Lunes 1 de octubre de 2001


El año que el dengue desató su furia

La virulencia del dengue no tuvo paran-gón en esta parte de hemisferio. Tal es así que los médicos, sin base sobre la que trabajar, elaboraban sobre el camino el mejor protocolo de tratamiento

Teresa Cubías
El Diario de Hoy

Madres e hijos agolpados en las salas espera y, en el peor de los casos, en los pasillos de hospitales y unidades de salud. Médicos incrédulos ante el desarrollo inusual de la enfermedad, acompañados de la experiencia de colegas cubanos, mexicanos y estadounidenses. Reuniones de especialistas para tratar de explicar lo inexplicable. En voz baja se escucha que la epidemia de dengue hemorrágico hace tiempo que se le escapó de las manos a las autoridades. La situación es insostenible, los fallecidos no cesan. Este podría ser el retrato de una mañana de septiembre, hace un año, en un hospital como el Benjamín Bloom.

El pasado 12 de septiembre, el presidente de la República, Francisco Flores, anunció la emergencia nacional con el fin, en pocas palabras, de destinar todos los recursos materiales y humanos disponibles a la lucha contra el dengue.

Sin un manual

En esos días, los fallecidos se contaban casi a diario. Y lo que es más trágico, no había una experiencia en la que apoyarse ni un manual al que consultar.

Los médicos asistían a un desarrollo nuevo de la enfermedad del dengue, jamás visto en el este lado de hemisferio.

"El año pasado, el mayor problema no fue la falta de medicinas, sueros o sangre; todo eso se tenía", asegura la Dra. Margarita Pérez Franco de Morales, intensivista del Hospital Bloom.

El peor enemigo de ese momento era la falta de experiencia para combatir la enfermedad. Razón no faltaba. El país se enfrentaba por primera vez a una combinación del dengue virulenta y poco estudiada: los serotipos del dengue 2 y 3.

Sin un protocolo de atención -manual-, los médicos se dieron a la tarea de definir las normas de atención conforme se presentaban los casos.

Había interrogantes que aún carecen de una explicación concreta. ¿Por qué la enfermedad se concentraba en los niños? o ¿por qué los niños mejor nutridos presentan cuadros clínicos más críticos que los niños con algún grado de desnutrición?

"En las manos de Dios"

El dengue hemorrágico llegó a tal extremo en El Salvador que los especialistas del H. Bloom llegaron, literalmente, "a dejar a los niños en las manos de Dios, después de que ellos, como médicos, hacían todo lo que la ciencia les permitía", recordó la Dra. Pérez Franco de Morales.

Detrás de la bata blanca había madres y padres que sentían la misma preocupación por sus hijos que las personas que se encontraban en la sala de espera.

"Recuerdo que le compré cientos de repelentes a mis hijos para que no les picaran los zancudos. Es más, le pedí a Dios que así como yo me esforzaba por salvarles a sus hijos en la UCI, él guardara a los míos, un compromiso que siempre cumplo", aseguró la intensivista.

También, el jefe de la UCI, el Dr. Oscar Sánchez Vela, reconoció que el principal problema fue que el país no estaba preparado para afrontar la cantidad de enfermos que llegaban y la gravedad con que se presentaban.

Durante cuatro meses, los horarios de trabajo no tenían fin. Se suspendieron las clases, se multiplicaron los turnos de los médicos residentes e, incluso, la tensión del sueño y el cansancio, junto a la falta de recursos materiales, provocó alguna suspensión de labores entre los médicos residentes.

En la calle, la gente se despertaba con el sonido de un altavoz que invitaba a abrir las puertas y ventanas. Era la hora de fumigar para acabar con el mosquito Aedes Aegyptis, transmisor del dengue.

Salud y alcaldías

El Ministerio de Salud y las alcaldías movilizaron, además de las cuadrillas de fumigadores, trabajadores que repartían bolsitas de abate, para combatir la larva del zancudo.

Salud, incluso, amenazó con sancionar a aquellas personas que permitieran que recipientes se convirtieran en criaderos de larvas. El derecho a la salud de la comunidad se anteponía a cualquier decisión arbitraria personal que pusiera en peligro la vida de los vecinos.

El aporte de la educación en las escuelas fue un factor determinante. Muchas mamás tomaron conciencia del peligro que suponía el obviar las medidas preventivas gracias a lo que sus hijos habían aprendido en clase.

Hoy, un año después, y a pesar del sinsabor de la epidemia, el jefe de la UCI destaca que también se salvaron muchos niños.

Una de las personas que estuvo en todo momento en pie de guerra fue el doctor Parada. Su bautizo como director del Hospital Bloom no fue nada fácil. A los tres meses, una huelga de médicos; después, el rotavirus, y luego, la epidemia de dengue más grave de los últimos años no sólo Centroamérica. sino también el contiente.

Hoy considera que tanta adversidad dejó algo bueno: la experiencia en atención de la enfermedad. Quizás, por ello, este año se paga el agradable tributo de la tranquilidad.

"Se llevó a mi niña": Abuela

La familia Escobar Hernández fue una de tantas que perdió un ser querido en la epidemia de dengue hemorrágico que se desató hace un año.

La pequeña Jenny Estefany Escobar, de seis años, murió en cuestión de horas, recuerda su abuela, María de Escobar. Hoy, como última imagen, le queda la foto que le tomó a su nieta momentos antes de darle cristiana sepultura.

"Esta foto la tenía colgada en la pared pero mi hijo, el padre de Jenny, cada vez que la ve se pone a llorar. Por eso la quité", comenta doña María.

La madre de la pequeña, Sonia Hernández, todavía guarda cierto rencor contra los médicos que atendieron a la niña en la unidad de salud. Ella piensa que no le detectaron la enfermedad a tiempo, por eso se complicó tanto y, al final, murió.

"Cuando llevé a mi niña me dijeron que tenía calentura, que estaba bien. Sólo me dieron acetaminofén. Unas horas más tarde murió", lamenta Sonia.


El dengue cambió su vida

Para la familia de Abidán Aguilar, hoy un niño de año y medio, la palabra "dengue hemorrágico" les causa temor, incluso escalofríos. Su pequeño sobrevivió a la enfermedad, pero le dejó graves secuelas.


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