Domingo 28 de octubre 2001


Ministerio Espiga
Es mejor dar que recibir
Por Salvador Gómez, Predicador Católico

La mayor parte de matrimonios que no son felices es porque no conocen el camino para lograrlo. Pero aún, conociéndolo no tienen el valor de caminarlo.

Es natural que un recién casado diga: "Me casé para ser feliz...", y este deseo, aunque sea una legítima aspiración, no es un buen punto de partida para llegar a la felicidad. Sabemos que estamos en el camino correcto cuando somos capaces de decir: "Me casé para hacer feliz a la persona que amo y al verla feliz encuentro mi propia felicidad".

Los que se casan para ser felices, fracasan. Los que se casan para hacer feliz al otro, llegan a ser verdaderamente felices.

El fracaso más grande en la vida no consiste en no recibir lo que queremos, sino en no estar compartiendo lo que tenemos.

San Pablo nos recuerda un principio que es válido para toda la vida cristiana y que en el matrimonio tiene una aplicación especial: "Mayor felicidad hay en dar que en recibir" Hch. 20, 35.

Es una lástima que tan tarde nos demos cuenta que hemos sido poco generosos.

La Biblia nos presenta el ejemplo de un matrimonio que fracasó porque no supo dar.

"Pero hubo uno, llamado Ananías, que junto a Safira, su esposa, vendió un terreno. Este hombre, de común acuerdo con su esposa, se quedó con una parte del dinero y puso la otra parte a disposición de los apóstoles. Pedro le dijo: Ananías, ¿por qué entró Satanás en tu corazón, para hacerte mentir al Espíritu Santo quedándote con parte del dinero que te pagaron por el terreno? ¿Acaso no era tuyo el terreno?, y puesto que lo vendiste ¿no era tuyo el dinero? ¿Por qué se le te ocurrió hacer esto? No has mentido a los hombres sino que a Dios.

Al oír esto, Ananías cayó muerto. Y todos los que lo supieron se llenaron de miedo. Entonces vinieron unos jóvenes, envolvieron el cuerpo y se lo llevaron a enterrar.

Unas tres horas después entró la esposa de Ananías, sin saber lo que había pasado. Pedro le preguntó: Dime, ¿vendieron ustedes el terreno en el precio que han dicho?

Ella contestó: Sí, en ese precio.

Pedro le dijo: ¿Por qué se pusieron de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Ahí vienen los que y llevaron a enterrar a tu esposo, y ahora te van a llevar también a ti..." (Hch. 5, 1-10).

El pecado de esta pareja no fue haber dado un parte de lo que tenían, sino asegurar que esa parte era todo lo que poseían, todo lo que podían dar.

Sus tumbas son un monumento a la falta de generosidad, y los jóvenes que los enterraron comprendieron (como deben de hacerlo las jóvenes parejas) que debemos enterrar la actitud mediocre de dar un 50% para crear una nueva actitud de entrega al 100%. Los besos que no se dan, se pierden. Las palabras de amor que no se dicen, se olvidan y las sonrisas que no compartimos ,se marchitan.

El matrimonio no es una sociedad de 50%. Debemos estar dispuestos a poner todo lo que está de nuestra parte.


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