ISSS alcohol,
drogas, maltrato y licencias
Uno de los mayores problemas del ISSS no
es la lentitud con que se atiende a los
pacientes: es el maltrato que reciben. Pero eso
no es todo. Los empleados se recetaron, en nueve
meses, más de 18 mil licencias con goce
de sueldo que costaron ¢22.4 millones. Lea
también por qué fracasaron dos
programas para mejorar las consultas
especializadas.
Segunda parte
El Diario de Hoy
Muchos
funcionarios del Seguro Social no sólo
muestran problemas de ociosidad, mala y lenta
atención a los pacientes, alcoholismo y
drogadicción, sino que nueve de cada diez
de ellos se recetaron 18 mil 286 licencias con
goce de sueldo, que le han costado a esa
institución ¢22.4 millones en
sólo nueve meses.
El laudo arbitral que rige las relaciones
entre los empleados y el ISSS fija tales
beneficios para los servidores, de forma que
cualquiera se puede ausentar si tiene que cuidar
a un pariente enfermo o trabajar
muchísimo menos de las ocho horas diarias
si desea estudiar, asistir a seminarios o dar
lecciones en un centro educativo.
Cualquiera podría advertir que, a
pesar de todo, lo que más molesta a los
pacientes del Seguro Social son las largas
esperas que debe seguir para que lo atiendan en
la institución. Pero no es
así.
Quizá lo que no han entendido del todo
los empleados del ISSS es que una serie de
encuestas realizadas entre los pacientes muestra
que lo que más ira les provoca es la
forma en que tratan a los trabajadores que,
junto con los patronos, son, al fin y al cabo,
quienes pagan todos los beneficios que
reciben.
Esos estudios muestran que siete de cada diez
pacientes no se quejan tanto de las esperas como
del maltrato que se agrega como una bomba de
tiempo a las grandes dificultades del Seguro
Social.
Sin embargo, si el problema fuera,
exclusivamente, de desajustes en el "servicio al
cliente", quizá el asunto se
podría solucionar, aunque con
dificultades, mediante un notable y costoso
esfuerzo por cambiar la conducta de los
funcionarios.
Más bien, los comportamientos morales
de algunos sectores de trabajadores son, sin
duda, un problema mayor en esa
institución.
Algunos empleados muestran verdaderos
problemas de dependencia del alcohol &emdash;en
todos los niveles&emdash;, que inciden en la
asistencia y el cumplimiento de sus tareas
diarias. Hay quienes, como se les ha probado,
son prisioneros de las drogas a pesar de que
cumplen delicadas tareas con pacientes.
Otras anomalías
Las irregularidades cometidas por
trabajadores del Seguro Social se detectan en
cualquier orden. Hace algunas semanas, a uno de
los 68 inspectores que posee esa
institución se le detectó mientras
cobraba dineros a un patrono para ayudarle a
aliviarle la carga que debe pagar al ISSS.
En las oficinas regionales donde los patronos
pagan planillas, se han descubierto,
también, toda suerte de anomalías
entre algunos cajeros y otros funcionarios. En
eso se pillaron hasta conductas absurdas, como
cuando un empleado le cobró más de
siete mil colones por capacitar a sus
trabajadores. La sorpresa del patrono se produjo
cuando el funcionario le pidió que le
hiciera un cheque a su nombre y que se olvidara
del ISSS.
Y ese tipo de problemas no es nuevo. A
mediados de los 90, el ISSS trató de
ejecutar un programa que permitía
descentralizar la consulta especializada tras
detectarse que los pacientes debían
esperar entre tres o seis meses para que lo
atendiera un médico.
Para mejorar ese tipo de servicio, se
planeó referir a pacientes a las
consultas privadas de los médicos
especialistas. A ellos se les pagaría
¢40 por cada consulta.
Inicialmente, algunos médicos alegaron
que, con ese plan, se privatizaría la
medicina. Lo dijeron cuando se pensó en
incluir a médicos que no laboraban para
el ISSS.
Después se incluyó en la lista
a los médicos especialistas que trabajan
en la institución, y entonces ya no
hablaron de privatización, sino que
aceptaron el nuevo programa.
El plan inició en 1994. Una
recepcionista del ISSS asignaba las citas con
los médicos especialistas. Pero con
rapidez nació toda clase de
anomalías que acabó con el
programa.
Las primeras quejas de los pacientes del ISSS
revelaron que algunos médicos
atendían de último a los
pacientes, pues alegaban que sólo les
pagaban ¢40 por cita. Si el usuario del
ISSS quería que lo atendieran
rápido, debía pagar, de su
bolsillo, la diferencia en el costo.
Poco después se detectó que, a
pesar de que el ISSS pagaba ¢40 por cita,
algunos profesionales cobraban hasta 25 mil
colones por mes, de acuerdo con sus reportes.
¿Cómo pudo pasar eso? Al estudiarse
esos casos, los altos funcionarios del ISSS
determinaron que esa suma sólo se
podía cobrar si el médico
trabajaba más de 24 horas diarias.
No obstante, después descubrieron el
truco: muchos de ellos subcontrataron a otros
profesionales para atender a los pacientes.
Además, llegaban a extraños
acuerdos con los funcionarios que asignaban las
citas.
¿Qué pasó al final? Se
juntaron tantas anomalías, que lo que se
planeó como un esfuerzo para mejorar la
atención a los pacientes que necesitaban
consultas especializadas debió desarmarse
y anularse.
El mismo plan aplicado a los niños
observó problemas similares. Pero el
método fue diferente. A las madres se les
entregaban seis cupones para que, durante el
año, acudieran al pediatra de su
preferencia.
Lo que sucedió, al final, fue que
algunos médicos contrataron hasta agentes
que los representaran y, cada vez que una madre
llegaba por sus cupones, esos hombres las
abordaban para que acudieran ante su cliente,
como si se tratara de vendedores de
enciclopedias. Algunos de ellos, incluso,
llegaron a arrebatarles los seis cupones a las
madres. Al final: "programa cancelado por
irregularidades".
Permisos pagados por $2.5 millones en
nueve meses
El laudo arbitral que rige las relaciones de
los trabajadores del Seguro Social es una
verdadera piñata que, sólo en
licencias con goce de sueldo, le ha costado
$2.562.706 (¢22.4 millones) en sólo
nueve meses a esa institución.
El Seguro Social tiene 11 mil 345 empleados.
De ese número, 9 mil 899 funcionarios han
pedido, en los primeros nueve meses de este
año, 18 mil 286 licencias con goce de
sueldo.
Eso significa que nueve de cada diez
empleados han pedido una licencia de ese tipo.
Ese beneficio le ha costado al Instituto
Salvadoreño de Seguro Social 146 mil 835
días laborales. Transformadas las cifras,
se puede advertir que, en promedio, los 9 mil
899 empleados han recibido un promedio de 15
días como licencia con goce de sueldo
avalada por el laudo arbitral.
¿Cuándo pueden pedir licencia con
disfrute de su salario? De las 18 mil 286
licenciadas pedidas en sólo nueve meses,
13 mil 248 corresponden a enfermedades comunes y
profesionales que certifican los propios
médicos del Seguro Social; 1.290 permisos
corresponden a accidentes comunes o de trabajo
también avalados internamente; 1.582
licencias corresponden a una figura muy
particular incluida en el laudo: el empleado
simplemente alega, con la ayuda de un
médico, que debe cuidar un pariente
enfermo. Otros 560 permisos significan
asistencias a seminarios o congresos.
Cada empleado ha recibido, en promedio,
beneficios por $258.88 en salarios mientras goza
la licencia, lo que le cuesta, cada día,
$17.45 (¢152.4 colones) a la
institución.
Las
licencias sin goce de salario en los primeros
nueve meses de este año ascienden a
3.394. Más de 12 mil funcionarios se han
beneficiado con ellas, y han significado 240 mil
días laborables. Le han costado al Seguro
Social, según los cálculos
internos, $1.6 millones.
¡¢50 millones!
El asunto se manejó con sigilo, como
si se tratara de cuidar un nuevo botín
del que nadie, que no fuera beneficiado,
debía darse cuenta.
El plan era sencillo, aunque significara
drenar el fondo general del Instituto
Salvadoreño del Seguro Social.
Veamos la carnada de los nuevos pescadores:
el ISSS se comprometería a prestar hasta
50 millones de colones a aquellos trabajadores
cuyas viviendas resultaron afectadas por los
terremotos.
Ese dinero se prestaría a 15
años plazo y a un interés anual
del 5.5 por ciento anual, muy por debajo de lo
que cualquier otra institución financiera
estatal o privada presta.
Fueron los miembros del sindicato los que
negociaron esa importante suma de dinero con
funcionarios del Instituto.
Y hasta se dice que las evaluaciones de
daños observados por algunos no se
evaluaron correctamente, aunque, sin duda,
dentro de la institución existen
damnificados.
A pesar de esto último, los
sindicalistas trataron de disponer de una jugosa
suma de dinero como si fuesen los propietarios
del fondo financiero general del ISSS.
En el proyecto recibieron el apoyo hasta de
los representantes de la ANEP en la junta
directiva, aunque, finalmente, alguien dijo:
"No, esto no puede ser. No estamos dispuestos a
hacerlo".
1ra.
Parte: Debacle moral en el
ISSS
Lea
mañana: ISSS un botín de
pocos
Opine
: ¿Qué
opina de las anomalías en el Seguro
Social?
Corrupción
en el ISSS: Pillería y
Prebendas
(3a,
Parte)