El OIE
Quien crea que la seguridad nacional
depende del oscuro y cuestionado OIE es un
iluso.
Por Carlos H.
Bruch
Y
no debe de extrañarnos que los primeros
en caer en tal categoría fueron nuestros
diputados. Quienes, actuando bajo la histeria de
las componentas politiqueras -como es ya
costumbre-, le dieron alas a un mounstrito que
poco de beneficio aporta al país. Veremos
si estas alas fueron las correctas.
Hace tres semanas, la Corte de Justicia
declaró inconstitucional la forma en que
fue creado ese organismo que, por lo que
sabemos, ha servido más como un centro de
chismerío social que para proveer
seguridad a la nación.
En el OIE, por lo que se deduce, se gastan
los fondos estatales para investigar a las
amantes de los funcionarios, o para interceptar
las llamadas de las personas. Además, sus
instalaciones han sido utilizadas como casas de
citas (también conocidas en el
caló guanaco como "mataderos").
Estos datos fueron proporcionados por un
exfuncionario de la entidad a nuestro
periódico en una entrevista que
apareció el domindo 23 de septiembre en
la revista Vértice.
No cuestiono que deba de existir una oficina
de inteligencia. Todo país la necesita y
más en estos tiempos de guerras
terroristas. Pero eso que tenemos aquí no
califica ni de club de Toby.
Hasta el presidente Flores ha dicho que la
gente que labora ahí debe ser de alto
nivel. Es decir, que la que él puso no
cuenta con ese estatus.
Quizás se enteró tarde de que
él mismo fue husmeado por esa oficina
cuando era presidente de la Asamblea. No existe
justificación, después de
más de dos años de gobierno
paquista, para que el director de la OIE, el
colega fotógrafo Flavio Villacorta no
haya querido dar la cara a la población
que le paga su sueldo. No será por temor
a que se le pregunte si era uno de los
periodistas que estaba emplanillado. Aun y
cuando fungía como editor jefe de un
medio escrito.
La Asamblea al menos debiera citar al
señor Villacorta para que rinda cuentas
de su trabajo. ¿O será que no ha
hecho algo sustancial?
Es preocupante que a la lista de
policías delincuentes, de diputados
borrachos, de fiscales poco capaces, de jueces
falsos, ahora se sume la de inteligencia
inepta.
carloshermann@elsalvador.com