El año que el
dengue desató su furia
La virulencia del dengue no tuvo
paran-gón en esta parte de hemisferio.
Tal es así que los médicos, sin
base sobre la que trabajar, elaboraban sobre el
camino el mejor protocolo de tratamiento
- Teresa
Cubías
- El Diario
de Hoy
Madres
e hijos agolpados en las salas espera y, en el
peor de los casos, en los pasillos de hospitales
y unidades de salud. Médicos
incrédulos ante el desarrollo inusual de
la enfermedad, acompañados de la
experiencia de colegas cubanos, mexicanos y
estadounidenses. Reuniones de especialistas para
tratar de explicar lo inexplicable. En voz baja
se escucha que la epidemia de dengue
hemorrágico hace tiempo que se le
escapó de las manos a las autoridades. La
situación es insostenible, los fallecidos
no cesan. Este podría ser el retrato de
una mañana de septiembre, hace un
año, en un hospital como el
Benjamín Bloom.
El pasado 12 de septiembre, el presidente de
la República, Francisco Flores,
anunció la emergencia nacional con el
fin, en pocas palabras, de destinar todos los
recursos materiales y humanos disponibles a la
lucha contra el dengue.
Sin un manual
En esos días, los fallecidos se
contaban casi a diario. Y lo que es más
trágico, no había una experiencia
en la que apoyarse ni un manual al que
consultar.
Los médicos asistían a un
desarrollo nuevo de la enfermedad del dengue,
jamás visto en el este lado de
hemisferio.
"El año pasado, el mayor problema no
fue la falta de medicinas, sueros o sangre; todo
eso se tenía", asegura la Dra. Margarita
Pérez Franco de Morales, intensivista del
Hospital Bloom.
El peor enemigo de ese momento era la falta
de experiencia para combatir la enfermedad.
Razón no faltaba. El país se
enfrentaba por primera vez a una
combinación del dengue virulenta y poco
estudiada: los serotipos del dengue 2 y 3.
Sin un protocolo de atención -manual-,
los médicos se dieron a la tarea de
definir las normas de atención conforme
se presentaban los casos.
Había interrogantes que aún
carecen de una explicación concreta.
¿Por qué la enfermedad se
concentraba en los niños? o ¿por
qué los niños mejor nutridos
presentan cuadros clínicos más
críticos que los niños con
algún grado de desnutrición?
"En las manos de Dios"
El dengue hemorrágico llegó a
tal extremo en El Salvador que los especialistas
del H. Bloom llegaron, literalmente, "a dejar a
los niños en las manos de Dios,
después de que ellos, como
médicos, hacían todo lo que la
ciencia les permitía", recordó la
Dra. Pérez Franco de Morales.
Detrás de la bata blanca había
madres y padres que sentían la misma
preocupación por sus hijos que las
personas que se encontraban en la sala de
espera.
"Recuerdo que le compré cientos de
repelentes a mis hijos para que no les picaran
los zancudos. Es más, le pedí a
Dios que así como yo me esforzaba por
salvarles a sus hijos en la UCI, él
guardara a los míos, un compromiso que
siempre cumplo", aseguró la
intensivista.
También, el jefe de la UCI, el Dr.
Oscar Sánchez Vela, reconoció que
el principal problema fue que el país no
estaba preparado para afrontar la cantidad de
enfermos que llegaban y la gravedad con que se
presentaban.
Durante cuatro meses, los horarios de trabajo
no tenían fin. Se suspendieron las
clases, se multiplicaron los turnos de los
médicos residentes e, incluso, la
tensión del sueño y el cansancio,
junto a la falta de recursos materiales,
provocó alguna suspensión de
labores entre los médicos residentes.
En la calle, la gente se despertaba con el
sonido de un altavoz que invitaba a abrir las
puertas y ventanas. Era la hora de fumigar para
acabar con el mosquito Aedes Aegyptis,
transmisor del dengue.
Salud y alcaldías
El Ministerio de Salud y las alcaldías
movilizaron, además de las cuadrillas de
fumigadores, trabajadores que repartían
bolsitas de abate, para combatir la larva del
zancudo.
Salud, incluso, amenazó con sancionar
a aquellas personas que permitieran que
recipientes se convirtieran en criaderos de
larvas. El derecho a la salud de la comunidad se
anteponía a cualquier decisión
arbitraria personal que pusiera en peligro la
vida de los vecinos.
El aporte de la educación en las
escuelas fue un factor determinante. Muchas
mamás tomaron conciencia del peligro que
suponía el obviar las medidas preventivas
gracias a lo que sus hijos habían
aprendido en clase.
Hoy, un año después, y a pesar
del sinsabor de la epidemia, el jefe de la UCI
destaca que también se salvaron muchos
niños.
Una de las personas que estuvo en todo
momento en pie de guerra fue el doctor Parada.
Su bautizo como director del Hospital Bloom no
fue nada fácil. A los tres meses, una
huelga de médicos; después, el
rotavirus, y luego, la epidemia de dengue
más grave de los últimos
años no sólo Centroamérica.
sino también el contiente.
Hoy considera que tanta adversidad
dejó algo bueno: la experiencia en
atención de la enfermedad. Quizás,
por ello, este año se paga el agradable
tributo de la tranquilidad.
"Se llevó a mi niña":
Abuela
La familia Escobar Hernández fue una
de tantas que perdió un ser querido en la
epidemia de dengue hemorrágico que se
desató hace un año.
La pequeña Jenny Estefany Escobar, de
seis años, murió en
cuestión de horas, recuerda su abuela,
María de Escobar. Hoy, como última
imagen, le queda la foto que le tomó a su
nieta momentos antes de darle cristiana
sepultura.
"Esta foto la tenía colgada en la
pared pero mi hijo, el padre de Jenny, cada vez
que la ve se pone a llorar. Por eso la
quité", comenta doña
María.
La madre de la pequeña, Sonia
Hernández, todavía guarda cierto
rencor contra los médicos que atendieron
a la niña en la unidad de salud. Ella
piensa que no le detectaron la enfermedad a
tiempo, por eso se complicó tanto y, al
final, murió.
"Cuando llevé a mi niña me
dijeron que tenía calentura, que estaba
bien. Sólo me dieron acetaminofén.
Unas horas más tarde murió",
lamenta Sonia.
El
dengue cambió su vida
Para la familia
de Abidán Aguilar, hoy un niño de
año y medio, la palabra "dengue
hemorrágico" les causa temor, incluso
escalofríos. Su pequeño
sobrevivió a la enfermedad, pero le
dejó graves secuelas.