Lo que sí
puede pasar
En El Salvador todo es posible". Esa es la
explicación que, resignada, doy a los
hechos que jamás pensé
podían ocurrir aquí y que, sin
embargo, ocurrieron (léase el segundo e
improbable terremoto).
Por
Telena
¿Qué
pensaría si le dijeran que se ha
inventado un sustituto del café y que,
por lo consiguiente, el café
salvadoreño se queda sin compradores? A
estas alturas sería el tiro de gracia, lo
sé, pero Alvaro Menen Desleal lo plantea
en su cortísima novela "El día en
que quebró el café", que es parte
del libro "Tres novelas cortas y poco
ejemplares" (cualquier semejanza con Cervantes
es pura coincidencia).
Resulta que unos científicos, de esos
que siempre hay en algún laboratorio del
mundo, inventan un compuesto químico que
tiene el mismo sabor que el café. La
noticia cae como bomba en El Salvador y entonces
comienzan a desarrollarse una serie de
acontecimientos que cambian por completo la
historia.
La novela está estructurada en breves
noticias, algunas en un tono cómico;
otras bastante insólitas... pero como
todo es posible en El Salvador. La estatua de
Gerardo Barrios (el que introdujo el cultivo del
café al país... ¡Ahhh!) la
terminan derribando de la Plaza Barrios.
Al final (no voy a contar el final), nuestro
paisito acaba como algo que no está lejos
de la realidad (¿otra profecía de
esas que hoy nos aflijen?).
Las otras dos novelas de este libro poco
ejemplar son "Tribulaciones de un americano que
estudió demografía" y la conocida,
por la obra de teatro "Hacer el amor en el
refugio atómico".
La historia del americano, padre de muchos
hijos, que tiene el aburrido trabajo de marcar
en tarjetas los nacimientos y las defunciones es
espeluznante. De repente, al sujeto se le ocurre
empezar a jugar la demografía y los
resultados son, digamos, de esos de final
inesperado.
En fin, que las tres novelas ("Hacer el amor
en el refugio atómico" no la comento
porque es bastante conocida), tocan temas que a
veces pasamos por alto.
Y con el toque especial de Alvaro Menen
Desleal, inteligente y satírico, el
lector disfruta de esas situaciones que los
salvadoreños sabemos que se pueden
convertir en realidad, porque por muy chiquito
que sea este país, podemos tener la
seguridad de que algo sucederá.