Jueves 25 de octubre 2001


La Nota del Día
 

Se revierte la "ocurrencia seca"

La Constitución es muy clara al definir las competencias de los tres poderes del Estado, de los organismos públicos y de las municipalidades.

Por decreto legislativo se cambiaron los horarios establecidos por una ilegal ordenanza de la Alcaldía de San Salvador, que estaba llevando a la quiebra a muchos negocios del sector de alimentos y servicios. La ordenanza, uno de cuyos altisonantes propósitos eran hacer virtuosos a los salvadoreños, representaba una intolerable intromisión en actos privados, además de castigar negocios perfectamente legítimos.

Más grave todavía es que el Concejo capitalino usurpaba competencias propias del Poder Legislativo, constituyéndose de hecho en un cuerpo que emite leyes, crea sus propios códigos y dice a la gente como se debe comportar. Comienzan así y en un abrir y cerrar de ojos nos tendrían a los salvadoreños marchando por las mañanas y cortando caña los fines de semana, como en Cuba.

La Constitución es muy clara al definir las competencias de los tres poderes del Estado, de los organismos públicos y de las municipalidades. Lo hace porque sólo cuando existe una amplia y debida representatividad, regulada por la ley, es que se pueden promulgar leyes que afecten el patrimonio, los derechos y las libertades de los ciudadanos. Que cada municipio del país disponga convertirse en una República Popular Socialista, tener sus impuestos, normar actividades, crear sus cuerpos armados (el "CAM"), establecer aduanas, cobrar peajes, meterse en el negocio de ventas y publicidad, autorizar "chiviaderas", etcétera, es incompatible con un orden democrático. Es también abusivo y una amenaza a la libertad individual.

Esto no tiene que ser así, porque se pisotean sectores y se atropellan personas, sin que los afectados puedan hacerse oir, exponer objeciones, o revertir medidas. Un concejo no representa más que al partido que ganó una elección; las audiencias que los concejos celebran no pasan de ser formalismos, como se demostró cuando la municipalidad rehusó variar en un ápice la ocurrencia que había convertido en "ley".

Les vale un pepino el desempleo generado

¡Vaya ocurrencia! Nada demuestra que restringir horarios reduce accidentes. Si hay choferes que conducen "bajo la influencia de bebidas alcohólicas", eso es culpa de la leyes que lo toleran o no castigan. El bebedor simplemente deja de ingerir en locales públicos, donde por fuerza tiene que "medio comportarse", para irse a clubes clandestinos o a sus propias casas, con el consiguiente desparpajo familiar que provoca.

Pero hay algo más importante. La mayoría de personas que van a restaurantes, discotecas, bares y sitios de esparcimiento, no lo hace para embriagarse, sino para "socializar". De hecho, durante la semana, esos lugares tienen una escasa afluencia de clientes, como se demostró por el hecho de que los negocios afectados pidieron horarios distintos para el fin de semana. Que estén semi vacíos indica que los parroquianos son gente de trabajo, no borrachos perdidos como la ley los trata de marcar. Por ello pedimos en estas notas establecer una diferencia entre los negocios ordenados, y los expendios, prostíbulos y bares de mala muerte.

Es muy sintomático que el Soviet Supremo de la República Popular Socialista de San Salvador haya puesto oídos sordos a una tremenda realidad: que su gran ocurrencia estaba llevando a la bancarrota a la mayor parte de negocios del sector de bebidas y alimentos. Meseros, cocineros, administradores, mariachis, taxistas… muchísimas personas estaban al borde del desempleo. Las actividades relacionadas involucran a decenas de miles de salvadoreños. Era de esperarse un maligno efecto de cascada sobre la economía.


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