Sábado 20 de octubre 2001


























Evangelio para domingo
San Lucas 18, 1-8
Confía en Él

Jesús les mostró con un ejemplo que debían orar siempre, sin desanimarse jamás: "En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaba la gente. En la misma ciudad había también una viuda que acudía a él para decirle: 'Hazme justicia ante mi adversario'. Durante bastante tiempo, el juez no le hizo caso, pero al final pensó: 'Es cierto que no temo a Dios y no me importa la gente, pero esta viuda ya me molesta tanto que le voy a hacer justicia; de lo contrario acabará rompiéndome la cabeza' ".

Y el Señor dijo: "¿Se han fijado en las palabras de este juez malo? ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos si claman a Él día y noche, mientras Él deja que esperen? Yo les aseguro que les hará justicia, y lo hará pronto. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?".

Jesús invita a orar constantemente

"¡Hazme justicia!"

El Evangelio de Lucas es el que más insiste en el lugar que ocupa la oración en la práctica de Jesús. Y en la necesidad para los discípulos de orar constantemente.

Su escrito es para creyentes cansados de orar sin resultados y que, por falta de resultados, han dejado de orar. En realidad lo ha escrito para todos, especialmente para los creyentes que no oran.

"Y Dios..."

Del juez malo, descuidado, desinteresado se pasa a Dios, quien con mucha mayor razón escuchará a sus elegidos cuando clamen a Él "día y noche", aun cuando a veces parece demorar.

Jesús, en el relato, invita a orar con insistencia, aun contra la aparente lejanía o indiferencia de aquel a quien se dirige la plegaria; principalmente, si la conclusión final es la certeza de ser escuchados: "nadie debe ceder al cansancio o al desaliento en la oración". Una afirmación de pura fe, convicción profunda de que alguien escucha y está atento a las necesidades y a los gritos de la gente...

"¿Encontrará la fe sobre la tierra?"

La fe no es automática ni dada para siempre si no se alimenta; crece, madura, tanto por la oración como por la práctica de la misma justicia que la que se pide al Señor. La fe es un don, pero es también tarea. Lo importante, por tanto es "creerse lo que se ora" y hacerla con una "fe firme" en Aquel a quien se ora.

"Y nosotros..."

Con este breve pasaje, hoy se nos recuerda que la oración debe nacer de la fe. Y nos confirma que cuando la oración brota de la fe auténtica y no se cansa de suplicar, obtendrá su propósito con eficacia.

No hay oración bien hecha que llegue hasta Dios en vano y vuelva al que ora vacía. ¡El caso de la viuda lo confirma!

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb

NOTA: Lea este mismo evangelio y su comentario en el sitio www.escogecr.com.





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