Orientaciones
familiares
¿Es justificable
la infidelidad?
Por
Pastor Mario Vega
La
infidelidad en el matrimonio es bastante
frecuente. Cuando sucede, los cónyuges se
sienten lastimados, traicionados o furiosos.
Para encontrar una salida es necesario que el
infiel pueda dar una respuesta adecuada.
Lastimosamente, la mayor parte de personas
que son descubiertas teniendo una aventura
amorosa no dan a su cónyuge una respuesta
honesta que facilite la búsqueda de una
salida a la situación.
Normalmente, la parte infiel suele dar dos
tipos de respuestas. La primera y más
común es la de señalar
deficiencias en su cónyuge. Estas
deficiencias pueden ir desde
señalamientos específicos reales
hasta exageraciones que presentan el vivir con
el cónyuge como una verdadera odisea.
Tal respuesta deja a los cónyuges
aún más heridos con el
señalamientos de pequeñas cosas
que trata de hacerlos ver como culpables o
asombrados con la andanada de tragedias que la
persona infiel dice que ha tenido que soportar a
su lado.
Tal respuesta no contribuye a solucionar la
situación ya que deja intacto el problema
real y es que la parte infiel sigue creyendo el
mito que "lo otro" es mejor.
La segunda explicación más
frecuente es aquella donde el infiel asume toda
la responsabilidad con palabras tales como: "El
problema no eres tú. El problema soy yo".
Aunque esta respuesta parece ser humilde y
sincera, lo cierto es que entorpece todo
esfuerzo de solución al dejar a la parte
inocente sin nada que hacer porque "el problema
no son ellos".
Las actitudes del cónyuge infiel son
determinantes para encontrar una salida a su
deteriorada relación matrimonial. La
evasión o acaparamiento de la
responsabilidad deja muchas preguntas y pocas
respuestas.
Independientemente de lo que haya sucedido en
un matrimonio antes de la infidelidad, ninguna
persona es responsable de la falta de juicio del
cónyuge que finalmente terminó
cometiendo adulterio. Las personas casadas son
adultas y por lo tanto, responsables de sus
decisiones.
Puesto que muy raras veces los
cónyuges infieles expresan lo que en
verdad está sucediendo en su interior,
toda esposa o esposo traicionado se queda con la
enorme duda si fue él o ella el culpable.
Tal duda muchas veces nunca llega a ser
resuelta.
Por tales heridas emocionales y, por terceros
que siempre resultan afectados, es que Dios
advierte sobre la falta de entendimiento de
quien comete adulterio: "Al que comete adulterio
le faltan sesos; el que así actúa
se destruye a sí mismo. No sacará
más que golpes y verguenzas, y no
podrá borrar su oprobio" (Proverbios
6:32-33).