El
Salvador en perspectiva
El Islam
Mario
Rosenthal
mrelsalv@cyt.net
Alá
es el Dios Único y Mahoma es su profeta.
Estas palabras son las que unen a los 1099
millones de mahometanos (que son los que
profesan la religión del Islam) en todo
el mundo. Esta religión se gestó
en lo que es hoy en día Arabia Saudita,
que no era en ese entonces un Estado
consolidado, sino que estaba habitado por
numerosas tribus independientes de cultos
paganos. Aunque habían vivido por siglos
en proximidad con judíos y cristianos,
nunca habían aceptado ni a Moisés
ni a Cristo.
Mahoma, el fundador del Islam, que era visto
por sus vecinos como un acomodado comerciante,
era un hombre contemplativo y acostumbraba
retirarse a meditar a una cueva en el Mt. Hira,
situada a unos 40 kilómetros de La Meca.
A los cuarenta años fue inspirado a creer
que Dios le había escogido para ser el
profeta de los árabes, ya que nunca
habían tenido uno. En el año 610
D.C., el ángel Gabriel se le
apareció en una visión a Mahoma y
le ordenó predicar a su gente que
había un solo Dios, y no muchos dioses
como los paganos árabes creían.
Mahoma siguió teniendo revelaciones toda
su vida, que fueron anotadas y recopiladas en el
libro sagrado del Islam, El Corán.
Los comerciantes de La Meca consideraban a
Mahoma y sus prédicas como un enemigo,
porque su prosperidad dependía de los
muchos peregrinos que llegaban a reverenciar al
dios pagano Kaaba, y también
temían que los seguidores de Mahoma
destruyeran sus negocios y conspiraran para
matarlo, pero Mahoma se dio cuenta de la
maquinación y huyó a Medina.
Establecido en Medina, Mahoma y sus
seguidores se dedicaron a atacar las caravanas
que llevaban mercadería e insumos a La
Meca. Hubo represalias e intentos de conquistar
el baluarte islámico, pero todos
fracasaron y Mahoma cada día tenía
más seguidores y los comerciantes de La
Meca comenzaron a trasladarse a Medina. Mientras
tanto, tuvo una nueva inspiración: unir a
todos los árabes y dirigir su proeza
militar contra el mundo en plan de conquista y
no contra sus hermanos.
El primer paso hacia la unificación
era volver a La Meca y tomar el poder. Esto se
logró en el año 630 DC., cuando
Mahoma a la cabeza de un ejército de
10,000 hombres sometió a La Meca y se
estableció como el primer Califa,
título del jefe religioso y militar que
se dio a todos sus sucesores.
En dos años Mahoma había
sometido a todos los árabes y establecido
el Califato. A su muerte, en 632 D.C., su suegro
le sucedió como Califa, y se
estableció el precedente del Califato
como líder de la comunidad
islámica. Según El Corán,
los islámicos están obligados a
promover el bien, prohibir la maldad y
establecer la justicia social y
económica. De igual importancia es la
exhortación de extender el mensaje de
Dios al resto del mundo. Desde sus principios
"llevar el mensaje" consistía en el uso
de la fuerza en la forma del Ahuate o sea la
guerra santa. La intención nunca fue de
convertir a nadie al Islam, su finalidad era
lograr el control político de las
sociedades y comunidades y gobernar de acuerdo
con los principios del Islam.
Durante los catorce siglos que sucedieron el
retorno de Mahoma a La Meca, el islamismo ha
logrado ser la segunda religión
monoteísta del mundo con 1099 millones de
fieles, después del cristianismo que
tiene 1927 millones. El Islam nunca se
organizó como una religión con un
solo jefe que ordenara su operación y al
que se le atribuyera infalibilidad en asuntos de
doctrina. Lo único que une a los
islámicos es la fe que comparten. En
algunos de los países en donde la
mayoría son islámicos, se han
establecido teocracias y otros han seguido el
modelo democrático. Entre los
países islámicos están:
Afganistán, Malasia, Pakistán,
Bangladesh, Irán, Iraq, Siria, Jordania,
Arabia Saudita, Turquía, parte de China,
las Filipinas, Rusia asiática, Marruecos.
Hay muchos conflictos entre los países
islámicos, pero casi siempre han sido y
son por diferencias políticas y no de
doctrina.