Carta a un salvadoreño en Washington

A Querido Luis Reyes:

Todo el mundo en Washington me dijo que tenía que ir donde Luis Reyes... No tenía muchas ganas, más bien quería dormir luego de tantas reuniones. Pero bueno, me dijeron que nos estabas esperando, que querías conocerme. Fui, para no faltar a la cortesía...

Y pasé una noche maravillosa en el 'Lauriol', el famoso restaurante que vos pusiste cerca de Dupont Circle. "El fruto de 30 años de duro trabajo, papito", me dijiste cuando te pregunté cómo habías logrado lo que estaba viendo y que me costaba creer: en el corazón de Washington, en la mejor zona, donde compiten los mejores restaurantes, un salvadoreño construyó un restaurante de tres pisos, que en una buena noche despacha a unos 2,500 comensales, con buenísima comida, con afluencia de latinos y blancos, afroamericanos y turistas... No, disculpe, vos y tu gente no despachan, atienden con buen servicio y amabilidad latina . Yo como dueño de restaurante y servidor de tragos soy testigo que esto es lo más difícil en este negocio: crecer tanto y mantener la calidad y el calor humano...

Claro, pensaría cualquiera: típico caso de fuga de capital, algún grupo empresarial salvadoreño invirtiendo en Estados Unidos. Neles pasteles: típico caso de fuga de cerebros y corazones. Esta empresa (que maneja otro restaurante exitoso en la capital norteamericana) la puso un salvadoreño de Chirilagua, uno de tantos de Oriente que llegaron a Washington sin absolutamente nada más que las ganas de echar riata y ayudar a su familia. Este restaurante, que ya es parte de la leyenda urbana de esta metrópolis, fue puesto por un guanaco que anduvo descalzo hasta que por sus propios esfuerzos, ya teniendo 10 años y trabajando, pudo comprar su primer par de zapatos; por un guanaco que comenzó a trabajar lavando platos para hacerse mesero; que pasó años de mesero para hacerse cocinero; que aprendió bien el arte de la cocina para poner su propio negocio; que se rompió la espalda vendiendo comida a los salvadoreños para un día poder poner un restaurante de verdad... no un lugar que apela a la nostalgia, sino un restaurante que apela al buen gusto.

Y ahí está: uno de los restaurantes más exitosos, tal vez el más exitoso, en el centro del poder imperial. Suena como la típica historia del 'sueño americano' - y lo es. Pero más que esto la tuya es la extraordinaria historia de la realidad salvadoreña que dice así: Nunca dejá que te jodan, nunca dejá de luchar, no hay obstáculo que no se puede vencer.

Esta es la verdadera realidad de los guanacos, no la miseria. La realidad de gente como vos que superan la miseria. No la lloradera que se queja de todo y siempre se siente víctima, sino la manera humilde como vos asumís el éxito que has tenido mediante el trabajo y la terquedad.

Aparte de todo esto, dejame decirte que simplemente la pasé bien en tu lugar. Con buena comida y buena compañía me relajé luego de un tenso día de reuniones complicadas para explicar a los políticos de esta nación poderosa cómo nosotros en El Salvador, sin ayuda de nadie, estamos resolviendo el problema de la violencia.

Gracias, Luis. Nos das ánimo y valor para seguir echando riata.

Paolo Lüers

Posdata para los que estaban preocupados que me tenían que pagar el viaje a Washington: Tranquilos, nos invitó la OEA. O sea, hicimos pagar al tío Sam para que lo ilustremos...