Entre
nos
El instinto
político
Juan
Bosco Martín
email:
bosco@elsalvador.com
(I).
El FMLN se empecinó en robarle
protagonismo a la nueva cúpula arenera a
fuerza de exabruptos. Pareciera que sus
estrategas coinciden con muchos publicistas en
contentarse con que se hable de su producto,
aunque sea mal, pero que se hable. Parafraseando
-y adulterando- a McLuhan, se podría
afirmar que, para el Frente, la palestra es su
mensaje.
Pues bien, aunque le pese a la izquierda, a
la derecha silenciosa, a los Osamas, a los
fabricantes de ántrax o incluso a los
mismos nuevos capitanes del barco tricolor, la
apuesta que destapó ARENA hace unas
semanas no debe pasar desapercibida. Tampoco las
reacciones que ha suscitado.
Me llama la atención la similitud de
criterio tanto para elogiar como para vituperar
los nuevos fichajes del COENA. Pétalos y
espinas se concentran sobre la condición
empresarial y la solvencia económica de
los nuevos miembros, lo que a mi juicio se
debería valorar como un dato accidental
más que fundamental.
Pecan de simpleza los que exultan por las
destrezas políticas de unos personajes
que ni siquiera han tenido tiempo para
demostrarlas. No digo que no puedan convertirse
en buenos estadistas (sobre todo Murray, que ya
tiene alguna experiencia y todos los boletos
para suceder a Paco Flores), pero tañer
las campanas sin tener todavía motivo
concreto para celebrar, refleja cierta
superficialidad en el análisis. Al
salvadoreño no le resuelve sus problemas
que los políticos sean presidentes
exitosos de bancos, o habilidosos futbolistas, o
refinadísimos poetas, sino que sean
buenos estadistas, que es algo más
complejo de conseguir. Sobra decir que
también demuestra un pensamiento
ramplón, acaso aldeano y asaz mezquino,
quien los critica por el mero hecho de que son
ricos y proceden del sector privado.
El éxito en los negocios no se
acompaña, como si de fórmula
matemática se tratara, de un éxito
en la política. A veces sí, pero
no siempre. De lo contrario, Ross Perot hubiera
arrasado en las elecciones de EE.UU y
Aristóteles se hubiera adelantado a Adam
Smith en el secreto de la prosperidad de los
pueblos. Aunque les duela a muchos, la
prosperidad de los pueblos depende mucho
más de los buenos políticos que de
los buenos empresarios. Si la política
funciona bien -y por "funcionar bien" entiendo
garantizar libertades y derechos-, lo
demás viene por añadidura.
Del mismo modo, haber resistido a un
ejército regular al frente de un numeroso
grupo de guerrilleros tampoco asegura el
éxito en el liderazgo de un partido de
izquierda, si éste se llama
democrático.
La política, como el periodismo o los
negocios, requiere de un instinto peculiar no
siempre compatible con otras nobles actividades
humanas. Quien posee ese talento para encabezar
una nación, se puede convertir, en
función de la moralidad de sus
decisiones, en un líder despótico
como Hitler o en uno sensato como Adenauer. De
momento, lo único que refleja con
claridad diamantina la elección del
COENA, es que el partido que fundó
d'Aubuisson &emdash;político sagaz para
los tiempos de guerra&emdash; se quedó
sin instinto político, vacío que
no es motivo de celebración. Y lo ha
tenido que buscar fuera, en el mundo de los
negocios. Y ha apostado por líderes con
mucho instinto
para los negocios. Veremos
si lo desarrollan para la política.