En
sintonía con Dios
Tenemos sed de nuestro
Señor
Por el padre
Eugenio Hoyos
E-mail: FatherHoyos@utinet.net
Cada
vez es mayor el miedo que se empieza a vivir en
el mundo entero ante los ataques
biológicos sobre la población
civil.
Con nuestras plegarias le pedimos a Dios que
estas mentes enfermas de estos terroristas paren
de sembrar miedo en la gente inocente. Al leer
las noticias es alarmante cómo sigue
creciendo el número de personas afectadas
por la bacteria ántrax y a raíz de
estas dolorosas experiencias nos preguntamos
¿será que esto me puede suceder a
mí, o a algún miembro de mi
familia, a un amigo, etc.? Como sea, estemos
preparados porque el espíritu del mal no
descansa, el demonio está trabajando mas
rápido de lo que creemos.
Asimismo, este miedo, estos temores no
sólo están afectando a los Estados
Unidos; no se extrañe que el terror toque
a nuestras puertas. Por eso con calma
apeguémonos más a Dios y a la
oración constante; dejemos que el poder
divino reine y haga reaccionar estas mentes
enfermas y fanáticas. Carlos Smith, en su
libro de pensamiento llamado "Saber esperar" de
Ediciones Paulinas, nos habla sobre la
tensión (stress) que está viviendo
el mundo moderno.
Con el paso de los días la
tensión también está
llegando con rapidez a los pueblos menos
evolucionados. En los más lejanos y
desconocidos rincones, en las más
alejadas y perdidas aldeas, nos topamos con los
reflejos dañinos de este mundo agitado,
de tensión y agotador. Nadie hasta ahora
ha encontrado caminos prácticos para
escapar de este dragón. Todos hemos sido
alcanzados por su influencia directa como quien
se bebe diariamente sus "aguas" y por contagio
al contacto con los portadores de este "virus"
terrible y destructor que ha penetrado en
nuestras mentes y cuerpos.
Ya nadie tiene tiempo, vivimos apurados. El
reloj mide los instantes que pasan. Una
actividad tras otra, compromisos familiares y
sociales, negocios y reuniones. La vida ha
quedado completamente copada de la mañana
a la noche. Permanente agitación.
Preocupaciones que no dan tregua. Se dio ya el
primer paso a la tensión física y
mental. Si las cosas continúan
así, las energías cerebrales se
agotarán pronto por demandas que son muy
superiores a las reservas acumuladas. Hay que
detenerse. Parar es algo que se olvida en el
siglo de la velocidad.
Hay que detenerse aunque sea solamente cinco
minutos diarios para un poco de
distensión. ¡Cuánto progreso
en la salud y cuántas esperanzas que
renacen en esos cinco minutos! Las angustias y
aflicciones se multiplican y se suman a las
ansiedades y a las frustraciones de las
inseguridades y confusiones de la vida. Nadie
conoce el futuro. El hoy lo estamos viviendo. Es
confuso. El miedo común filtra los
corazones: la ola violenta que baña las
naciones penetra en el mundo privado de cada
uno. En los rostros se ve terror. Algo
inesperado puede ocurrir de repente. Podemos
encontrar al enemigo en cualquier parte. Por eso
entreguémonos completamente a Dios,
que El decidirá.