¿Quiénes son los excluidos?

Se ha creado la Dirección de Diversidad Sexual, para promover políticas públicas de integración y contra la discriminación de lesbianas, homosexuales, bisexuales y transexuales, considerado uno de los problemas del país. Y el Presidente Funes ha firmado un decreto estableciendo que es deber del Gobierno eliminar las distintas formas de intolerancia hacia las personas por su orientación sexual, esperando que la empresa privada siga el ejemplo.

¿Puede considerarse la discriminación a homosexuales un problema que amerite una secretaría especial y un decreto ejecutivo? ¿No existen problemas más relevantes como la impunidad ante horrendos crímenes, la escasez de medicinas, el pésimo servicio en el ISSS, el desempleo, las extorsiones desde las cárceles, los abusos de los buseros, y una eterna letanía que no tiene fin?

¿Existe aquí realmente discriminación hacia homosexuales y lesbianas? Se desenvuelven en salones de belleza, casas de masaje y spa, boutiques, joyerías, distribuidoras de cosméticos y ropa, grupos de danza, restaurantes y en todos lados. Y el porcentaje de homicidios entre sus miembros, no es mayor que en el resto de la población.

Pero sí existen muchos otros ciudadanos que sufren de exclusión. Los que reciben esquelas de tránsito, y no pueden renovar licencias si no pagan las multas, mientras los motoristas de buses han acumulado millones de dólares y tan tranquilos. Son excluidas de la justicia, cientos de madres cuyos hijos fueron asesinados, crímenes que han quedado en la impunidad, mientras los jueces velan por los derechos de los criminales.

Son parte de esa infame exclusión, miles de salvadoreños honrados, que no tienen empleo o cuyo sueldo no les alcanza para cubrir sus necesidades, mientras los presos en cárceles de máxima seguridad, exigen mejor comida y visitas, olvidando que han perdido sus derechos ciudadanos por sus crímenes contra la sociedad. Son excluidos, los miles de estudiantes de la UES que ven interrumpidos sus estudios por un grupúsculo de vagos y haraganes, que no tienen ni ganas de estudiar, ni capacidad académica, pero quieren ser admitidos a la fuerza. Así como los propietarios de edificios y vehículos dañados en sus protestas callejeras.

¿Y qué mayor exclusión que la de los miles de usuarios del transporte público? Totalmente indefensos ante motoristas ebrios, endrogados, sin licencia o la tienen vencida, víctimas de trágicos accidentes o paros caprichosos, que los obligan a caminar largas distancias bajo el sol, cargando niños o apoyando a ancianos. Mientras los privilegiados propietarios, exigen con altanería otra alza en el pasaje o mayor subsidio?

En El Salvador no existe discriminación hacia la comunidad trans, porque aunque no se les entienda, se les respeta y acepta en todas las actividades para las que son idóneos. La Iglesia Católica y los Papas en diferentes oportunidades han recomendado que se les trate con caridad y respeto, mientras lleven una vida ordenada, de acuerdo a sus circunstancias. Pero no es discriminarlos el no aceptar la unión gay, como matrimonio, porque no cumplen con la primera condición: que sean hombre y mujer.

Tampoco podrían considerarse excluidos, si pidieran entrar a una exigente universidad y no cumplen sus niveles académicos o aspiraran a un trabajo para el cual no llenaran el perfil, o que las mujeres aspiraran a ingresar a un club, donde sólo se admiten hombres, como el club inglés de La Vuelta al Mundo en 80 Días, o Los Búfalos Mojados, de Pedro Picapiedra.

Es evidente la errada jerarquía de prioridades de este nuevo gobierno, desperdiciando recursos en actividades, evidentemente manejadas por altos intereses internacionales, pero que en nada contribuyen a aliviar la dura situación del pueblo, ni a hacer revivir valores morales tan olvidados.

*Columnista de El Diario de Hoy.

Utilizamos cookies propias y de terceros para optimizar el rendimiento, mejorar la experiencia de navegación y ofrecer contenidos y publicidad de interés. Al continuar con la navegación entendemos que acepta el uso de cookies. Más información.