Ministerio
Espiga
Es mejor dar que
recibir
Por
Salvador Gómez, Predicador
Católico
La
mayor parte de matrimonios que no son felices es
porque no conocen el camino para lograrlo. Pero
aún, conociéndolo no tienen el
valor de caminarlo.
Es natural que un recién casado diga:
"Me casé para ser feliz...", y este
deseo, aunque sea una legítima
aspiración, no es un buen punto de
partida para llegar a la felicidad. Sabemos que
estamos en el camino correcto cuando somos
capaces de decir: "Me casé para hacer
feliz a la persona que amo y al verla feliz
encuentro mi propia felicidad".
Los que se casan para ser felices, fracasan.
Los que se casan para hacer feliz al otro,
llegan a ser verdaderamente felices.
El fracaso más grande en la vida no
consiste en no recibir lo que queremos, sino en
no estar compartiendo lo que tenemos.
San Pablo nos recuerda un principio que es
válido para toda la vida cristiana y que
en el matrimonio tiene una aplicación
especial: "Mayor felicidad hay en dar que en
recibir" Hch. 20, 35.
Es una lástima que tan tarde nos demos
cuenta que hemos sido poco generosos.
La Biblia nos presenta el ejemplo de un
matrimonio que fracasó porque no supo
dar.
"Pero hubo uno, llamado Ananías, que
junto a Safira, su esposa, vendió un
terreno. Este hombre, de común acuerdo
con su esposa, se quedó con una parte del
dinero y puso la otra parte a disposición
de los apóstoles. Pedro le dijo:
Ananías, ¿por qué
entró Satanás en tu
corazón, para hacerte mentir al
Espíritu Santo quedándote con
parte del dinero que te pagaron por el terreno?
¿Acaso no era tuyo el terreno?, y puesto
que lo vendiste ¿no era tuyo el dinero?
¿Por qué se le te ocurrió
hacer esto? No has mentido a los hombres sino
que a Dios.
Al oír esto, Ananías
cayó muerto. Y todos los que lo supieron
se llenaron de miedo. Entonces vinieron unos
jóvenes, envolvieron el cuerpo y se lo
llevaron a enterrar.
Unas tres horas después entró
la esposa de Ananías, sin saber lo que
había pasado. Pedro le preguntó:
Dime, ¿vendieron ustedes el terreno en el
precio que han dicho?
Ella contestó: Sí, en ese
precio.
Pedro le dijo: ¿Por qué se
pusieron de acuerdo para poner a prueba al
Espíritu del Señor? Ahí
vienen los que y llevaron a enterrar a tu
esposo, y ahora te van a llevar también a
ti..." (Hch. 5, 1-10).
El pecado de esta pareja no fue haber dado un
parte de lo que tenían, sino asegurar que
esa parte era todo lo que poseían, todo
lo que podían dar.
Sus tumbas son un monumento a la falta de
generosidad, y los jóvenes que los
enterraron comprendieron (como deben de hacerlo
las jóvenes parejas) que debemos enterrar
la actitud mediocre de dar un 50% para crear una
nueva actitud de entrega al 100%. Los besos que
no se dan, se pierden. Las palabras de amor que
no se dicen, se olvidan y las sonrisas que no
compartimos ,se marchitan.
El matrimonio no es una sociedad de 50%.
Debemos estar dispuestos a poner todo lo que
está de nuestra parte.