La
Nota del
Día
Se revierte la "ocurrencia
seca"
La Constitución es muy clara al
definir las competencias de los tres poderes del
Estado, de los organismos públicos y de
las municipalidades.
Por decreto legislativo se cambiaron los
horarios establecidos por una ilegal ordenanza
de la Alcaldía de San Salvador, que
estaba llevando a la quiebra a muchos negocios
del sector de alimentos y servicios. La
ordenanza, uno de cuyos altisonantes
propósitos eran hacer virtuosos a los
salvadoreños, representaba una
intolerable intromisión en actos
privados, además de castigar negocios
perfectamente legítimos.
Más grave todavía es que el
Concejo capitalino usurpaba competencias propias
del Poder Legislativo, constituyéndose de
hecho en un cuerpo que emite leyes, crea sus
propios códigos y dice a la gente como se
debe comportar. Comienzan así y en un
abrir y cerrar de ojos nos tendrían a los
salvadoreños marchando por las
mañanas y cortando caña los fines
de semana, como en Cuba.
La Constitución es muy clara al
definir las competencias de los tres poderes del
Estado, de los organismos públicos y de
las municipalidades. Lo hace porque sólo
cuando existe una amplia y debida
representatividad, regulada por la ley, es que
se pueden promulgar leyes que afecten el
patrimonio, los derechos y las libertades de los
ciudadanos. Que cada municipio del país
disponga convertirse en una República
Popular Socialista, tener sus impuestos, normar
actividades, crear sus cuerpos armados (el
"CAM"), establecer aduanas, cobrar peajes,
meterse en el negocio de ventas y publicidad,
autorizar "chiviaderas", etcétera, es
incompatible con un orden democrático. Es
también abusivo y una amenaza a la
libertad individual.
Esto no tiene que ser así, porque se
pisotean sectores y se atropellan personas, sin
que los afectados puedan hacerse oir, exponer
objeciones, o revertir medidas. Un concejo no
representa más que al partido que
ganó una elección; las audiencias
que los concejos celebran no pasan de ser
formalismos, como se demostró cuando la
municipalidad rehusó variar en un
ápice la ocurrencia que había
convertido en "ley".
Les vale un pepino el
desempleo generado
¡Vaya ocurrencia! Nada demuestra que
restringir horarios reduce accidentes. Si hay
choferes que conducen "bajo la influencia de
bebidas alcohólicas", eso es culpa de la
leyes que lo toleran o no castigan. El bebedor
simplemente deja de ingerir en locales
públicos, donde por fuerza tiene que
"medio comportarse", para irse a clubes
clandestinos o a sus propias casas, con el
consiguiente desparpajo familiar que
provoca.
Pero hay algo más importante. La
mayoría de personas que van a
restaurantes, discotecas, bares y sitios de
esparcimiento, no lo hace para embriagarse, sino
para "socializar". De hecho, durante la semana,
esos lugares tienen una escasa afluencia de
clientes, como se demostró por el hecho
de que los negocios afectados pidieron horarios
distintos para el fin de semana. Que
estén semi vacíos indica que los
parroquianos son gente de trabajo, no borrachos
perdidos como la ley los trata de marcar. Por
ello pedimos en estas notas establecer una
diferencia entre los negocios ordenados, y los
expendios, prostíbulos y bares de mala
muerte.
Es muy sintomático que el Soviet
Supremo de la República Popular
Socialista de San Salvador haya puesto
oídos sordos a una tremenda realidad: que
su gran ocurrencia estaba llevando a la
bancarrota a la mayor parte de negocios del
sector de bebidas y alimentos. Meseros,
cocineros, administradores, mariachis,
taxistas
muchísimas personas
estaban al borde del desempleo. Las actividades
relacionadas involucran a decenas de miles de
salvadoreños. Era de esperarse un maligno
efecto de cascada sobre la economía.