Palabras
El árbol al
final de la calle
Carlos
Balaguer
Tal vez haya que hablar de un árbol.
Un árbol al final de la calle. Al
hacerlo, hablaremos un poco del amor, de la
piedad y de la paz.
Quizá porque la vida del árbol
y la del hombre estén interiormente
ligadas por Dios. A ambos cubrió la
lluvia y les iluminó la luz de las
estrellas desde los primeros días de la
creación. Ambos (hombre y árbol)
vienen juntos desde hace miles de años,
construyendo la vida, mutuamente enlazados en la
supervivencia. Esa antigua alianza para la vida
les une.
Según algunos naturalistas, la especie
humana en sus albores fue arborícola. En
los árboles el hombre primitivo
encontró refugió y
alimentación. Aun en los tiempos modernos
el poblador de la ciudad necesita ir al campo
para encontrar la paz interior, el esparcimiento
y la identificación de sus viejas
raíces...
No hay quien no se haya protegido bajo la
sombra del árbol, cuando hace lluvia,
cuando hay fatiga, o cuando hay un sol
abrasador. Otros, soñadores, se han
recostado en el tronco de un árbol, para
leer o inspirarse algún poema o alguna
melodía en el pentagrama.
Observadores y científicos opinan que
los árboles y bosques determinarán
en un futuro la vida del hombre y de muchas
otras especies, dentro del equilibrio
ecológico del planeta.
Los pájaros, así como en el ser
humano, en su ramaje, los sueños han
venido anidando: los sueños de amor, del
arte, de la paz, de la libertad.
Día a
Día
La operación conjunta de los aliados
busca aniquilar uno de los centros
neurálgicos del terrorismo internacional,
desde donde se han venido perpetrando atentados
en todas partes del mundo. Pero no sólo
Estados Unidos y los países occidentales
han sido víctimas de esta red del terror,
sino también, principalmente, las
poblaciones subyugadas por el fanatismo
islámico. Las condiciones en que viven
los propios afganos, especialmente sus mujeres,
son incompatibles con las más elementales
normas de vida y convivencia.
Bin Laden y los talibanes justifican sus
atrocidades alegando que por más de
ochenta años el Occidente ha mantenido
subyugada a la población palestina. Mucho
del reclamo se justifica, pero es todavía
peor la condición de la mujer en la mayor
parte de las naciones musulmanas, y son muy
limitadas o nulas las libertades individuales de
hombres y mujeres.