Pensamientos para el mes de la Patria

¿Por qué El Salvador no alcanza todavía --como dice nuestro Him-no-- "su glorioso destino: conquistar un feliz porvenir"? La respuesta, diría, es muy simple… y muy triste: no somos buenos ciudadanos.

Ser buen ciudadano significa que cada una de nuestras acciones diarias debe favorecer a nuestra Patria o, como mínimo, jamás debería dañarla. Es decir: trabajar para El Salvador mientras, simultáneamente, trabajamos para nosotros mismos, a fin de proveer a nuestra familia de todo lo necesario. Y hacerlo actuando siempre dentro de la ley y, además, en búsqueda de la excelencia.

Ser buen ciudadano es un mandato universal, pero obliga con mayor fuerza a quienes nos gobiernan. Y, para recordarles cómo deben desempeñarse, acudo a la descripción de la "Alegoría del Buen Gobierno" (fresco de Ambrogio Lorenzetti, Palacio Público, Siena), tomado del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, editado por el Pontificio Consejo "Justicia y Paz". La resumo así:

"La alegoría nace inspirada en la figura bíblica de la Sapientia, representada por una mujer coronada, que sujeta el asta de una gran balanza, que tiene dos platos perfectamente equilibrados; éstos representan la justicia distributiva y la justicia conmutativa. En medio, la gran figura de la Justicia. Sobre ella se lee "Amad la justicia, los que juzgáis la tierra", el versículo inicial del Libro de la Sabiduría.

"Bajo la Justicia hay otra figura femenina que tiene sobre las rodillas una escofina (para nivelar a los ambiciosos), sobre la cual se lee "Concordia". Ésta da inicio a una procesión de ciudadanos de diversas condiciones sociales (como atestiguan sus vestimentas), quienes se dirigen hacia un palco elevado donde están sentados siete personajes, seis de ellos mujeres, las virtudes, con sus nombres escritos sobre cada una: Paz, Fortaleza, Prudencia, Magnanimidad, Templanza y Justicia.

"Al centro, un digno anciano, que representa a la ciudad de Siena y sobre su cabeza, las figuras de las virtudes teologales: Fe, Esperanza, Caridad.

"Todo ello significa que los efectos del buen gobierno son consecuencia de una vida cívica guiada por las virtudes, cultivadas armoniosamente entre los ciudadanos; una Concordia que proviene de la Justicia de los gobernantes, que se dejan guiar por la Sabiduría divina. Es decir: el orden externo brota de un orden interior que el hombre recibe como don, pero que también debe plasmar responsablemente".

Pues bien: la receta del buen gobierno (que hace buenos gobernados) está sintetizada en ese par de párrafos. Y, lo que está clarísimo, es que con nuestras conductas y actitudes actuales jamás podremos lograr el país que deseamos. ¡Debemos regresar a la moralidad y la virtud!

Algo que me parece importantísimo, es la preponderancia de la figura femenina en esta alegoría. Definitivamente la mujer, la femineidad, es piedra angular para construir familias y sociedades sanas, justas y pacíficas. Analicemos: las políticas actuales, modernas, de género, ¿están logrando que la mujer sea lo que, por naturaleza y misión le corresponde? ¿Fomentan en ella las virtudes, el amor a la Justicia, la búsqueda de la Sabiduría? ¿Refuerzan su identidad femenina o, por el contrario, la despojan de ella?

Sería maravilloso que Ciudad Mujer educara a las miles de mujeres que allí acuden, en esas virtudes: cómo ser cada día más femeninas, mejores mujeres para, entonces, ser capaces de velar por sí mismas, formar mejores familias y educar excelentes ciudadanos. Así sea.

*Columnista de El Diario de Hoy.