Jueves 25 de octubre 2001


Comentando
La alimentación en el estante de "asuntos pendientes"
Rocío Rivera Claros*

E-mail: ricla@telemovil.com

Hemos sido testigos de todos los avances en ciencia, biología molecular, aeronáutica, informática, telecomunicaciones, etc., que se han realizado en todo el mundo en los últimos años. Pero si revisamos las cifras sobre el hambre, la desnutrición y el crecimiento poblacional son tan alarmantes, como lo eran hace unas décadas, y la brecha entre países desarrollados y en vías de desarrollo continúa siendo paradójica y distante. Jack Fucks, un sobreviviente del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial nos dice: "Aprendimos cómo llegar a la luna, a dividir el átomo, pero no a compartir el pan con todos. No hay motivo lógico para que haya hambre alrededor del mundo".

Ciertamente, en la actualidad se producen en el mundo suficientes alimentos para alimentar satisfactoriamente a todos los hombres, mujeres y niños del planeta; sin embargo, más de 830 millones de personas -la mayoría en países en desarrollo- sufren desnutrición, hambre y pobreza. Las estadísticas de desnutrición en niños son igualmente inquietantes. Se estima que más de 192 millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición crónica por una alimentación deficiente, y que la desnutrición contribuye directa o indirectamente a la muerte de 13 millones de menores de cinco años, es decir 11,000 niños al día, uno cada ocho segundos, según informes del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

En El Salvador, a pesar del crecimiento económico en los últimos años, los niveles de pobreza no se han modificado de manera significativa. Y si bien es cierto la desnutrición aguda en menores de 5 años es baja (1.2 % en 1998), la desnutrición infantil crónica continúa siendo un grave problema en el país, con una prevalencia del 23.1 % en 1998, atribuyéndole además el 24% de las muertes de grupo, de acuerdo con datos publicados por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social.

La desnutrición crónica se mide por un retardo en la talla o estatura de los niños en crecimiento y éste representa un excelente indicador de su calidad de vida. En estudios poblacionales la mayor estatura se asocia a una mayor capacidad de trabajo físico y productividad laboral, a una menor deserción y mejor rendimiento escolar e intelectual.

Es evidente que un niño desnutrido tiene un menor rendimiento físico e intelectual que un niño bien nutrido y presenta una mayor susceptibilidad a enfermarse. Por ello pierde el deseo y la capacidad de aprender. La célebre frase del poeta francés, Jean de la Fontaine: "El estómago hambriento no tiene oídos", pone de manifiesto que la nutrición y el entendimiento van de la mano. Niños bien nutridos tendrán un mayor coeficiente intelectual y rendimiento escolar, lo que se traduce en mejores profesionales a largo plazo, lo que les permitirá alcanzar su máximo potencial de salud y productividad. En este sentido, una población bien nutrida, tiene la capacidad de contribuir al desarrollo social, económico y productivo de un país.

En los años 60, los países de América Latina presentaban altos índices de desnutrición infantil, muy semejantes entre sí. Cuatro décadas más tarde, sólo algunos han podido superar esta situación. Chile es uno de los países que actualmente presenta indicadores de nutrición muy semejantes a los de países desarrollados. En 1968, los niveles de desnutrición infantil en este país eran del 68% y mediante la aplicación de programas específicos de alimentación complementaria y creación de centros cerrados de recuperación nutricional, logró disminuir progresivamente las tasas de desnutrición a 0.2 % en 1995. Costa Rica presenta una situación similar, evidenciando que es posible reducir las enfermedades por déficit nutricional cuando se realizan estrategias nacionales preventivas y curativas.

Constituye un verdadero reto en nuestro país, no sólo el brindarles alimento a estos niños y niñas subalimentados, sino el mejorar su seguridad alimentaria y calidad de vida. La declaración de la Cumbre Mundial para la Infancia (30/IX/90) expresa: "Está en nuestras manos poner fin a la mortalidad infantil, al maltrato a la niñez, a las enfermedades y desnutrición infantil que en la actualidad mutilan el rostro de nuestra civilización. También está en nuestra capacidad asegurar que cada niño tenga una escuela donde ir, un agente de salud al que dirigirse y una dieta alimenticia suficiente que le permita el desarrollo físico y mental normales. El logro de estos fines no depende ya de las posibilidades financieras o físicas… es una cuestión de prioridad política". Once años han transcurrido desde que esta declaración fue emitida, y tristemente sigue sonando a retórica, más aún, para algunos gobiernos continúa siendo parte esencial del estante de "asuntos pendientes".

*Nutricionista.


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