Lunes 22 de octubre 2001


¿En qué país vivimos?
Ernesto Trigueros Alcaine*

En lugar de andar regulando las horas de venta y consumo de bebidas alcohólicas, con disposiciones de dudosa constitucionalidad, sería más positivo que se defienda nuestro idioma, que está siendo maltratado

La creciente invasión de anglicismos en nuestra lengua es innegable y está muy estudiada. El distinguido profesor y académico de la Real Academia de la Lengua, don Emilio Lorenzo, ha publicado dos obras magistrales dedicadas a este tema, además de innumerables artículos y conferencias. El nos ha hecho ver "en qué medida la creciente marea de palabras inglesas y construcciones calcadas del inglés invade el español".

Pero siendo nuestro idioma el principal legado cultural de España, entristece ver que en nuestro país esta invasión alcanza condiciones de verdadera catástrofe.

Aunque no somos expertos en estadística, nos atrevemos a afirmar que menos de un 10% de los salvadoreños que leemos los periódicos y vemos televisión, hablamos o entendemos el inglés.

Pero los mensajes que se nos envían a través de la publicidad, tanto escrita como televisada, parecen partir de la base de que todos los salvadoreños hablamos más inglés que español.

La ropita o zapatitos de los niños son siempre "ford kids". Si usted quiere llevar su automóvil a lavar, tiene que ir a un "car wash". Si se quiere tomar una cerveza bien helada, tiene que pedir una "draft", pues la de barril ha desaparecido del mapa. Y si quiere mejorar un poco la calidad del producto a ingerir, tiene que pedir una "premium", que es la misma cerveza pero con un apellido más "high life".

Y no se le ocurra meterse a comprar un carro sin matricularse en un curso intensivo de inglés. Lo van a volver loco con los "horse power", el "power steering", por no hablar del "clutch" o del "brake". Si se decide a comprar una de las camionetonas de las caras, mucho ojo que sea de las llamadas "full extras" o "full complementos", como hemos leído a toda página en un anuncio reciente encabezado por la palabra tan castiza de "Yeah".

Aparte de destrozar el idioma que, repito, es nuestro principal bien cultural, estamos haciendo el ridículo más espantoso. Cuando fue alcalde de San Salvador el político de grata recordación, Dr. J. Guillermo Trabanino, se emitió una ordenanza que prohibía los rótulos en inglés y se multaba a los negocios que la irrespetaban. Me imagino que la mencionada ordenanza no ha sido derogada pero con el tiempo ha dejado de ser cumplida. Ahora que tenemos un Concejo de clara avidez recaudatoria, sería muy del caso que se actualizase la dichosa ordenanza y se elevasen sensiblemente las multas correspondientes.

En lugar de andar regulando las horas de venta y consumo de bebidas alcohólicas, con disposiciones de dudosa constitucionalidad, sería más positivo que se defienda nuestro idioma, que está siendo maltratado de forma brutal. Su defensa sería francamente apegada a la Constitución de la República y muy bien recibida por la mayoría de los salvadoreños.

* Abogado y diplomático. Colaborador de El Diario de Hoy.


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