Viernes 26 de octubre 2001


Orientaciones familiares
¿Es justificable la infidelidad?
Por Pastor Mario Vega

La infidelidad en el matrimonio es bastante frecuente. Cuando sucede, los cónyuges se sienten lastimados, traicionados o furiosos. Para encontrar una salida es necesario que el infiel pueda dar una respuesta adecuada.

Lastimosamente, la mayor parte de personas que son descubiertas teniendo una aventura amorosa no dan a su cónyuge una respuesta honesta que facilite la búsqueda de una salida a la situación.

Normalmente, la parte infiel suele dar dos tipos de respuestas. La primera y más común es la de señalar deficiencias en su cónyuge. Estas deficiencias pueden ir desde señalamientos específicos reales hasta exageraciones que presentan el vivir con el cónyuge como una verdadera odisea.

Tal respuesta deja a los cónyuges aún más heridos con el señalamientos de pequeñas cosas que trata de hacerlos ver como culpables o asombrados con la andanada de tragedias que la persona infiel dice que ha tenido que soportar a su lado.

Tal respuesta no contribuye a solucionar la situación ya que deja intacto el problema real y es que la parte infiel sigue creyendo el mito que "lo otro" es mejor.

La segunda explicación más frecuente es aquella donde el infiel asume toda la responsabilidad con palabras tales como: "El problema no eres tú. El problema soy yo". Aunque esta respuesta parece ser humilde y sincera, lo cierto es que entorpece todo esfuerzo de solución al dejar a la parte inocente sin nada que hacer porque "el problema no son ellos".

Las actitudes del cónyuge infiel son determinantes para encontrar una salida a su deteriorada relación matrimonial. La evasión o acaparamiento de la responsabilidad deja muchas preguntas y pocas respuestas.

Independientemente de lo que haya sucedido en un matrimonio antes de la infidelidad, ninguna persona es responsable de la falta de juicio del cónyuge que finalmente terminó cometiendo adulterio. Las personas casadas son adultas y por lo tanto, responsables de sus decisiones.

Puesto que muy raras veces los cónyuges infieles expresan lo que en verdad está sucediendo en su interior, toda esposa o esposo traicionado se queda con la enorme duda si fue él o ella el culpable. Tal duda muchas veces nunca llega a ser resuelta.

Por tales heridas emocionales y, por terceros que siempre resultan afectados, es que Dios advierte sobre la falta de entendimiento de quien comete adulterio: "Al que comete adulterio le faltan sesos; el que así actúa se destruye a sí mismo. No sacará más que golpes y verguenzas, y no podrá borrar su oprobio" (Proverbios 6:32-33).


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