Lunes 1 de octubre de 2001


El dengue cambió su vida

Para la familia de Abidán Aguilar, hoy un niño de año y medio, la palabra "dengue hemorrágico" les causa temor, incluso escalofríos. Su pequeño sobrevivió a la enfermedad, pero le dejó graves secuelas.

Abidan ingresó en septiembre pasado, con tal sólo tres meses de edad, a la Unidad de Cuidados Intermedios (UCIM). El diagnóstico, el mismo que todos los niños que llenaban las salas de espera y los pasillos del hospital: dengue hemorrágico.

La familia recuerda que en la sala era muy admirado por el personal, sobre todo por lo hermoso y gordito que era.

La gravedad de su estado pronto se hizo palpable, y muestra de ello fueron las complicaciones que lo obligaron a pasar por la sala en varias ocasiones.

A simple vista, Abidán parece un niño normal, con la tierna sonrisa y las travesuras propias de su edad. Detrás, se esconden secuelas como la hidrocefalia provocada por varios derrames cerebrales que padeció.

En el interior del cráneo lleva una válvula, al parecer, para drenar líquido. También, el corazón y el aparato locomotor se vieron afectados por la furia que desató la enfermedad.

A pesar de todo, la familia no ha perdido la fe, pues sabe que así como el Creador lo curó y lo sacó del hospital, lo ayudará en la rehabilitación.

Así parece. Los médicos que lo tratan con terapias semanales observan "una recuperación muy aceptable", según cuentan los familiares.

El símbolo de la supervivencia

"El niño Esquivel", como cariñosamente le llama el personal médico de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), del Hospital Bloom, se convirtió en un símbolo en los días más críticos de la epidemia.

El 18 de septiembre, día de su cumpleaños, Víctor Moisés Esquivel comenzó a presentar los síntomas propios del dengue.

"Pensábamos que sería el último", confiesan los padres, Felicita y Víctor Esquivel, un año después.

Carlos Flamenco, intensivista, recuerda que, una madrugada, la angustia del padre era tal que salió a cotizar los precios de los servicios fúnebres.

Un mes y medio en la UCI, con niños que morían horas después de su ingreso, demuestra que la debilidad en que cayó el padre era lo más humano.


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