- Comentario
de la semana
- Golpe al
hampa
- Eduardo
Torres
- eduardo@elsalvador.com
El
rescate ayer por la madrugada del niño
Felipe Salaverría, de diez años,
junto a la captura de unas 20 personas en el
vasto operativo -"Operación Vulcano"-
llevado a cabo por la Policía Nacional
Civil, en coordinación con la
Fiscalía General de la República,
se constituyó en una verdadera jornada de
éxito.
En primer lugar, porque siendo el secuestro
una lacra tan espantosa, por el profundo
daño que causa tanto a las
víctimas como a sus familiares, el
niño se encuentra ya con los suyos.
En segundo lugar, porque como mencionó
alguien a principios de año, "si algo nos
puede poner de rodillas (a El Salvador, o a
cualquier otro país en el mundo), es el
(delito del) secuestro".
En un escenario internacional
políticamente complejo, con
depresión económica, la figura de
la inversión extranjera, que equivale a
decir fuentes de trabajo, es ansiada por las
diferentes naciones. Y la seguridad
física de las personas sí que
juega un papel importante a la hora de las
decisiones de los grupos inversionistas.
En esto no hay que complicarse, pues en
términos generales la ecuación,
además de infalible, se vuelve de
fácil comprensión: a mayor grado
de inversión, mayores oportunidades para
los habitantes de un lugar determinado.
Regocijo en el alma y el espíritu es,
por lo tanto, lo que como salvadoreños
debemos sentir.
Ojalá el mensaje enviado por el
director de la PNC, Mauricio Sandoval, de que
"el crimen no paga", cale hondo en la mente y en
el alma de quienes se dedican a este y otro tipo
de acciones delictivas.
A ese respecto, apropiadas me parecieron las
declaraciones de José Antonio
Salaverría, padre de Felipe, de que su
familia se mantuvo en oración durante los
diez días del cautiverio; que el
niño se encuentra bien, ya que tiene un
carácter especial, y no sufrió
vejámenes, y, sobre todo, de que
permanecerán orando porque desaparezca de
nuestra sociedad este tipo de acciones.
Las plegarias, tanto las propias como las de
las cadenas de oración, fueron
escuchadas. Nos alegramos tanto por ustedes,
como por el bien general del país.
Hacia un mundo mejor
Muchas cosas son las que están
sucediendo desde el 11 de septiembre, fecha en
la cual el mundo cambió. Por primera vez
desde que tengo memoria, me parece que el
conflicto israelí-palestino, a pesar de
las demenciales acciones producidas
recientemente, fruto de los odios exacerbados y
de la fatídica espiral de violencia en
que se encuentra, tiene posibilidad de ser
resuelto.
Para aquellos menos optimistas, se puede
afirmar con certeza de que existe al menos la
conciencia entre la comunidad internacional, de
que la permanencia de ese conflicto se vuelve
caldo de cultivo para el extremismo, que en su
peor acepción puede derivar en
terrorismo.
Bastante inadvertido en nuestro país,
pero de trascendental importancia en el
ámbito internacional, ha sido el anuncio
de desarme gradual que hizo este pasado martes
el Ejército Republicano Irlandés
(ERI), para "salvar el proceso de paz" en
Irlanda del Norte.
Admitió el ERI, a su vez,
relación con grupos terroristas en
Colombia.
Luego de larguísimos años de
muerte y destrucción por un obsoleto
conflicto sin razón de ser, pero con
extremistas de por medio, el gobierno
británico celebró el anuncio y en
forma inmediata empezó a retirar cuadros
de cuatro de sus instalaciones militares.
Otras organizaciones terroristas, como la
separatista ETA, más tarde o más
temprano llegarán también a la
conclusión de que los métodos del
terror quedarán con un margen de
acción significativamente inferior al que
tenían el día en que el mundo
cambió.
En el país, como lo están
haciendo las democracias en el mundo, las
autoridades se encuentran tomando un mayor
control sobre nuestros puertos, aeropuertos y
fronteras.
En el contexto de la lucha contra el
terrorismo, si ello nos lleva a
desenmarañar asuntos que deberían
haber sido resueltos anteriormente, pues
bienvenido sea.
Fuera de las amenazas y los desafíos
latentes para la libertad, lo que los infames
ataques terroristas del 11 de septiembre
dejaron, es la oportunidad de alcanzar un mundo
mejor.
Con dedicación, fe, trabajo duro y
perseverancia, el reto generacional es tratar de
lograr que así sea.
Que Dios nos ilumine para lograrlo.
Licenciado en Ciencias Jurídicas y
columnista de EL DIARIO DE HOY.