"Gorgojo
sinvergüenza"
Los propietarios de los bosques son
tajantes con el culpable de la muerte de sus
pinos: es un gorgojo sinvergüenza. Los
técnicos lo llaman gorgojo descortezador
(Dendroctonus frontalis)
- Chalatenango
- Sandra
Moreno
- El Diario
de Hoy
Es
más pequeño que la punta de un
lápiz. Su largo no sobrepasa los 3.5
milímetros, pero tiene el poder de secar
un pino en menos de un mes. Es la plaga de
gorgojo descortezador, el dolor de cabeza de don
Julio César Landaverde desde hace tres
meses, cuando tuvo el primer brote de la plaga
en su pinar de 30 manzanas, en el caserío
Las Cumbres, cantón San José
Sacara, municipio de La Palma.
Don Julio César no está solo.
Todos los pinares de coníferas de El
Salvador presentan brotes dispersos de la plaga
en Santa Ana, Chalatenango y Morazán. El
que más preocupa es el del macizo de La
Montañona, en Chalatenango, ahí
son 150 manzanas con focos de infección.
"De barato ya boté 80 árboles.
Es un gorgojito sinvergüenza que se puede
decir que les come la sangre a los pinos",
cuenta don Julio César, mientras da un
par de golpes con su machete a uno de sus pinos
"muertos".
El coordinador de la Asistencia
Técnica a productores forestales del
Ministerio de Agricultura y Ganadería
(MAG), Ing. Salvador Artiaga, observa
también el pino joven que sucumbió
ante la plaga del gorgojo descortezador. "Es
diminuto, pero su ataque es epidémico. De
ahí su poder destructivo", afirma el
profesional. "La lucha, ahora, es para
controlarlo, no para erradicarlo".
Curiosamente, el gorgojo descortezador
siempre ha existido en el bosque, sin embargo,
en algún momento, por los incendios, las
sequías o la existencia de árboles
ruines provocó un desequilibrio en el
ecosistema y la aparición de la plaga.
"Creamos las condiciones para el desarrollo de
la plaga", dice el Ing. Artiaga.
La primera señal que recibieron los
agentes forestales del MAG fue en 1999. Una
propiedad de Recursos Naturales, en Santo
Tomás, departamento de San Salvador,
presentaba casos de pinos enfermos. Luego, a
inicios del año pasado, fue el turno de
una propiedad privada en San Martín y, en
diciembre, se detectó la plaga en La
Montañona.
Actualmente, la esperanza de los
técnicos es el invierno. El
período adecuado para controlar el
gorgojo descortezador, porque ellos tratan de
invernar por las temperatura bajas y alargan su
ciclo biológico, que puede durar hasta 60
días. Pero ninguna estrategia
funcionará si los propietarios de los
bosques no acatan las indicaciones de los
agentes forestales.
En las alturas
Primero deben vigilar, concienzudamente, los
árboles buenos, arriba de los tres metros
de altura. Ahí deben buscar los grumos de
resinas, es la primera señal de que la
plaga llegó al pino y éste intenta
defenderse ante los intrusos. Es la fase uno. La
más peligrosa, porque con dificultad la
gente acepta que debe cortar el pino enfermo.
"Está bien", argumenta, más cuando
la especie es joven y todavía no puede
aprovechar la madera.
Después el follaje verde se torna
amarillento. Significa que el gorgojo
descortezador está alimentándose
de la "cambium", muy rica en proteínas,
que se encuentra entre la corteza y la madera.
Hay agujeros de salida y los grumos se han
tornado blancos y amarillentos. Los insectos
están en todos los niveles. Es la fase
dos.
Al final, los árboles mueren. Entonces
son abandonados por los gorgojos descortezadores
que se dispersan en busca de nuevos hospederos.
Cualquier ataque contra la plaga requiere de
un estudio para conocer en qué fase
está el brote en un bosque. El control va
dirigido a las dos primeras, en la tercera ya no
tiene sentido botar el árbol.
La indicación es eliminar
árboles en las fases uno y dos,
además de fumigar. De inmediato, se
debería analizar de qué
tamaño será la franja o brecha de
protección, la cual se determina a partir
de la altura del último árbol
infectado. "Esta última está
restringida, porque no podemos darnos el lujo de
botar árboles sanos. En cambio, hacemos
una mayor supervisión", explica el Ing.
Artiaga. "Si los grumos aparecen en los
demás árboles, entonces sí
se cortan".
Al final, el éxito de la estrategia
está en manos de los dueños del
bosque. Sin su colaboración, la plaga se
volverá imparable. Y de nada
servirán los buenos esfuerzos, por
ejemplo, del agente forestal Gonzalo
Hernández, quien a pie se traslada por
los municipios de Citalá, La Palma, San
Ignacio y el cantón Cerro Grande de Agua
Caliente.
Apenas logra supervisar cada sitio cada 15
días. ¿Qué sería lo
ideal? "Cada ocho días", responde
Hernández. "Los resultados que obtengamos
dependen de los propietarios, más con la
plaga".
Su mirada se dirige a Arsenio Flores. De
repente, él tiene un brote de plaga en su
pinar de 20 manzanas; hace un mes, todo estaba
bien.
-¿Qué siente al tener que botar
los árboles?- inquirimos.
-No quisiéramos hacerlo, pero los
palitos están enfermos. Nosotros vivimos
del bosque, vendemos la madera. Tenemos que ver
cómo lo salvamos, hay que arreglarlo.
Mañana cortaremos los 25 árboles,
concluye resignado. Al quitar la corteza con su
corvo, no tardan en aparecer los caminos blancos
que han dejado los gorgojos en su ruta de
muerte.
"En Honduras, por los años 60, se
perdían 162 mil árboles por
día", comenta Hernández,
vislumbrando la gravedad de la situación
y cómo el país no puede darse ese
lujo por carecer de grandes extensiones de
pinares.
"Por eso estamos enseñando el combate
de la plaga en sus mismas propiedades",
señala el Ing. Artiaga.
Sin embargo, el propietario Wilfredo Quijada
advierte de la falta de ayuda de algunos. "Hay
mucha gente que no desea colaborar, no botan los
árboles enfermos, sólo el que
puedan aprovechar", cuenta.
Ante le panorama, la jefe de Recursos
Naturales del MAG, Ing. Lucía
Gómez, advierte que dueños de los
bosques son los aliados en esta "guerra" contra
la plaga.
El enemigo se resiste. Don Julio César
Landaverde combatió el primer brote de la
plaga, pero apareció otro.