Jueves 18 de octubre 2001


La Nota del Día
 

En la década perdida nos robaron el futuro

Podemos "agradecer" a los liberadores y reformadores (efemelenistas y duartistas) las lacras que padecemos hoy en día

Los directores del Hospital Bloom -fundado hace más de sesenta años por don Benjamín, el banquero- señalan el preocupante incremento en los casos de desnutrición infantil, problema que afecta a tantos niños en el país. Procedentes de muchos lugares y hasta de zonas urbanas, las criaturas sufren de raquitismo, inflamación de sus vientres, descoloramiento del pelo y profunda tristeza.

¿Cuáles son las causas de esta tragedia? Al examinar la cuestión se debe partir de una realidad estremecedora: todos los pueblos, en todos los continentes, nacen bajo el acoso implacable del hambre. Es sólo en la medida en que se organizan para producir, adoptan modos de vida racionales y se someten a un régimen de leyes, que pueden vencer al hambre.

Muchas veces hemos recordado que países que son hoy la envidia del mundo, como Noruega, Bélgica y España, padecieron de hambre hace menos de un siglo, como se describe en la novela "Pan" (o "Hambre") de Hamsun; una tía nuestra compró un libro usado en un anticuario de Bruselas, en el que más tarde encontró, entre sus hojas, viejas cartas con el desesperado testimonio de su anterior dueño, en las que describe el fuego que el hambre prendía en sus entrañas.

Hay hambre y desnutrición en El Salvador, pero lo hay primordialmente por el abandono que los padres hacen de sus hijos, como por la devastación causada por la guerra y por la "reforma agraria". Los salvadoreños ganaban más (en términos reales) antes de 1978, de lo que ganan ahora. Sus posibilidades de conseguir buen trabajo, de recibir atención médica, de vivir más tiempo, de estar más seguros y felices, eran superiores a lo que son ahora. Y, de haber continuado el ritmo de crecimiento que se tenía entonces, los salvadoreños tendríamos un nivel de país desarrollado.

Podemos "agradecer" a los liberadores y reformadores (efemelenistas y duartistas) las lacras que padecemos hoy en día. Sin embargo no se trata de derramar lágrimas por lo que era nuestro destino, sino de retomarlo, de corregir los colosales errores cometidos y ponernos a trabajar con eficiencia.

Mucha desnutrición es culpa del abandono

Una de las causas primordiales de la desnutrición de innumerables niños, como decimos, se origina del abandono en que quedan al largarse el padre, o no reconocer este sus obligaciones. En las zonas rurales son muy pocas las oportunidades de presionar a esos padres para que cumplan con sus deberes. Pero tan pronto se incorporan a la producción organizada, la que se basa en el empleo de capital, la posibilidad de regular las relaciones entre padres e hijos se incrementa. En Costa Rica, nos dice Lafitte Fernández, no se pueden sacar documentos de identidad, pasaportes, licencias para conducir o efectuar trámites en oficinas de gobierno, si se tienen demandas incumplidas por sostenimiento de hijos. Igual norma se debería aplicar en cuanto a conseguir créditos para siembras, obtener subsidios, incorporarse a programas sociales, o "sacar" una vivienda.

Cuidar a los niños debe ser una prioridad personal, familiar, comunitaria, citadina y nacional. Los programas de "escuelas saludables" lograron mejorar la asistencia escolar y reducir la desnutrición. Pero con los terremotos, la sequía, las dificultades económicas mundiales y la nefasta herencia del esquema reformista impuesto en 1980, el trabajo escasea en el campo y son pobres las cosechas. Esa excusa, sin embargo, no la tienen los padres de las zonas urbanas.


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