Comentando
La alimentación
en el estante de "asuntos pendientes"
Rocío
Rivera Claros*
E-mail:
ricla@telemovil.com
Hemos sido testigos de todos los avances en
ciencia, biología molecular,
aeronáutica, informática,
telecomunicaciones, etc., que se han realizado
en todo el mundo en los últimos
años. Pero si revisamos las cifras sobre
el hambre, la desnutrición y el
crecimiento poblacional son tan alarmantes, como
lo eran hace unas décadas, y la brecha
entre países desarrollados y en
vías de desarrollo continúa siendo
paradójica y distante. Jack Fucks, un
sobreviviente del Holocausto de la Segunda
Guerra Mundial nos dice: "Aprendimos cómo
llegar a la luna, a dividir el átomo,
pero no a compartir el pan con todos. No hay
motivo lógico para que haya hambre
alrededor del mundo".
Ciertamente, en la actualidad se producen en
el mundo suficientes alimentos para alimentar
satisfactoriamente a todos los hombres, mujeres
y niños del planeta; sin embargo,
más de 830 millones de personas -la
mayoría en países en desarrollo-
sufren desnutrición, hambre y pobreza.
Las estadísticas de desnutrición
en niños son igualmente inquietantes. Se
estima que más de 192 millones de
niños menores de cinco años sufren
desnutrición crónica por una
alimentación deficiente, y que la
desnutrición contribuye directa o
indirectamente a la muerte de 13 millones de
menores de cinco años, es decir 11,000
niños al día, uno cada ocho
segundos, según informes del Programa
Mundial de Alimentos (PMA).
En El Salvador, a pesar del crecimiento
económico en los últimos
años, los niveles de pobreza no se han
modificado de manera significativa. Y si bien es
cierto la desnutrición aguda en menores
de 5 años es baja (1.2 % en 1998), la
desnutrición infantil crónica
continúa siendo un grave problema en el
país, con una prevalencia del 23.1 % en
1998, atribuyéndole además el 24%
de las muertes de grupo, de acuerdo con datos
publicados por el Ministerio de Salud
Pública y Asistencia Social.
La desnutrición crónica se mide
por un retardo en la talla o estatura de los
niños en crecimiento y éste
representa un excelente indicador de su calidad
de vida. En estudios poblacionales la mayor
estatura se asocia a una mayor capacidad de
trabajo físico y productividad laboral, a
una menor deserción y mejor rendimiento
escolar e intelectual.
Es evidente que un niño desnutrido
tiene un menor rendimiento físico e
intelectual que un niño bien nutrido y
presenta una mayor susceptibilidad a enfermarse.
Por ello pierde el deseo y la capacidad de
aprender. La célebre frase del poeta
francés, Jean de la Fontaine: "El
estómago hambriento no tiene
oídos", pone de manifiesto que la
nutrición y el entendimiento van de la
mano. Niños bien nutridos tendrán
un mayor coeficiente intelectual y rendimiento
escolar, lo que se traduce en mejores
profesionales a largo plazo, lo que les
permitirá alcanzar su máximo
potencial de salud y productividad. En este
sentido, una población bien nutrida,
tiene la capacidad de contribuir al desarrollo
social, económico y productivo de un
país.
En los años 60, los países de
América Latina presentaban altos
índices de desnutrición infantil,
muy semejantes entre sí. Cuatro
décadas más tarde, sólo
algunos han podido superar esta
situación. Chile es uno de los
países que actualmente presenta
indicadores de nutrición muy semejantes a
los de países desarrollados. En 1968, los
niveles de desnutrición infantil en este
país eran del 68% y mediante la
aplicación de programas
específicos de alimentación
complementaria y creación de centros
cerrados de recuperación nutricional,
logró disminuir progresivamente las tasas
de desnutrición a 0.2 % en 1995. Costa
Rica presenta una situación similar,
evidenciando que es posible reducir las
enfermedades por déficit nutricional
cuando se realizan estrategias nacionales
preventivas y curativas.
Constituye un verdadero reto en nuestro
país, no sólo el brindarles
alimento a estos niños y niñas
subalimentados, sino el mejorar su seguridad
alimentaria y calidad de vida. La
declaración de la Cumbre Mundial para la
Infancia (30/IX/90) expresa: "Está en
nuestras manos poner fin a la mortalidad
infantil, al maltrato a la niñez, a las
enfermedades y desnutrición infantil que
en la actualidad mutilan el rostro de nuestra
civilización. También está
en nuestra capacidad asegurar que cada
niño tenga una escuela donde ir, un
agente de salud al que dirigirse y una dieta
alimenticia suficiente que le permita el
desarrollo físico y mental normales. El
logro de estos fines no depende ya de las
posibilidades financieras o físicas
es una cuestión de prioridad
política". Once años han
transcurrido desde que esta declaración
fue emitida, y tristemente sigue sonando a
retórica, más aún, para
algunos gobiernos continúa siendo parte
esencial del estante de "asuntos pendientes".
*Nutricionista.