Lunes 15 de octubre 2001


Palabras
Mil días para nacer una ilusión
Carlos Balaguer

El pescador de ostras llegó hasta Lis, caída en el muelle, sin sueño ni velero.

-Amantísima Lis ¿no lo sabías? Nadie puede abandonar la isla.

-No me lo dijeron antes.

Siempre hay una edad para saber estas cosas:

Que existe una frontera, que el hombre no puede cruzar siempre esas fronteras.

Las aves migratorias pueden volar de norte a sur y hasta cualquier confín, sin que nadie las detenga. No así el ser humano, ilegal gaviota de todos los caminos...

-Era mi última ilusión. C.M. dice que existen las ciudades detrás del mar... ¡Yo tengo que encontrarlas?

-Nunca podrás. Nadie puede escapar de la isla. Nadie puede cruzar la frontera. Ni los mismos guardias carceleros.

Lis quedó mirando hacia lo lejos, donde el barco se hundía en el horizonte.

-Era mi ilusión. Mil días para que crezca una ilusión; un día para que mueran mil ilusiones...

-Todos esperamos lo mismo. Soñar es esperar con los ojos cerrados; esperar es soñar con los ojos abiertos...

-Seguiré esperando. De pronto me doy cuenta que soy un prisionero más...

No es libre el que espera. Pero sin esperanza no puede haber libertad.


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