Debacle moral en el
Seguro Social
La institución es rehén de
verdaderas mafias que son capaces de hacer
cualquier cosa: desde vender información
sobre pacientes fallecidos a empresas
funerarias, hasta inventarle una
operación de hernia a un amigo para que
viajara a Nueva York y cobrara el subsidio.
- Primera
parte
EL
Diario de Hoy
Tantas
anomalías juntas ocurren en el Instituto
Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), que
lo menos que se puede pensar es que esa
institución se encuentra en el fondo de
un barranco del que sólo un milagro o un
verdadero esfuerzo nacional la puede sacar.
Allí ocurre de todo: desde cobros de
dinero que hacen funcionarios a empresas
funerarias a cambio de darles información
sobre pacientes fallecidos, hasta las más
insólitas irregularidades con
incapacidades en las que se certifican
enfermedades inexistentes.
Un médico se dio el lujo que
inventarle una operación de hernia a un
amigo, tras simular hasta el expediente
clínico para que se fuera 15 días
de vacaciones a Nueva York. A su disfrute
personal, le agregó el cobro del
subsidio.
Hace pocos días, el representante de
una casa farmacéutica de renombre mundial
llamó a los más importantes
funcionarios del ISSS para advertirles que las
ventas que hace esa compañía de
adalat oros, un medicamento que consumen los
hipertensos, se les derrumbaron en las farmacias
privadas hasta en un sesenta por ciento.
Cuando el funcionario preguntó el
porqué, le respondieron: "Porque todo el
lote de ese medicamento que le vendí a la
institución, posiblemente ya no
está en las bodegas del Seguro Social,
sino que le cambiaron el empaque y lo
están vendiendo hasta en los
mercados".
En otra ocasión, los auditores
pillaron una verdadera red de mafiosos que,
asociados con empleados del ISSS, le compraban
los "quedan" o compromisos de pago a proveedores
de bienes y servicios que estaban desesperados
por los atrasos en los pagos.
A ellos se les acercaban antiguos
funcionarios y les compraban los "quedan" con un
buen descuento. Lo que no sabían los
proveedores es que las demoras en los pagos
estaban pactadas con funcionarios del Instituto
y que, una vez en sus manos, los redimían
en menos tiempo de lo que cualquiera
podría pensar.
Cuando se conocen los detalles de todo cuanto
ocurre dentro del ISSS, a cualquiera se le puede
parar el corazón. Es tal la magnitud de
las cosas que pasan ahí, que, no hace
mucho tiempo, unas jovencitas acusaron de acoso
sexual al presidente de la cooperativa de ahorro
y préstamo y a otro dirigente de esa
organización.
Los cargos los plantearon, formalmente, ante
un juzgado. Los dos funcionarios del ISSS las
convencieron de que conciliaran y las dieron
cinco mil colones a cada una. ¿Saben
quién pagó ese dinero? ¡La
cooperativa, por decisión de su junta
directiva! ¿Quieren saber qué se
alegó para utilizar el dinero de todos
los asociados de esa forma? Que las acciones
penales dañaban la imagen de la
cooperativa, a pesar de que se les acusó
de cometer un delito de entera responsabilidad
privada.
El ISSS tiene, ahora, una cara que nadie la
puede ocultar: es una institución
rehén de sus empleados, dentro de los que
se mezclan verdaderas mafias que piensan -no
cómo atender a asegurados- sino sobre la
manera de hacer dinero, cómo pasarla sin
esforzarse mucho, aunque eso desplome una
entidad que pertenece a todos los trabajadores
del país.
Reto y sinvergüenzadas
El Instituto Salvadoreño de Seguro
Social es una entidad gigantesca que, cada
año, atiende casi a un millón de
salvadoreños. Para hacerlo, posee 11 mil
345 empleados y maneja, anualmente, un
presupuesto de $370 millones.
De cada colón que ingresa a esa
institución, 63 céntimos se
dedican a remunerar trabajadores y a mantener
otros costos, como el manejo de la
infraestructura hospitalaria. Es poco lo que se
puede dedicar a mejorar lo que se tiene o a
darle una mayor y mejor cobertura médica
a los asegurados.
Pero, si eso es un problema, la debacle moral
en la que el ISSS se encuentra envuelta es tan
profunda que casi se ha vuelto normal, para
mencionar solo un ejemplo, el descubrimiento de
un empleado de la cocina de un hospital mientras
llevaba, amarrado en su estómago, dos
lomos que se compraron para alimentar a los
pacientes hospitalizados.
Muchos empleados del Seguro Social son
realmente atrevidos. No hace mucho tiempo, unos
ex empleados montaron un negocio asociados con
amigos suyos que laboraban dentro de la
institución en tareas financieras
contables.
El truco consistió en ahogar a un
número de proveedores del ISSS, sobre
todo algunos que realizan obras de mantenimiento
o reparaciones en la infraestructura
hospitalaria. Pasaban tres y cuatro meses, y los
"quedan" de los proveedores no eran redimidos.
Cuando llegaban a cobrar, se les acercaba uno de
esos ex empleados y les ofrecía comprar
esos documentos con un 10 por ciento, o
más, de descuento. El empresario, ahogado
por las deudas y los atrasos, aceptaba
vendérselos.
Cuando tenían los "quedan" en sus
manos, alertaban a sus compinches que
tenían dentro de la institución y
era entonces cuando, en muy poco tiempo, las
pagaban los documentos. Así obtuvieron
fuertes ganancias sin mover un dedo ni prestar
ningún servicio al ISSS.
En ese negocio participaron cajeros y
encargados del fondo circulante del ISSS, que
eran los miembros internos de la red de
compradores de "quedan".
Dos casos insólitos
Pagaron acosos
Hace algún tiempo, dos empleadas del
Instituto Salvadoreño de Seguro Social
(ISSS) acusaron por acoso sexual, ante un
juzgado penal, a dos directivos de la
Cooperativa de Ahorro, Crédito y Consumo
de afiliados al Sindicato de Trabajadores del
Seguro Social.
Las denuncias fueron puestas en el Juzgado
11o. de Paz de San Salvador contra Carlos
Alberto Joya Dávila, presidente de la
cooperativa, y Manuel Antonio López,
director del consejo de educación, por
dos ex empleadas de la propia cooperativa.
Incluso, ambas mujeres también
denunciaron el hostigamiento sexual ante la
División para la Defensa de los Intereses
de la Sociedad y Delitos contra Menores de Edad
y la Mujer, de la Fiscalía General de la
República.
Agobiados por el aprieto legal en que se
encontraban, ambos dirigentes de la cooperativa
llegaron a un acuerdo con las ofendidas de
pagarle, cada uno, a sus víctimas, la
suma de cinco mil colones.
A pesar de que todo representaba cargos
personales contra Joya Dávila y
López, los directores de la cooperativa
acordaron que esa organización pagara los
diez mil colones como si pudiesen usar,
privadamente, los dineros de los asociados.
El pago de esa suma de dinero lo cargaron a
la cuenta de gastos de "organismos de
administración y vigilancia". ¿Por
qué lo hicieron? Justificaron ese pago
alegándose que ambas acusaciones
dañarían la imagen de la
cooperativa, a pesar de que se trataba de
conductas privadas.
El acuerdo que tomaron el 9 de octubre del
año 2000 dice: "Se acuerda que la
cooperativa asuma el gasto total en el caso del
acoso sexual y que están involucrados los
compañeros Carlos Alberto Joya
Dávila y Manuel Antonio López, lo
anterior obedece a que afecta la imagen de la
cooperativa".
Oleo de créditos
Si de algo se han aprovechado los directivos
de la Cooperativa de Ahorro, Crédito y
Consumo del Sindicato de Trabajadores del Seguro
Social es de los préstamos que se
autoconceden desde hace mucho tiempo.
Los números son reveladores: de los 20
directivos, 18 se han concedido
préstamos. Los créditos de 15 de
esos directores muestran, a la vez, serios
problemas de mora. Como si eso fuese poco, los
saldos en mora al 15 de diciembre de 2000
ascienden a más de un millón y
medio de colones.
Para repartirse ese dinero, los directores de
la cooperativa utilizaron un camino muy
peculiar: entre ellos se sirven de fiadores, a
pesar de que el reglamento menciona que nadie
puede asumir ese papel si está moroso.
Tampoco pueden ser codeudores quienes no
muestren un buen récord crediticio.
En otros créditos que se concedieron,
ni siquiera llenaron la solicitud de
préstamo por tratarse de "dirigentes de
la cooperativa".
Además de eso, el reglamento menciona
que los créditos de emergencia no
podrán superar los tres mil colones
aunque, en la práctica, se han recetado
préstamos hasta por 110 mil colones.
Y, para rellenar la mora (porque no pagan los
créditos durante mucho tiempo), piden
otros créditos para refinanciar esas
obligaciones. Así evitan pagar intereses
en mora.
Eso ocurre a pesar de que el reglamento
menciona que los préstamos para
refinanciamiento sólo se pueden otorgar
cuando, al menos, se ha pagado el 50 por ciento
del capital prestado.
Además, los préstamos que se
concedieron los directores no poseen
garantías reales. Tampoco se analizan en
el comité de créditos. Los otorgan
con una rapidez más que pasmosa.
ISSS:
Alcohol, drogas, maltrato y
licencias
Corrupción
en el ISSS: Pillería y
Prebendas