Marco
Valencia
La inmensidad y la
intimidad del paisaje
En la múltiple oferta del arte
latinoamericano actual, una oferta en que la
ruptura y la propuesta más
legítimas coinciden en un espacio en que
se evidencia un afán de devolver al arte,
y esencialmente a la pintura, su esencia de
suficiencia, más allá del tema y
la imagen en y por sí misma, el paisaje
ha adquirido una singular presencia y
fuerza.
Armando
Alvarez Bravo
Crítico de Arte/El Nuevo Herald
Muy
fácilmente podría afirmarse que el
paisaje es moda. Pero tal aseveración es
injusta y superficial. En todos los tiempos, y
no menos en el nuestro, el paisaje es final
impulso y materia de la creación. Una
materia con una incesante capacidad de
renovación, de ganancia en el espectro de
la historia y la tradición del arte.
Hurgar y desentrañar en las causas del
bienvenido auge del paisaje en la nómina
temática de nuestra presente
creación, es bien complejo por la
sutileza de los matices involucrados en su
proyección. Pienso, en este sentido, que
una de las razones que informan ese auge es un
redescubrimiento de los creadores de su entorno.
Este va más allá, por encima de
los factores formales, de una voluntad de los
artistas de trascender un discurso dictado por
la inmediatez del propio paisaje e ir a su
otredad. A la otra naturaleza que destila su
evidencia. Ese impulso ahonda las posibilidades
expresivas del paisaje y lo cala de una
poesía, un enigma y una evidencia en que
podemos y debemos reconocernos. Tres factores
que, desde las referencias absolutas de la
realidad, participan de las ficciones que depara
una imaginación ávida de magia y
encuentro. No menos del latido de la
belleza.
Valencia en Coral Gables
La galería Jorge M. Sori Fine Art, de
Coral Gables, está presentando la
exposición "Bosque y bambúes", del
joven pintor salvadoreño Marco Valencia,
cuyos lienzos ilustran cabalmente con sus
cualidades la actual vigencia y más del
paisajismo. El expositor, nacido en San
Salvador, en 1973, es un pintor autodidacta que
se formó como ingeniero químico,
carrera que abandonó para dedicarse a la
pintura. Ha expuesto en muestras personales y
colectivas en su país, Alemania y Estados
Unidos. Sus obras figuran en colecciones
privadas y públicas de El Salvador, Costa
Rica, Guatemala, Nicaragua y Estados Unidos.
Los adjetivos siempre son traicioneros y el
que le corresponde a Valencia, en la
retórica al uso, es la de artista
emergente. Ojalá todos aquellos a los que
tan fácilmente se da ese adjetivo
tuviesen su calidad. Esa
calidad
se ha consolidado y se proyecta hacia sus
máximos desde el inicio de la labor del
pintor hace ya más de una década.
Se volcaba entonces sobre lo que se ha designado
como un costumbrismo que describía los
pueblos y paisajes de su patria.
Su evolución comienza, según
señaló un artículo de El
Diario de Hoy en 1999, cuando el expositor se
entregó a exaltar al paisaje en sus
obras. En este sentido, afirmó Valencia:
"Siempre lo ponía como elemento
secundario en mi trabajo, por eso, de cuatro
años para acá decidí
cambiar el estilo y ponerme más con el
naturalismo". Tal certidumbre lo adentra en el
dominio de una mirada nueva. Esa mirada no es la
que se empeña en plasmar estrictamente lo
que podríamos llamar los datos
físicos del paisaje. Si bien la pintura
de Valencia se caracteriza, entre otras muchas
cosas, por su precisión y su fidelidad al
detalle en todos los órdenes, hay en la
cristalización de cada una de sus piezas
una intensidad que es producto de la
elaboración de lo que alienta en sus
paisajes como iluminación, como
entrevisto de una plenitud que trasciende lo
temporal para, desde su subrayado, formular una
interpretación de lo material que deviene
ficción y arquetipo participables.
Hay en estos lienzos, una de cuyas
áreas se centra en el carácter
expresivo ascencional de los bambúes como
centro irradiante en que confluye la totalidad y
que tiene mucho de catedralicio, un impulso que
hace que el artista acceda a la plena conciencia
de que la naturaleza se entrega hasta un punto
que la mirada y los sentidos no pueden
trascender. Tal certidumbre, sin embargo, no se
convierte en término y limitación
en la obra del pintor, sino en catalizador de
una maravilla latente, cuya incesante y ofrecida
dádiva se pasa con harta frecuencia por
alto.
Así,
no es ocioso que en el catálogo de su
exposición "Esencia del paisaje II", que
presentó en 1999 en la salvadoreña
Galería 1-2-3, Valencia citara a John
Constable (1776-1837) cuando al hablar sobre sus
propósitos, manifestó: "Luz,
rocío, brisas, floración y
frescura; nada ha sido aún perfeccionado
en el lienzo de cualquier pintor del mundo".
La minuciosa belleza de esta pintura, de este
bosque y estos bambúes en los bosques que
son universo del pintor, es una de las mejores
expresiones jóvenes del paisajismo
latinoamericano. Valencia es uno de esos
artistas que sabe, desde su pasión por su
temática, que ésta tan sólo
puede acceder a su definición
máxima cuando plasma su totalidad
desentrañando cada detalle en su
precipitado. Es decir, cuando la pintura es
pintura y proclama la inmensidad del paisaje,
que no es otra cosa que una intimidad llena de
maravilla.
La exposición de Valencia
permanecerá abierta al público en
Miami hasta el 31 de octubre, en Jorge M. Sori
Fine Art, en Coral Gables. La
coordinación de la exposición del
salvadoreño Marco Valencia en Miami,
estuvo a cargo de María Elena
Samayoa.
(Publicado el domingo 7 de octubre de 2001
en El Nuevo Herald).