El dengue
cambió su vida
Para la familia de Abidán Aguilar,
hoy un niño de año y medio, la
palabra "dengue hemorrágico" les causa
temor, incluso escalofríos. Su
pequeño sobrevivió a la
enfermedad, pero le dejó graves
secuelas.
Abidan
ingresó en septiembre pasado, con tal
sólo tres meses de edad, a la Unidad de
Cuidados Intermedios (UCIM). El
diagnóstico, el mismo que todos los
niños que llenaban las salas de espera y
los pasillos del hospital: dengue
hemorrágico.
La familia recuerda que en la sala era muy
admirado por el personal, sobre todo por lo
hermoso y gordito que era.
La gravedad de su estado pronto se hizo
palpable, y muestra de ello fueron las
complicaciones que lo obligaron a pasar por la
sala en varias ocasiones.
A simple vista, Abidán parece un
niño normal, con la tierna sonrisa y las
travesuras propias de su edad. Detrás, se
esconden secuelas como la hidrocefalia provocada
por varios derrames cerebrales que
padeció.
En el interior del cráneo lleva una
válvula, al parecer, para drenar
líquido. También, el
corazón y el aparato locomotor se vieron
afectados por la furia que desató la
enfermedad.
A pesar de todo, la familia no ha perdido la
fe, pues sabe que así como el Creador lo
curó y lo sacó del hospital, lo
ayudará en la rehabilitación.
Así parece. Los médicos que lo
tratan con terapias semanales observan "una
recuperación muy aceptable", según
cuentan los familiares.
El símbolo de la
supervivencia
"El niño Esquivel", como
cariñosamente le llama el personal
médico de la Unidad de Cuidados
Intensivos (UCI), del Hospital Bloom, se
convirtió en un símbolo en los
días más críticos de la
epidemia.
El 18 de septiembre, día de su
cumpleaños, Víctor Moisés
Esquivel comenzó a presentar los
síntomas propios del dengue.
"Pensábamos que sería el
último", confiesan los padres, Felicita y
Víctor Esquivel, un año
después.
Carlos Flamenco, intensivista, recuerda que,
una madrugada, la angustia del padre era tal que
salió a cotizar los precios de los
servicios fúnebres.
Un mes y medio en la UCI, con niños
que morían horas después de su
ingreso, demuestra que la debilidad en que
cayó el padre era lo más
humano.