vez que me la juego, así que no venderé hasta después de que haya cortado la cosecha, pues tengo la fe que ahora que algunos en otros países no cortarán, y el precio subirá. Y quinto, me extraña magaña que siendo araña no le guste el cafecito, me dijo dándome la mano en señal de despedida.

Apuré lo que me quedaba de la taza de café sin azúcar y sin "cremora", que a pesar de lo amargo, lo sentí delicioso. Di gracias a Dios por darnos tan deliciosa bebida y procedí a pagar la cuenta mientras pensaba que tenía toda la razón mi amigo caficultor. Llegó la cuenta. Café: cinco colones. Semita mieluda: cinco colones. IVA incluido. Inmediatamente mi calculadora cerebral empezó a sacar la cuenta de cuántos granos de maíz podría comprar con cinco colones, luego los traduje a libras y después a tortillas, y créame que con esa cantidad de dinero en maíz me hubiera comido un rimero de tortillas con las cuales engordaría por lo menos cinco libras.

INSERTO: ¡Púchica! Se llegó el tiempo que el café de palo lo beberán los pobres y los que quieren apantallar, beberán café de maíz. Un quintal de maíz vale más que uno de café.


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