Sábado 20 de octubre 2001


En sintonía con Dios
Tenemos sed de nuestro Señor
Por el padre Eugenio Hoyos
E-mail:
FatherHoyos@utinet.net

Cada vez es mayor el miedo que se empieza a vivir en el mundo entero ante los ataques biológicos sobre la población civil.

Con nuestras plegarias le pedimos a Dios que estas mentes enfermas de estos terroristas paren de sembrar miedo en la gente inocente. Al leer las noticias es alarmante cómo sigue creciendo el número de personas afectadas por la bacteria ántrax y a raíz de estas dolorosas experiencias nos preguntamos ¿será que esto me puede suceder a mí, o a algún miembro de mi familia, a un amigo, etc.? Como sea, estemos preparados porque el espíritu del mal no descansa, el demonio está trabajando mas rápido de lo que creemos.

Asimismo, este miedo, estos temores no sólo están afectando a los Estados Unidos; no se extrañe que el terror toque a nuestras puertas. Por eso con calma apeguémonos más a Dios y a la oración constante; dejemos que el poder divino reine y haga reaccionar estas mentes enfermas y fanáticas. Carlos Smith, en su libro de pensamiento llamado "Saber esperar" de Ediciones Paulinas, nos habla sobre la tensión (stress) que está viviendo el mundo moderno.

Con el paso de los días la tensión también está llegando con rapidez a los pueblos menos evolucionados. En los más lejanos y desconocidos rincones, en las más alejadas y perdidas aldeas, nos topamos con los reflejos dañinos de este mundo agitado, de tensión y agotador. Nadie hasta ahora ha encontrado caminos prácticos para escapar de este dragón. Todos hemos sido alcanzados por su influencia directa como quien se bebe diariamente sus "aguas" y por contagio al contacto con los portadores de este "virus" terrible y destructor que ha penetrado en nuestras mentes y cuerpos.

Ya nadie tiene tiempo, vivimos apurados. El reloj mide los instantes que pasan. Una actividad tras otra, compromisos familiares y sociales, negocios y reuniones. La vida ha quedado completamente copada de la mañana a la noche. Permanente agitación. Preocupaciones que no dan tregua. Se dio ya el primer paso a la tensión física y mental. Si las cosas continúan así, las energías cerebrales se agotarán pronto por demandas que son muy superiores a las reservas acumuladas. Hay que detenerse. Parar es algo que se olvida en el siglo de la velocidad.

Hay que detenerse aunque sea solamente cinco minutos diarios para un poco de distensión. ¡Cuánto progreso en la salud y cuántas esperanzas que renacen en esos cinco minutos! Las angustias y aflicciones se multiplican y se suman a las ansiedades y a las frustraciones de las inseguridades y confusiones de la vida. Nadie conoce el futuro. El hoy lo estamos viviendo. Es confuso. El miedo común filtra los corazones: la ola violenta que baña las naciones penetra en el mundo privado de cada uno. En los rostros se ve terror. Algo inesperado puede ocurrir de repente. Podemos encontrar al enemigo en cualquier parte. Por eso entreguémonos  completamente a Dios, que El decidirá.


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