Martes 23 de octubre 2001



ISSS alcohol, drogas, maltrato y licencias

Uno de los mayores problemas del ISSS no es la lentitud con que se atiende a los pacientes: es el maltrato que reciben. Pero eso no es todo. Los empleados se recetaron, en nueve meses, más de 18 mil licencias con goce de sueldo que costaron ¢22.4 millones. Lea también por qué fracasaron dos programas para mejorar las consultas especializadas.

Segunda parte
El Diario de Hoy

Muchos funcionarios del Seguro Social no sólo muestran problemas de ociosidad, mala y lenta atención a los pacientes, alcoholismo y drogadicción, sino que nueve de cada diez de ellos se recetaron 18 mil 286 licencias con goce de sueldo, que le han costado a esa institución ¢22.4 millones en sólo nueve meses.

El laudo arbitral que rige las relaciones entre los empleados y el ISSS fija tales beneficios para los servidores, de forma que cualquiera se puede ausentar si tiene que cuidar a un pariente enfermo o trabajar muchísimo menos de las ocho horas diarias si desea estudiar, asistir a seminarios o dar lecciones en un centro educativo.

Cualquiera podría advertir que, a pesar de todo, lo que más molesta a los pacientes del Seguro Social son las largas esperas que debe seguir para que lo atiendan en la institución. Pero no es así.

Quizá lo que no han entendido del todo los empleados del ISSS es que una serie de encuestas realizadas entre los pacientes muestra que lo que más ira les provoca es la forma en que tratan a los trabajadores que, junto con los patronos, son, al fin y al cabo, quienes pagan todos los beneficios que reciben.

Esos estudios muestran que siete de cada diez pacientes no se quejan tanto de las esperas como del maltrato que se agrega como una bomba de tiempo a las grandes dificultades del Seguro Social.

Sin embargo, si el problema fuera, exclusivamente, de desajustes en el "servicio al cliente", quizá el asunto se podría solucionar, aunque con dificultades, mediante un notable y costoso esfuerzo por cambiar la conducta de los funcionarios.

Más bien, los comportamientos morales de algunos sectores de trabajadores son, sin duda, un problema mayor en esa institución.

Algunos empleados muestran verdaderos problemas de dependencia del alcohol &emdash;en todos los niveles&emdash;, que inciden en la asistencia y el cumplimiento de sus tareas diarias. Hay quienes, como se les ha probado, son prisioneros de las drogas a pesar de que cumplen delicadas tareas con pacientes.

Otras anomalías

Las irregularidades cometidas por trabajadores del Seguro Social se detectan en cualquier orden. Hace algunas semanas, a uno de los 68 inspectores que posee esa institución se le detectó mientras cobraba dineros a un patrono para ayudarle a aliviarle la carga que debe pagar al ISSS.

En las oficinas regionales donde los patronos pagan planillas, se han descubierto, también, toda suerte de anomalías entre algunos cajeros y otros funcionarios. En eso se pillaron hasta conductas absurdas, como cuando un empleado le cobró más de siete mil colones por capacitar a sus trabajadores. La sorpresa del patrono se produjo cuando el funcionario le pidió que le hiciera un cheque a su nombre y que se olvidara del ISSS.

Y ese tipo de problemas no es nuevo. A mediados de los 90, el ISSS trató de ejecutar un programa que permitía descentralizar la consulta especializada tras detectarse que los pacientes debían esperar entre tres o seis meses para que lo atendiera un médico.

Para mejorar ese tipo de servicio, se planeó referir a pacientes a las consultas privadas de los médicos especialistas. A ellos se les pagaría ¢40 por cada consulta.

Inicialmente, algunos médicos alegaron que, con ese plan, se privatizaría la medicina. Lo dijeron cuando se pensó en incluir a médicos que no laboraban para el ISSS.

Después se incluyó en la lista a los médicos especialistas que trabajan en la institución, y entonces ya no hablaron de privatización, sino que aceptaron el nuevo programa.

El plan inició en 1994. Una recepcionista del ISSS asignaba las citas con los médicos especialistas. Pero con rapidez nació toda clase de anomalías que acabó con el programa.

Las primeras quejas de los pacientes del ISSS revelaron que algunos médicos atendían de último a los pacientes, pues alegaban que sólo les pagaban ¢40 por cita. Si el usuario del ISSS quería que lo atendieran rápido, debía pagar, de su bolsillo, la diferencia en el costo.

Poco después se detectó que, a pesar de que el ISSS pagaba ¢40 por cita, algunos profesionales cobraban hasta 25 mil colones por mes, de acuerdo con sus reportes. ¿Cómo pudo pasar eso? Al estudiarse esos casos, los altos funcionarios del ISSS determinaron que esa suma sólo se podía cobrar si el médico trabajaba más de 24 horas diarias.

No obstante, después descubrieron el truco: muchos de ellos subcontrataron a otros profesionales para atender a los pacientes. Además, llegaban a extraños acuerdos con los funcionarios que asignaban las citas.

¿Qué pasó al final? Se juntaron tantas anomalías, que lo que se planeó como un esfuerzo para mejorar la atención a los pacientes que necesitaban consultas especializadas debió desarmarse y anularse.

El mismo plan aplicado a los niños observó problemas similares. Pero el método fue diferente. A las madres se les entregaban seis cupones para que, durante el año, acudieran al pediatra de su preferencia.

Lo que sucedió, al final, fue que algunos médicos contrataron hasta agentes que los representaran y, cada vez que una madre llegaba por sus cupones, esos hombres las abordaban para que acudieran ante su cliente, como si se tratara de vendedores de enciclopedias. Algunos de ellos, incluso, llegaron a arrebatarles los seis cupones a las madres. Al final: "programa cancelado por irregularidades".

Permisos pagados por $2.5 millones en nueve meses

El laudo arbitral que rige las relaciones de los trabajadores del Seguro Social es una verdadera piñata que, sólo en licencias con goce de sueldo, le ha costado $2.562.706 (¢22.4 millones) en sólo nueve meses a esa institución.

El Seguro Social tiene 11 mil 345 empleados. De ese número, 9 mil 899 funcionarios han pedido, en los primeros nueve meses de este año, 18 mil 286 licencias con goce de sueldo.

Eso significa que nueve de cada diez empleados han pedido una licencia de ese tipo. Ese beneficio le ha costado al Instituto Salvadoreño de Seguro Social 146 mil 835 días laborales. Transformadas las cifras, se puede advertir que, en promedio, los 9 mil 899 empleados han recibido un promedio de 15 días como licencia con goce de sueldo avalada por el laudo arbitral.

¿Cuándo pueden pedir licencia con disfrute de su salario? De las 18 mil 286 licenciadas pedidas en sólo nueve meses, 13 mil 248 corresponden a enfermedades comunes y profesionales que certifican los propios médicos del Seguro Social; 1.290 permisos corresponden a accidentes comunes o de trabajo también avalados internamente; 1.582 licencias corresponden a una figura muy particular incluida en el laudo: el empleado simplemente alega, con la ayuda de un médico, que debe cuidar un pariente enfermo. Otros 560 permisos significan asistencias a seminarios o congresos.

Cada empleado ha recibido, en promedio, beneficios por $258.88 en salarios mientras goza la licencia, lo que le cuesta, cada día, $17.45 (¢152.4 colones) a la institución.

Las licencias sin goce de salario en los primeros nueve meses de este año ascienden a 3.394. Más de 12 mil funcionarios se han beneficiado con ellas, y han significado 240 mil días laborables. Le han costado al Seguro Social, según los cálculos internos, $1.6 millones.

¡¢50 millones!

El asunto se manejó con sigilo, como si se tratara de cuidar un nuevo botín del que nadie, que no fuera beneficiado, debía darse cuenta.

El plan era sencillo, aunque significara drenar el fondo general del Instituto Salvadoreño del Seguro Social.

Veamos la carnada de los nuevos pescadores: el ISSS se comprometería a prestar hasta 50 millones de colones a aquellos trabajadores cuyas viviendas resultaron afectadas por los terremotos.

Ese dinero se prestaría a 15 años plazo y a un interés anual del 5.5 por ciento anual, muy por debajo de lo que cualquier otra institución financiera estatal o privada presta.

Fueron los miembros del sindicato los que negociaron esa importante suma de dinero con funcionarios del Instituto.

Y hasta se dice que las evaluaciones de daños observados por algunos no se evaluaron correctamente, aunque, sin duda, dentro de la institución existen damnificados.

A pesar de esto último, los sindicalistas trataron de disponer de una jugosa suma de dinero como si fuesen los propietarios del fondo financiero general del ISSS.

En el proyecto recibieron el apoyo hasta de los representantes de la ANEP en la junta directiva, aunque, finalmente, alguien dijo: "No, esto no puede ser. No estamos dispuestos a hacerlo".


1ra. Parte: Debacle moral en el ISSS

Lea mañana: ISSS un botín de pocos

Opine : ¿Qué opina de las anomalías en el Seguro Social?

Corrupción en el ISSS: Pillería y Prebendas (3a, Parte)


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