Jueves 18 de octubre 2001


Entre nos
El instinto político
Juan Bosco Martín
email: bosco@elsalvador.com

(I). El FMLN se empecinó en robarle protagonismo a la nueva cúpula arenera a fuerza de exabruptos. Pareciera que sus estrategas coinciden con muchos publicistas en contentarse con que se hable de su producto, aunque sea mal, pero que se hable. Parafraseando -y adulterando- a McLuhan, se podría afirmar que, para el Frente, la palestra es su mensaje.

Pues bien, aunque le pese a la izquierda, a la derecha silenciosa, a los Osamas, a los fabricantes de ántrax o incluso a los mismos nuevos capitanes del barco tricolor, la apuesta que destapó ARENA hace unas semanas no debe pasar desapercibida. Tampoco las reacciones que ha suscitado.

Me llama la atención la similitud de criterio tanto para elogiar como para vituperar los nuevos fichajes del COENA. Pétalos y espinas se concentran sobre la condición empresarial y la solvencia económica de los nuevos miembros, lo que a mi juicio se debería valorar como un dato accidental más que fundamental.

Pecan de simpleza los que exultan por las destrezas políticas de unos personajes que ni siquiera han tenido tiempo para demostrarlas. No digo que no puedan convertirse en buenos estadistas (sobre todo Murray, que ya tiene alguna experiencia y todos los boletos para suceder a Paco Flores), pero tañer las campanas sin tener todavía motivo concreto para celebrar, refleja cierta superficialidad en el análisis. Al salvadoreño no le resuelve sus problemas que los políticos sean presidentes exitosos de bancos, o habilidosos futbolistas, o refinadísimos poetas, sino que sean buenos estadistas, que es algo más complejo de conseguir. Sobra decir que también demuestra un pensamiento ramplón, acaso aldeano y asaz mezquino, quien los critica por el mero hecho de que son ricos y proceden del sector privado.

El éxito en los negocios no se acompaña, como si de fórmula matemática se tratara, de un éxito en la política. A veces sí, pero no siempre. De lo contrario, Ross Perot hubiera arrasado en las elecciones de EE.UU y Aristóteles se hubiera adelantado a Adam Smith en el secreto de la prosperidad de los pueblos. Aunque les duela a muchos, la prosperidad de los pueblos depende mucho más de los buenos políticos que de los buenos empresarios. Si la política funciona bien -y por "funcionar bien" entiendo garantizar libertades y derechos-, lo demás viene por añadidura.

Del mismo modo, haber resistido a un ejército regular al frente de un numeroso grupo de guerrilleros tampoco asegura el éxito en el liderazgo de un partido de izquierda, si éste se llama democrático.

La política, como el periodismo o los negocios, requiere de un instinto peculiar no siempre compatible con otras nobles actividades humanas. Quien posee ese talento para encabezar una nación, se puede convertir, en función de la moralidad de sus decisiones, en un líder despótico como Hitler o en uno sensato como Adenauer. De momento, lo único que refleja con claridad diamantina la elección del COENA, es que el partido que fundó d'Aubuisson &emdash;político sagaz para los tiempos de guerra&emdash; se quedó sin instinto político, vacío que no es motivo de celebración. Y lo ha tenido que buscar fuera, en el mundo de los negocios. Y ha apostado por líderes con mucho instinto… para los negocios. Veremos si lo desarrollan para la política.


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