Sábado 27 de octubre 2001


























Evangelio para domingo
San Lucas 18, 9-14

El que se humilla será enaltecido

Jesús dijo esta parábola por algunos que estaban convencidos de ser justos y despreciaban a los demás.

"Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto de pie, oraba en su interior de esta manera: 'Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros, o como ese publicano... Ayuno dos veces por semana y doy la décima parte de todas mis entradas'.

Mientras tanto, el publicano se quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: 'Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador'.

Yo les digo que este último estaba en gracia de Dios cuando volvió a su casa, pero el fariseo no. Porque el que se hace grande será humillado y el que se humilla será enaltecido".

Jesús: sugerencia de humildad ante Dios

"Uno fariseo, otro publicano..."

La parábola que se presenta en el trozo del Evangelio de hoy establece una clara oposición entre la actitud humilde del publicano que se reconoce pecador ante Dios, y la actitud pretensiosa y soberbia del fariseo que se consideraba justo y lleno de méritos. La oración del publicano, cargada de arrepentimiento, humildad y confianza en Dios le obtuvo la justificación; en cambio la oración orgullosa y prepotente del fariseo no lo justificó, porque en lugar de sentirse necesitado de la misericordia y el amor de Dios, se acercaba a Él como quien debe ser recompensado y premiado. En práctica, su gesto de altivez pretendía poner a Dios a su servicio y despreciar con arrogancia a sus semejantes...

"Porque todo el que se ensalce..."

Las palabras de Jesús no podían ser más claras, como conclusión de la parábola: "Quien se enaltece será humillado y quien se humilla será enaltecido"; porque Dios ama a los sencillos, a los despreciados e indefensos, mientras que no resiste la prepotencia de los poderosos.

"Y nosotros..."

Tenemos ante nosotros, la exposición de una parábola que el Evangelio de Lucas pone en boca de Jesús para manifestarnos las dos maneras de relacionarse con Dios que puede tener todo seguidor suyo. Jesús hace ver, en esta parábola que la condición de discípulos no debe llevar a la soberbia y al desprecio de los demás. Por eso, no compara un pecador con un justo, sino un pecador humilde con un justo satisfecho de sí mismo: Uno es bueno, pero no ama, "está lleno de su propia bondad", es justo, pero con poca fe. El otro es pecador, pero tiene mucha fe...

Las enseñanzas para nosotros son concretas:

- La parábola es un enérgico llamado de atención al orgullo del creyente.

- ¡No hay propietarios privados de la verdad y la moral! debemos vivir el seguimiento del Señor con modestia.

- No son los gestos exteriores ni las propias obras lo que justifica a la persona; es la actitud humilde del corazón lo que hace a toda persona grata ante Dios.

- Lo que uno vale es lo que es ante los demás y sobre todo lo que es ante Dios, plenitud del ser.

- Nuestra oración será escuchada por Dios si brota de un corazón humilde y no lleno de sí mismo...

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb

NOTA: También puede leer la cita del evangelio para este domingo y el comentario a la misma en el sitio www.escogecr.com.





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