Martes 16 de octubre 2001


Lo que sí puede pasar

En El Salvador todo es posible". Esa es la explicación que, resignada, doy a los hechos que jamás pensé podían ocurrir aquí y que, sin embargo, ocurrieron (léase el segundo e improbable terremoto).

Por Telena

¿Qué pensaría si le dijeran que se ha inventado un sustituto del café y que, por lo consiguiente, el café salvadoreño se queda sin compradores? A estas alturas sería el tiro de gracia, lo sé, pero Alvaro Menen Desleal lo plantea en su cortísima novela "El día en que quebró el café", que es parte del libro "Tres novelas cortas y poco ejemplares" (cualquier semejanza con Cervantes es pura coincidencia).

Resulta que unos científicos, de esos que siempre hay en algún laboratorio del mundo, inventan un compuesto químico que tiene el mismo sabor que el café. La noticia cae como bomba en El Salvador y entonces comienzan a desarrollarse una serie de acontecimientos que cambian por completo la historia.

La novela está estructurada en breves noticias, algunas en un tono cómico; otras bastante insólitas... pero como todo es posible en El Salvador. La estatua de Gerardo Barrios (el que introdujo el cultivo del café al país... ¡Ahhh!) la terminan derribando de la Plaza Barrios.

Al final (no voy a contar el final), nuestro paisito acaba como algo que no está lejos de la realidad (¿otra profecía de esas que hoy nos aflijen?).

Las otras dos novelas de este libro poco ejemplar son "Tribulaciones de un americano que estudió demografía" y la conocida, por la obra de teatro "Hacer el amor en el refugio atómico".

La historia del americano, padre de muchos hijos, que tiene el aburrido trabajo de marcar en tarjetas los nacimientos y las defunciones es espeluznante. De repente, al sujeto se le ocurre empezar a jugar la demografía y los resultados son, digamos, de esos de final inesperado.

En fin, que las tres novelas ("Hacer el amor en el refugio atómico" no la comento porque es bastante conocida), tocan temas que a veces pasamos por alto.

Y con el toque especial de Alvaro Menen Desleal, inteligente y satírico, el lector disfruta de esas situaciones que los salvadoreños sabemos que se pueden convertir en realidad, porque por muy chiquito que sea este país, podemos tener la seguridad de que algo sucederá.


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